capitalismo

El silencio es la proclama del muerto. La poética de Fede Álvarez a través de «Don’t Breathe»

26 octubre 2016
/ / /

null

Cumplir nuestros deseos siempre tiene un precio. Precio que se paga con carne, con el tiempo invertido, que ya nunca volverá a nosotros. De ahí que haya que tener cuidado con lo que deseamos, no sólo porque pueda cumplirse, sino porque puede ponernos en la situación de tener que perder por el camino otras muchas cosas importantes.

Fede Álvarez parece tenerlo claro. Desde su debut con el remake de Evil Dead, donde llevaría la deslavazada historia original de Sam Raimi al contexto paralelo de la caza de brujas meets la rehabilitación forzosa de una joven adicta a las drogas aislándola en una cabaña en el bosque, es bastante fácil comprobar cuáles son sus patrones estilísticos. No sólo aquellos de orden estético, como su preferencia por materiales más próximos al terror de derribo, sino también temático, como puede ser la articulación de sus historias a través del deseo o las ideas divergentes (e irreconciliables) de lo que (o quien) es bueno o malo. Porque, a diferencia del director de cine de terror medio, criado en el fandom y sólo remitiéndose al mismo, Álvarez aprovecha su convicción de lo positivo de mantenernos aterrorizados para, en el proceso, contarnos algo que va más allá del miedo.

Read More

Narrativa Nintendo. O cómo un anunció japonés de Pokémon explica el capitalismo

12 mayo 2016
/ / /

null

No existe forma más efectiva de manipular al otro que a través de los sentimientos. Donde los argumentos racionales jamás son incontrovertibles, porque no existe algo así como la verdad absoluta o siquiera la verdad personal incuestionable, toda crítica al respecto de los sentimientos ajenos suele antojarse espuria, pues no tiene sentido decirle a alguien que está sintiendo de un modo equivocado. A fin de cuentas, nadie tiene control sobre sus sentimientos. De ahí que toda forma de narrativa, no sólo la publicidad, acabe sustentándose de forma prominente en hacernos sentir cosas: allá donde los argumentos racionales pueden encontrarse con las trabas del cinismo o la ideología, los sentimientos suelen imponerse en nuestra mente más allá de la razón. Y por extensión, es más fácil manipularnos desde ellos.

Nintendo lo sabe. Si lleva treinta años explotando las mismas franquicias, sólo que depurando sus mecánicas —llevando más allá sus premisas, haciendo algo nuevo en cada ocasión—, es para jugar con el factor sentimental. Hemos crecido con esos personajes, ¿por qué no íbamos a querer seguir viviendo aventuras con ellos? Y cuando tengamos hijos, ¿cómo no querría compartir con ellos la experiencia? Son amigos, miembros de la familia, parte intrínseca de nuestra educación sentimental. Renunciar al mundo de Nintendo ya no es hacerse adulto, es obliterar sin justificación alguna parte de nuestra existencia: renunciar al amor hacia alguien que nos ha acompañado durante gran parte de nuestra vida, olvidar todos los momentos que hemos vivido asociados al hecho mismo de jugar los títulos de la compañía. No hablamos de explotar la nostalgia —no, al menos, en tanto la nostalgia requiere remitir a un tiempo pasado que ya no existe—, sino algo más profundo. El sentimiento de cálida confianza, de familiaridad, que sentimos ante los ecos que nos remite la palabra Nintendo.

Read More

Respirando ironía. Cómo sobrevivir a la depresión en «El hombre sin talento»

16 noviembre 2015
/ / /

null

A la persona que más difícil nos resulta conocer es a nosotros mismos. En tanto mediados por infinidad de acontecimientos, ya sean externos o internos —lo que ocurre en el mundo o lo que ocurre en nuestro fuero interno, respectivamente—, nuestra personalidad se moldea de tal modo que es más fácil apreciarla desde la distancia que confieren los otros; no podemos observar de forma objetiva nuestras cualidades, ya que siempre se verán mediadas por nuestra creencia de que lo normal es pensar o sentir como lo hacemos nosotros. Es natural que carezcamos de necesidad de cuestionar nuestro comportamiento a la hora de hacerlo, ya que es el único modo que conocemos de hacerlo. Es cuando un tercero asume un comportamiento que consideramos incomprensible, ajeno, cuando se abre la posibilidad de la introspección: en el otro encontramos el germen del autoconocimiento, porque podemos apreciar la existencia de otros yoes que no son el nuestro.

