Subcultura y cultura underground a go-gó

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La reinterpretación es una clave excesivamente infravalorada en el arte de un tiempo a esta parte. Aun existiendo en la música los remixes y las versiones siempre parece que los artistas se limitan a imitar lo que han escuchado a su manera, sin intentar aportar algo sustancialmente nuevo, sacar a la luz algo que estuviera escondido entre esas notas. Salvo Bryan Lee O’Malley con su one man band, Kupek.

En su disco Nameless, Faceless Compilation después de un agradable empacho de indie pop de lo más naïf se descuelga de repente con una versión de Born Slippy de Underworld. Huyendo de los sonidos electrónicos mira más allá de la propia canción y no solo la lleva a su estilo, sino que la reinterpreta de principio a fin. Es la misma canción, son las mismas notas, pero a la vez es algo totalmente diferente, algo nuevo, algo que siempre estuvo encerrado ahí y, solo ahora, ve la luz. La canción se vuelve dulce y tierna, con una alegre melancolía que nos empapa enteramente de principio a fin. A su vez, con su minimalismo barroco, consigue despertar una realidad latente que estaba ya tanto dentro de la propia composición, como dentro de nosotros mismos.

Cuando uno reinterpreta debe hacerlo con la cabeza, el corazón y el alma, propio y de la composición. La búsqueda del autentico mensaje escondido en el ánima de la música es otra de las labores del músico que de verdad ama su arte. Y dentro pasea un ángel…

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Mientras duermes en tus sueños aparece una chica preciosa que pasa fugazmente por ellos. Una y otra vez. Al final acabas encontrándote con esa chica en la realidad y consigues hacerla tu novia. Lo más normal es que tenga una liga de siete ex-novios malvados a los que tengas que derrotar. Bienvenidos a Scott Pilgrim de Bryan Lee O’Malley.

Ante todo y sobretodo no debemos llevarnos a engaño, Scott Pilgrim es un slice of life y como tal nos va narrando la relación de Scott Pilgrim con Ramona Flowers desde el momento que sueña con ella hasta el fin último del líder de la liga de los ex-novios malvados: Gideon. Entre medio nos encontramos una fabulosa ensalada de hostias como panes aderezadas con guiños cómplices sobre la cultura pop de los 90’s. De este modo la música y los videojuegos son dos de los ejes coordinadores de esta epopeya posmoderna. Así la propia vida de los personajes se trastoca y reformula en términos, literales y metafóricos, alrededor de la cultura pop. Pero lo más importante de esto es, precisamente, como los personajes interactuan entre sí, como van cambiando sus personalidades y sus vidas según va pasando el tiempo. Ningún personaje acaba igual que empieza, incluso el secundario más insignificante va evolucionando y conformándose en un nuevo yo. Así no es dificil ver que esa golosa capa de cultura popular que va engrosando esa estructura de slice of life sirve para definir a unos personajes cuyos pilares existenciales son precisamente esa cultura propia; esa cultura que sienten como suya. Los personajes no solo viven su cultura, sino que dan vida a esa misma cultura literalizándola.

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