Subcultura y cultura underground a go-gó

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No hay nadie que no sepa a estas alturas que Daredevil es un personaje complejo que se debate entre dos vías de actuación, la penal y la heroica, cada una dentro y fuera de la sociedad, precisamente, para protegerla. Así Daredevil renace de sus cenizas en Born Again a pesar de los redobles totalitarios de Frank Miller.

Cuando Karen Page, la ex-novia de Matt Murdock, vende la identidad secreta de este por su desesperada situación ante su adicción a la heroína ya vemos como todo se derrumba en la vida de ambos. Cuando llega a manos de Kingpin se dedica a destruir metódicamente a Murdock a todos los niveles, aislándolo poco a poco en si mismo, dándole cuerda para que al final el mismo sea el que se mate. Pero finalmente él descubre como conciliar ambos mundos, el estar dentro y fuera de la sociedad al mismo tiempo, y encuentra su respuesta dentro de si mismo, aceptando el auto-sacrificio. No solo muere y resucita, también se flagela y se hace pasar martirio precisamente ya que, en la culpa, es donde encuentra el equilibrio que le hace ver que es necesario sus dos facetas. Se deconstruye para reconstruirse exactamente igual, solo que con un barniz cristianizante que, lejos de dotar al personaje de interés, le arrebata en buena medida la lucha interna de valores que viven dentro de sí. Por esto Miller nos convierte un héroe ambiguo y moralmente cuestionable en un segundo Cristo, alguien que se salta las normas única y exclusivamente porque es mandato divino. Su divinización es el intento de acercarlo al lado más a la derecha de (Capitán) América.

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El hombre es un eterno proyecto, es una cacería en la cual cuando se caza la pieza que deseamos buscamos la siguiente pieza para cimentar a través de ella nuestra vida. Sin esta cacería nuestra vida carece de sentido. Si alguien conoce bien las cacerías ese es Kraven y por eso atendemos a La Última Cacería.

De una vez por todas Kraven se decide a dar caza a Spiderman, pero no quiere matarlo, solo quiere atraparlo, hacer su trabajo y derrotar a los enemigos que el no pudo. Quiere demostrar que el es más y mejor Araña que el. Así el gran logro de este cómic es la construcción de un personaje profundamente humano y complejo de un patético secundario cutre. Kraven necesita demostrar que es superior, su propósito en la vida es demostrar que es el último cazador, el último guerrero, el último amo. De este modo va encontrando nuevos propósitos para construirse en una nueva pieza que cazar, la pieza más dificil. Al final de su vida, cuando ya no queda más que la decadencia, se establece la última caza: cazar y ser la Araña, triunfando donde tantos fueron derrotados. Pero justo aquí, en este momento, comprende que este tour de force que es la vida es de todos, para todos y lo mejor que le ha podido pasar es tener el más digno de los rivales posibles. No es Kraven quien inmortaliza su ser como amo, que se ha enfrentado a la muerte, mediante la victoria ante Spiderman. Es Spiderman como esclavo que ha roto las cadenas, que ha escapado de la muerte, quien le reconoce: Kraven es desde y por Spiderman.

Llegado este momento no tiene sentido que Kraven siga cazando, ha cumplido todo cuanto debía cumplir en la vida y, lo que es más importante, ha comprendido el auténtico sentido de la caza. Desde la memoria de sus ataúdes os enseñarán el camino hacia el ser.

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La concepción del héroe como un ser perfecto, o en búsqueda de su perfección, incapaz de errar y con una brújula moral a prueba de bombas es, probablemente, la mayor fantasía que nos haya dado la ficción nunca. Y es que Tony Stark no dudará en afirmarnos que es así mientras nos brinda con la décima copa del día en Ultimate Armor Wars.

Con un guión obra del siempre demasiado poco vanagloriado Warren Ellis este arco nos cuenta las peripecias de Stark para recuperar los prototipos de su armadura a lo largo del mundo entero. Entre medias se propondrá las metas de acostarse con una hermosa joven, pasarse más tiempo borracho que despierto, salvar su reputación y utilizar la violencia sin muestra alguna de escrúpulos a cualquiera que se oponga a sus deseos. Y, por supuesto, todo esto lo hace mientras graba un podcast. Si le sumamos que todo es un absurdo mixtape entre una Europa decinomónica y el continuo abuso de la tecnología de Stark utilizada de un modo ilegítimo, la policía de Inglaterra incluida, conseguimos un canto a la gloría de un anti-héroe de la testosterona. Todo esto para acabar en un final absurdo, tramposo, facilón y maravillosamente pulp que en cualquier otro medio haría arrancarse el alma a los críticos al grito de estafa.

