Subcultura y cultura underground a go-gó

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Somos una raza de contrastes capaces de lo mejor y de lo peor, de lo más únicamente humano y de lo extremadamente inhumano. Somo, en fin, una raza violenta tendente al amor, lo cual nos lleva a un eterno cambio. Y también nos gusta el esperpento, cosa que saben muy bien Hot Chip.

En su ya celebre I Feel Better nos presentan un tema de reminiscencias lounge que nos recuerda lo que se hacía en Ibiza allá por mediados de los 90’s. Su música y su letra, dulce a la par que melancólica, nos dan un perfecto reflejo del ser humano. Claro que también lo hacen al presentarnos una boyband siendo brutalmente masacrada por un extraño hombre vestido con una túnica blanca que lanza rayos blancos por la boca. El triunfo del indie, del raro, del freak como epitome de lo deseable y aspirable que desbancó, precisamente pasados los 90’s, al chulito guaperas de la boyband. Hoy nadie quiere ser los Back Street Boys, todos quieren ser Radiohead. Aunque sean unos u otros ningunos se libran de los censuradores rayos láser del productor, que no durará en masacrarlos vilmente cuando considere que no les son rentables sin atender más que a sus arbitrarios y, probablemente, aleatorios designios. Eh, nene, el espectáculo es duro.

Sea como fuere de algo no nos cabe duda al final, el ser humano es un ente de contrastes que va fluctuando invariablemente entre lo mejor y lo peor. Y que los rayos de energía molan.

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En una relación es vital para su buen funcionamiento la confianza en el otro, ya que cuando se carece de ella las cosas tienden a torcerse. Esto es igual para la siempre dificil relación músico-oyente y es algo que parece que Doping Panda ha olvidado.

En su single, beat addiction, nos regalan un avance de su disco Decadence que nos hace esperar la vuelta a los mejores tiempos del grupo. Una canción con varias capas de percusiones, una guitarra afilada con una buena distorsión y un bajo que acompaña en una interesante histeria en clave jungle. La vuelta a sonidos más caribeños sumada al abrazo hacia el uso de unas flagrantes y excesivas percusiones les acerca a una suerte de D&B en clave indie, hiperbolizado y llevado al extremo de la densidad. Así conforman una pieza abigarrada, densa, donde tras cada capa se esconden otras dos de puro tribalismo electrónico. Cumplen con esto los sueños húmedos de los fans más acérrimos con una canción que consigue dar lo mejor del grupo. El problema es cuando escuchamos beat addiction ya en el disco.

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El imaginar el como será el futuro es una constante en el ser humano, el imaginarlo como algo horrible y deshumanizado es otra constante continua. Aun así no deja de sorprender como el mensaje apocalíptico de una canción del 69 suena incluso más moderno hoy. Hablo de In The Year 2525 de Zager and Evans.

La canción nos va relatando la degeneración de la raza humana, el como poco a poco va extinguiendo su propio cuerpo en favor de las maquinas. Al final, con el mundo extinto, Dios decide que nuestra presencia en el mundo ya no es bienvenida. Pero la contemporaneidad de la canción se debe a la concepción de ese trasunto de transhumanismo negativo y de la concepción de la civilización después del propio apocalipsis. Si estos conceptos eran marcianos e impropios de la época es curioso como, a su vez, hace el viaje de vuelta con nuestra época. Una canción de una letra tan enervante, de un cariz prácticamente misántropo, sería hoy en día imposible en un grupo mainstream. Solo cabe sumar a todo esto el maravilloso collage que hizo Ivan Zulueta para ilustrar la canción en español para presenciar el terror del futuro ya extinto que nos presentan.

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La reinterpretación es una clave excesivamente infravalorada en el arte de un tiempo a esta parte. Aun existiendo en la música los remixes y las versiones siempre parece que los artistas se limitan a imitar lo que han escuchado a su manera, sin intentar aportar algo sustancialmente nuevo, sacar a la luz algo que estuviera escondido entre esas notas. Salvo Bryan Lee O’Malley con su one man band, Kupek.

