Subcultura y cultura underground a go-gó

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Ver la belleza en el hecho fallido es algo que necesita de una sensibilidad especial de la cual el consumidor medio del melodrama y el bestseller barato de la temporada carece. El porque rebuscar entre los juguetes rotos del vertedero de la cultura solo lo sabe aquel que sabe paladear los guisos de las más altas y las más bajas cocinas. Y si alguien es perfecto para guiarnos en semejante periplo ese es Jordi Costa con Mondo Bulldog.

En este imprescindible Mondo Bulldog nos encontramos un psicotrónico por lo más granado y lo más abyecto de la bizarrez tanto allende los mares como en nuestra propia piel de toro. Dividido en cinco capítulos nos da una sórdida mirada hacia las acanaladuras de la cultura mientras, entusiasmado, nos explica la pura genialidad de estos despiadados artefactos naïf. Aunque el grueso del libro, casi la mitad, este dedicado al cine no duda en abordar todos los espectros de lo audiovisual además de darnos un buen repaso por el mundo del ser humano como producto trash: el freak. Con un estilo ligero y con profusión de nombres de toda índole vivisecciona con certeza mientras nos enseña las tripas del monstruo que hay detrás de la pared. Un monstruo que, por otra parte, nos encarga de señalar una y otra vez que no es malvado o premeditado, es accidental y ahí está su encanto, es genuino. Lo trash surge, generalmente, en un accidental intento de hacer un ente cultural o artístico de valor que sin embargo acaba en un fracasado intento. En otras ocasiones es premeditado pero en otras muchas ni siquiera existe ninguna clase de intencionalidad cultural en el producto trash. Lo trash lo es por el mérito propio de serlo.

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Hay quien con una infinita gracia divina, aun cuando quizás sea un mero conocer bien su trabajo, son capaces de trastocar todos nuestros conceptos, ideas y comportamientos. Nunca sabemos como nos comportaremos cuando nos llegue la muerte como los personajes de Neil Cross nunca saben como acabaran en sus historias noir.

En Capturado le dan a Kenny Drummond un mes y medio de vida por lo que decide reconciliarse con todo lo que hizo mal en su vida. Su ex-mujer a quien aun quiere con locura, aquel joven chico negro al que casi secuestran delante suyo o el tendero de toda la vida el cual tuvo que impedir que ocurriera lo anterior. También, por qué no, descubrir que fue de aquella chica de su infancia que tan bien le trato, Callie Barton y que ha desaparecido. Desaparecida después de un relación muy extraña con su marido. Hay ocasiones que un hombre debe que hacer lo que debe hacer y más, cuando la muerte le pisa los talones.

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La literatura española que esta en el candelero que no sean ya insignes plumillas afincadas tiempo atrás parece que por necesidad tengan que ser los nocilleros. Una interesante crítica que muta en novela es la que realiza Javier García Rodríguez en Mutatis Mutandis.

Un filólogo de literatura medieval nos va desgranando su visión de la conspiración en la sombra de los mutantes, la generación nocilla, para hacerse con la literatura y el mundo. Su crítica desde la propia novelización muta para adaptarse al estilo de lo que propiamente critica para en un sardónico y mutante giro del destino desmontar el discurso nocillero desde sus propias entrañas. Con esto muta para mudarse en piel ajena del modo que un pokemon muta, más que evoluciona, ya que su cambio más que evolutivo es mutacional (¿serán nocilleros los pokemon?) como generacional dicen es la nocilla, otro paralelismo con pokemon el cual investigar. Así en este subversivo ataque que le emparejaría en forma, que no en sustancia, a los movimientos de ciertos histrionismos de blogueros y/o poetas que consigue crear una ácida visión con una perspectiva interiorizada desde el exterior de la literatura contemporanea. Un libro que haría reír a carcajadas igualmente a Mr. E que a Mr. J, si es que vocalizaran el español, en su soterrada idealidad pragmática a la hora de originar una nueva serie de edificios nuevos derrumbados en la prosa actual.

Mutando con una gran sotisficación entre los badenes de una forma de mirar cruel pero asintomática Javier García Rodríguez acaba por crear una obra de una consistencia inefable. La mutación ya esta aquí y desconocemos absolutamente quien sera el nuevo infectado. La nueva sofisticación pasa por spoken-words polacos y videoartistas vietnamitas.

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En la sociedad capitalista es necesaria la sangre del obrero para lubricar la maquinaría del Capital. Esta idea es a la que nos conduce en su breve pero monumental novela Kanikosen. El Pesquero el escritor Takiji Kobayashi.

En Kanikosen, a principios de siglo XX, un grupo de obreros entran a trabajar en un barco pesquero de cangrejos. Este trabajo, lejos de ser ideal y apoyándose en la coyuntura de una economía resentida, se explotara tanto a los obreros como a los marineros hasta su propia muerte. Así nos presenta una historia de explotación, fracaso y triunfo de la revolución socialista. Solo cuando todos se conciencian, ya cercanos a la muerte, y actúan como una entidad única consiguen triunfar sobre su explotador. El obrero, el pescador, el calderero, el pescador y el carpintero, son todos parte de la misma entidad, el proletario, que debe luchar por poseer su fuerza y honor. No es de extrañar que una novela con un mensaje socialista tan fuerte triunfe actualmente en un mundo demacrado por las garras del capital.

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Que no se debe juzgar un libro por su portada es una cantinela que hemos oído todos miles de veces pero en ningún momento he oído que no podamos juzgar a las portadas en si mismo en relación a su libro.

Les invito mis queridos lectores a que juzguen convenientemente todas las portadas de los libros de Philip K. Dick como un sano y agradable pasatiempo para hoy. Encontraran desde lo mas pulp hasta portadas dignas de Stanislaw Lem, pasando por mi adorado estilo japones y por supuesto, nuestro estilo patrio. ¿Mi favorita?, encabezando el post, por supuesto.

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Es natural imaginar el infierno lleno de maquinas de tortura donde se inflige un dolor inhumano por la eternidad pero mas sensato es pensar que el diablo nos deparara un sufrimiento mas allá de lo físico. Así nos lo plantea Jean-Paul Sartre en A Puerta Cerrada.

Tres muertos recientes en el infierno donde no duermen y no pueden cerrar los ojos nunca, ellos solos serán su eterna compañía en el infierno encerrados en una pequeña habitación con nada mas que tres asientos de lo que parece un hotel. Sin torturadores ni maquinas de tortura, solo ellos y la relación que se establece entre los tres, van poco a poco desnudando sus almas para encontrar la razón de estar allí y eludir las culpas de una vida poco honrosa. La paulatina necesidad de unos por los otros con un consiguiente desprecio por lo deleznable de las actuaciones en vida de los otros harán que contra mas intentan justificarse y acercarse al otro el reflejo que les devuelve sea mas cruel y distorsionado.

Ante una puerta abierta tres trasuntos de personas, reflejos cuasi fantasmales, obliterados de su esencia se niegan a salir de su infierno porque ninguno saldrá sin los otros y los otros no saldrán con los demás. Tenga cuidado el que mire al otro pues el otro le devolverá la mirada.