La obsesión hi-tech, rozando la tecnofilia, de Tony Stark es justamente un reflejo de esa misma obsesión que tiene Warren “Rey de Internet” Ellis por todo lo que huela a que el futuro ya fue ayer. Y con esto último juega entre chascarrillos el final del cómic. La grandiosidad del hoy ya fue ayer y la familia Stark sabe manipular a los suyos, porque Tony ya fueron los demás. La tecnología y las personas son un reflejo de los fantasmas del ayer.

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Mientras duermes en tus sueños aparece una chica preciosa que pasa fugazmente por ellos. Una y otra vez. Al final acabas encontrándote con esa chica en la realidad y consigues hacerla tu novia. Lo más normal es que tenga una liga de siete ex-novios malvados a los que tengas que derrotar. Bienvenidos a Scott Pilgrim de Bryan Lee O’Malley.

Ante todo y sobretodo no debemos llevarnos a engaño, Scott Pilgrim es un slice of life y como tal nos va narrando la relación de Scott Pilgrim con Ramona Flowers desde el momento que sueña con ella hasta el fin último del líder de la liga de los ex-novios malvados: Gideon. Entre medio nos encontramos una fabulosa ensalada de hostias como panes aderezadas con guiños cómplices sobre la cultura pop de los 90’s. De este modo la música y los videojuegos son dos de los ejes coordinadores de esta epopeya posmoderna. Así la propia vida de los personajes se trastoca y reformula en términos, literales y metafóricos, alrededor de la cultura pop. Pero lo más importante de esto es, precisamente, como los personajes interactuan entre sí, como van cambiando sus personalidades y sus vidas según va pasando el tiempo. Ningún personaje acaba igual que empieza, incluso el secundario más insignificante va evolucionando y conformándose en un nuevo yo. Así no es dificil ver que esa golosa capa de cultura popular que va engrosando esa estructura de slice of life sirve para definir a unos personajes cuyos pilares existenciales son precisamente esa cultura propia; esa cultura que sienten como suya. Los personajes no solo viven su cultura, sino que dan vida a esa misma cultura literalizándola.

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Receta para Hervir un Oso.

Ingredientes:

- Un oso hijo de un ursus arctos y de Jean Baudrillard.
- Una olla de 2.5mx2m de Belleza Infinita.
- Un colador cuántico.
- Jonathan Millán y Miguel Noguera.

Como prepararlo:

Ponemos agua a hervir en la olla y, cuando esta esté hirviendo depositamos el oso dentro de ella. Dejar cocinarse durante 20 minutos mientras el oso va adquiriendo forma y textura al deconstruirse en el agua. Pasado este tiempo sé (in)escurre el agua en un colador cuántico y lo condimentamos con Jonathan Millán y Miguel Noguera al gusto. Leer en un lugar tranquilo y acompañar con su bebida predilecta.

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Una serie metafílmica ultra-violenta tiene todas las papeletas para ejercer una fascinación insana en los fans de la serie. Sin duda Rasca y Pica ejerce tan honorable papel y acometen su fama en este fantástico especial de Los Simpson Comic dedicado enteramente a una de sus surreales y explosivas, literalmente, aventuras.

Después de acabar una temporada de su show Rasca descubre que es más pobre que una rata debido a un desfavorable contrato que firmó sin leer. Se le aparece sin embargo su redención en forma de concurso en un viaje alrededor de la tierra con un millón de dolares para el ganador. Ante la perspectiva de la no aparición de Pica tiene todas consigo para ganar pero con su inclusión a última hora se convierte en un literal tour de force de masacre mundial. Los gags continuos de slapstick aderezados de estampas pop e históricas como un sublime Hindenburg Rasca lo sitúan como una hilarante sucesión de explosiones y descuartizamientos sostenidos en una endeble, y casi innecesaria, excusa argumental. El giro final, con victoria inesperada, es solo un argumento más para ver la genialidad del cómic. No solo se atreve a buscar el gag del gag, el gag posterior a la explosión, sino que crea un final tramposo y solo permisible en los dibujos animados.

La infinita crueldad que se desata en Rasca y Pica encuentra su primer cenit en un tour mundial donde la masacre y la auto-inmolación son la constante del absurdo más impepinable de todos; el ganar como sea. Pica putea a Rasca y este se auto-mutila con tal de ganar como sea ese dinero que no tiene por pura imbecilidad. La crueldad del ratón se la buscó el gato.

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Los límites de los géneros son como los límites de la lógica, lo divertido es jugar y pervertir esos límites hasta alcanzar el zenit donde se han estirado hasta casi romperlos en mil pedazos. A esto juega Junko Mizuno con su manga Pure Trance.