En su disco Nameless, Faceless Compilation después de un agradable empacho de indie pop de lo más naïf se descuelga de repente con una versión de Born Slippy de Underworld. Huyendo de los sonidos electrónicos mira más allá de la propia canción y no solo la lleva a su estilo, sino que la reinterpreta de principio a fin. Es la misma canción, son las mismas notas, pero a la vez es algo totalmente diferente, algo nuevo, algo que siempre estuvo encerrado ahí y, solo ahora, ve la luz. La canción se vuelve dulce y tierna, con una alegre melancolía que nos empapa enteramente de principio a fin. A su vez, con su minimalismo barroco, consigue despertar una realidad latente que estaba ya tanto dentro de la propia composición, como dentro de nosotros mismos.

Cuando uno reinterpreta debe hacerlo con la cabeza, el corazón y el alma, propio y de la composición. La búsqueda del autentico mensaje escondido en el ánima de la música es otra de las labores del músico que de verdad ama su arte. Y dentro pasea un ángel…

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En ocasiones algo ya lo hemos vivido y, en ocasiones aun más especiales, ya hemos conocido a alguien. Esas personas únicas y especiales sabemos que han estado siempre atravesando nuestra vida, silenciosas pero evidentes. Y es lo que vemos en Two Times You de Marlon Dean Clift.

Con un delicado y sutil piano sobre una base celestial la voz sobrevuela paciente a medio camino entre los adalides del jazz más armonioso y ambiental. El resultado, precioso, no hace más que enfatizar la belleza interna de la propia canción. El destino, una chica, algo que ya hemos vivido pero sabemos que, así, está bien y que podríamos vivir siempre a la luz de sus cálidos ojos. Las trompetas, como las dudas, como el tiempo, nos hacen plantearnos y pensar que hay de cierto en este onírico e ideal cuento de hadas donde nunca podemos saber con certeza que es lo que sentimos.

Mientras las últimas notas se evaporan en el aire solo queda la certeza de que no podemos huir de la sin razón de nuestro destino. Sea el destino, sea solo una chica lo importante es lo que nos hace sentir. El amor o el infinito.

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El gusto de los japoneses por la estética kitsch más febril y cazurra les lleva a una asombrosa capacidad para sintetizar ideas absolutamente dementadas y horrendas en objetos de puro amor pop. En ésto son unos auténticos expertos los completamente trastornados the telephones con su demostración más potente, Love & Disco.

Con un indie pop frenético de arreglos electrónicos exquisitos y una pasión que roza lo demente se apropian del trono de uno de los grupos más divertidos de la escena. Pero llegan hasta el extremo con Love & Disco con un bajo penetrante que va marcando toda la canción, ritmos electrónicos mil veces oídos, una guitarra que es una delicia indie y una batería totalmente cerril. La esquizofrenia sonora que representan desborda por todas partes y, como en una calculada maniobra de puro caos sonoro, todas las piezas encajan en una canción perfectamente ordenada y auto-consciente de su actitud machacona, absurda y kitsch. Si le sumamos un vídeo hecho con cuatro yenes donde prima el más imbécil todavía de forma continua nos encontramos una auténtica obra maestra.

La genialidad se esconde entre las diferentes capas de lucidez de un grupo de nipones dementados. Lo demás, es amor y disco.

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En este mundo en el que existimos estamos siempre a un paso de la aniquilación o la represión, nunca sabemos si mañana seguiremos teniendo todo lo que teníamos hoy. Esto lo sabe muy bien la artista M.I.A. y mejor aun lo plasma en su videoclip para la canción Born Free el polémico director Romain Gavras.

A un ritmo frenético vemos a un grupo paramilitar estadounidense asaltar un edificio utilizando toda clase de métodos expeditivos. A pesar de su brutalidad parecen no encontrar nada hasta que dan con lo que buscaban, varios pelirrojos en el edificio. De aquí, previo ataque con piedras al cowboy, los llevan a un campo de concentración donde les hacen correr por un campo de minas si no los ejecutan sin más antes. Toda esta brutalidad orquestada por el genial Romain Gavras se nos presenta como demasiado real, como factible, lo cual nos hace incomodarnos y hacernos revolvernos en nuestros asuntos. No nos molesta su violencia o su brutalidad, nos molesta la exposición tan clara de que en algún lugar del mundo una estampa similar a esa esta ocurriendo. Y con eso juegan tanto Gavras como M.I.A.