En un mundo posterior a la 3ª Guerra Mundial la gente se alimenta exclusivamente de píldoras llamadas pure trance las cuales producen un grave problema de hyperorexia. Así que Keiko Yamazaki, la directora del hospital donde transcurre gran parte del manga, sea adicta a las manzanas líquidas que le producen alucinaciones no es extraño. Las enfermeras a su cargo, todas debidamente vestidas con ropa fetichista, se ven continuamente maltratadas o, incluso, asesinadas ante el mínimo error que cometan. Ante esta orgía de dolor y muerte una enfermera, Kaori Suzuki, decide huir con un grupo de niñas hasta el mundo inferior, un lugar al cual está prohibido bajar y donde la vida salvaje sigue en pie.

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Los dilemas en la vida son algo constante, ya sean dilemas sencillos como que ropa ponerte, dilemas éticos sobre que está bien y que está mal o dilemas de como matar a seres con regeneración celular. Éstas y otras preguntas de profundo calado intelectual son las que se cuestiona Damon Lindelof en Wolverine vs. Hulk.

El omnipresente Nick Furia encarga a Lobezno encontrar y asesinar a Hulk en una excusa argumental absolutamente innecesario. Un exploit brutal de hostias de adamantium y radioactivas bien adornado con misiles nucleares y muchos desmembramientos. Ésto y nada más es lo que nos ofrece esta boutade en forma de cómic. Hostias de un lado al otro del mundo enseñando cuantas tetas (y más voluminosas) sean posibles en un tour de force de hilaridad. Todo bien barnizado de mística new age de baratillo para tener alguna excusa argumental para poner osos panda y Hulk’s sin una subnormalidad galopante. Y todo funciona a la perfección incluso cuando se sosega y, en mitad de un dilema ético, se reconcilian las dos bestias marvelitas perdidos en el desierto. Un final anti-climático e imbécil que acaba como un chascarrillo inapropiado en una cena de gala.

Si algo es Wolverine vs. Hulk es un cómic en su estado más puro y honroso. Un desenfreno brutal de violencia diarreica que salpica con virulencia la cara de los defensores de “el cómic es un arte”. La hilaridad pop mató a la estrella del cómic.

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El terror se esconde entre los pliegues de la historia como la sangre empapa los tejidos del acuchillado y el misterio anida burlón en la mente de los hombres. Eso y nada más que eso es From Hell de Alan Moore.

En este minucioso y descomunal trabajo Alan Moore nos cuenta la historia de Jack el Destripador salpicada por sus buenos tintes de ficción. Eligiendo un hipotético Jack nos desgrana la historia de lo que pudo haber sido la historia de el Destripador en una mezcla de datos históricos y creación ficticia. Ayuda muy convenientemente el dibujo de Eddie Campbell, con un trazo errático, sucio y feísta, siempre jugando con los claroscuros que no nos permiten ver más allá de lo que la bruma del pensamiento quiere que veamos. La historia se torna aun más oscura y confusa con un dibujo que enfatiza lo turbio y absurdo de intentar reconstruir la historia del asesino más famoso de la historia. El caos que se arremolina en los saltos de la historia, en sus continuos cambios de ritmo y su extensa y laboriosa lectura nos dan una visión tan insondable y falsa como noble.

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Cualquier pequeño desliz en la historia hubiera provocado que todo hubiera sido completamente diferente. Esto lo tiene muy claro el siempre brillante Warren Ellis en su cómic Ruinas.

El fotógrafo Philip Sheldon va investigando por todo Estados Unidos los casos de los superhéroes buscando que es lo que pudo salir mal para que el mundo se venga abajo. En este universo paralelo de Marvel los superhéroes o están bien muertos o bien son proscritos peligrosos que van contra la ley. Aquí no son más que figuras trágicas lastradas por unos poderes que, sumados a su angst existencial, les lleva a la absoluta perdición de la que jamas podrán huir. Sheldon nos va presentando las pruebas una a una, sin descanso, abordando todo lo que puede en el menor tiempo posible, tiene poco tiempo para hacerlo. El campo de concentración skrull, la muerte de Los Vengadores, un Hulk tumoral o la prisión de superhéroes cuyo alcaide es Fisk. Un patético mundo cuya acelerada existencia va paralela a la acelerada presentación de todas las pruebas. Solo al final, antes de que sobrevenga la muerte, podemos vislumbrar que es lo que pudo salir mal, cual fue el error fatal e insignificante que llevo al mundo al caos.

Incluso el más insignificante hecho puede cambiar la historia de un modo aterrador. Un mundo de oro, de color y felicidad puede convertirse en el más brutal y cruel de los mundos de hierro, tonalidades de negros y tristeza infinita. A veces, una persona normal, un héroe, su decisión, es lo que puede decidir si el mundo sera más o menos triste y oscuro.