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Cualquier pequeño desliz en la historia hubiera provocado que todo hubiera sido completamente diferente. Esto lo tiene muy claro el siempre brillante Warren Ellis en su cómic Ruinas.

El fotógrafo Philip Sheldon va investigando por todo Estados Unidos los casos de los superhéroes buscando que es lo que pudo salir mal para que el mundo se venga abajo. En este universo paralelo de Marvel los superhéroes o están bien muertos o bien son proscritos peligrosos que van contra la ley. Aquí no son más que figuras trágicas lastradas por unos poderes que, sumados a su angst existencial, les lleva a la absoluta perdición de la que jamas podrán huir. Sheldon nos va presentando las pruebas una a una, sin descanso, abordando todo lo que puede en el menor tiempo posible, tiene poco tiempo para hacerlo. El campo de concentración skrull, la muerte de Los Vengadores, un Hulk tumoral o la prisión de superhéroes cuyo alcaide es Fisk. Un patético mundo cuya acelerada existencia va paralela a la acelerada presentación de todas las pruebas. Solo al final, antes de que sobrevenga la muerte, podemos vislumbrar que es lo que pudo salir mal, cual fue el error fatal e insignificante que llevo al mundo al caos.

Incluso el más insignificante hecho puede cambiar la historia de un modo aterrador. Un mundo de oro, de color y felicidad puede convertirse en el más brutal y cruel de los mundos de hierro, tonalidades de negros y tristeza infinita. A veces, una persona normal, un héroe, su decisión, es lo que puede decidir si el mundo sera más o menos triste y oscuro.

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El activismo en contra de la situación global actual es un tema recurrente entre muchas voces importantes a día de hoy en la música y quizás la que llega a más lados es la de Trent Reznor. Así es extraño ver su retiro espiritual de Nine Inch Nails para luego firmar una canción para el nuevo proyecto musical de su mujer, How To Destroy Angels.

Este primer adelanto, A Drowning, no deja de ser una versión hipervitaminada de lo que ha dejado translucir en Nine Inch Nails, especialmente desde With Teeth. Una canción oscura, pausada que acaba por explosionar en un muro de sonido que va acompañando a la canción para volver a su calma para acabar salvo que con la voz femenina de su mujer. Si a esto le añadimos toda perdida de coordenadas de cualquier crítica social o siquiera una especial inspiración en la letra nos queda una insípida canción de NIN con voz femenina. Un absoluto desastre que, lejos de ser una mala canción, desmerece a la calidad musical de lo que suele ofrecernos Reznor. El mimo de Reznor en sus anteriores trabajos no se ve presente en esta canción tan bien producida como absolutamente insípida.

Lejos de levantar un interés por este proyecto secundario esta canción ha provocado un absoluto desinteres por lo que tenga que decir Reznor hasta que saque nuevo disco de Nine Inch Nails. Los ángeles lloran cuando el talento se desperdicia por cumplir caprichos.

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El amor es una cuestión dificil y es algo que nadie en su sano juicio podría negar jamas. Sabiendo esto Hatsune Miku decide cantarnos que el amor es una guerra de una forma peculiar en ella.

Love Is War de ryo es un rara avis dentro de lo que se había hecho con la ya famosisima personaje de vocaloid. Alejándose del j-pop y del electropop más facilón para el cual es concebida se acerca a unos sonidos más proximos al nu metal con una fuerte carga de electrónica. La combinación de la voz de Miku, especialmente rabiosa por una vez, con las guitarras pesadas y los sonidos electrónicos sale triunfante en una canción llena de fuerza y pasión. Esto se ve favorecido gracias a que la letra no es una pastelada fácil a las cuales nos tienen acostumbrados la mayoría. En este caso Miku nos canta como su amor es una guerra y lejos de mostrarse como un personaje sumiso se impone tanto en el amor como en su propia música.

Hatsune Miku ha cambiado y esta evolucionando, como el amor, como la guerra. Larga vida a la idol virtual.