Nada más empezar lo primero que sabemos de Sukezo Sukegawa, el protagonista, es que vende piedras. Lo segundo que es inútil, que en realidad no sabe apenas nada de piedras ni es el primer trabajo precario que ha tenido: antes ha vendido antigüedades, ha reparado cámaras rotas, ha dibujado manga. Salvo que en una de esas cosas no era en absoluto un inútil. Cada una de esos trabajos, de las personas que conoce que le conducen hacia intentarlo en cada uno de ellos —generalmente, personas con historias dramáticas a sus espaldas—, van moldeando su personalidad de forma constante, conduciéndolo hacia un descubrimiento más profundo de sí mismo; no es casual la elección de su profesión como vendedor de piedras, porque él es como una de esas piedras: el tiempo, el transcurso de la vida, le va desgastando, puliendo sus asperezas, convirtiéndolo en otra persona. El problema es que no lo hace mejor persona. Sukegawa es un hombre con una depresión profunda, incapaz de apreciar sus atributos, y por ello arrojado en un foso oscuro donde sólo cabe hacer tres cosas: dormir, angustiarse y dejarse llevar por oportunidades absurdas en vez de intentar recuperar su auténtica pasión, aquello en lo que tiene auténtico talento: el dibujo.

Read More

Movimientos (totales) en el arte mínimo (XXIX)

22 abril 2015
/ / /

null

Seis tumbas en Munich
Mario Puzo
1967

El problema de la identidad es especialmente acuciante cuando es elegida. Si decidimos vestir una máscara, usar un pseudónimo para que no nos asocien con determinados actos o situaciones, exponer al público la continuidad de nuestra identidad a través de otro nombres es injusto; si nosotros hemos querido desdoblarnos de algún modo, nadie debería tener por qué asociar esas dos identidades diferentes como si fueran una sola. No sólo por respeto, sino también por admitir que podemos ser más de una persona. Es posible que el Yo con el que fui nombrado en el registro civil y el Yo de mi(s) pseudónimo(s) no sólo seamos dos personas distintas, sino también entidades completamente irreconciliables como una única identidad coherente.

Read More

Ping Pong Pop. Tres momentos (animados) sobre la existencia

27 diciembre 2014
/ / /

null

I. Todo que se afirma sin pensar es verdad

Todo es fabuloso. Se nos vende de forma constante que todo va mejor, que la crisis ya ha pasado, que pagar sobreprecio por productos básicos es algo normal; el capitalismo tardío ha encontrado en la retórica el arma última: a través de una buena narración, cualquier cosa parece ser verdad. Al fin y al cabo, ¿quién no quiere creer que las cosas ocurren por alguna razón superior bien ordenada que se puede predecir? Esa es la base de la religión, también del gesto religioso del capitalismo. Se nos vende un finalismo de lo inmediato, que el mundo ha llegado al cenit de su desarrollo y debemos adoptarnos al destino que éste marca, que nos convierte en productos de consumo, objetos juzgados por lo bien que se adecuan al metarrelato imperante. En consonancia, actuamos al respecto: sonreímos para vendernos como alegres, dinámicos, optimistas cara a los demás; compramos para mostrarnos en la onda, sabiendo sobre qué hablan todos, integrados dentro del sistema; cambiamos para resultar más adaptables, más adecuados, más necesarios para las necesidades del mercado. Se busca encajar en lo que los demás esperan que seamos, ajustando nuestra existencia a los elementos que mejor se venden en cada momento.

Nadie debe ser único, excepcional, porque cualquier gesto personal podría cambiar el mundo, demostrar que el orden no es absoluto. Que el mundo no está construido sobre bases inamovibles. El problema es que somos reducidos hasta ser convertidos en objetos, olvidamos aquello que supone juzgarse sólo desde uno mismo —o lo que es lo mismo, olvidamos qué es ejercer la autocrítica ignorando la opinión de aquellos que repiten la agenda oficial antipersonalista de forma repetitiva—, produciendo que sea imposible tener personalidad alguna. Incluso cuando queremos salirnos de los márgenes, somos reconducidos a través de la destrucción; se nos bombardea con el mensaje, se silencia nuestra presencia, la gente nos da de lado. ¿Por qué? Porque es más cómodo vivir sin pensar, creyendo que la vida debe ser una fiesta constante.

Read More

El encuentro se da en la transgresión. Sobre «Killers», de Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto

15 diciembre 2014
/ /
in Cine
/

null

No somos animales gregarios. El ser humano necesita de los otros para edificarse, aunque no por ello nuestra tendencia natural sea la existencia en manadas; edificamos comunidades, construimos espacios en común con los otros, pero cuanto más seguros de nosotros mismos estamos menos necesitamos su presencia. Buscamos la aprobación de los otros sólo cuando no la tenemos de nosotros mismos. Sin comunidad no podríamos existir, porque no somos seres autosuficientes, pero la importancia que concedemos al pensamiento ajeno es directamente proporcional a nuestra capacidad para actuar y juzgar nuestros actos sólo desde nuestra propia mirada: cuanto menos seguridad tengamos en nuestros actos, más dependientes seremos de la opinión de los otros. Todo acto de creación es considerado un acto de transgresión, ya que la creación auténtica sólo puede darse cuando son violados los principios básicos comunitarios. No transgredimos por oposición a los otros, sino para crear nuestros propios lazos comunitarios.

Killers sigue los pasos de Macabre, la anterior producción Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto, poniendo bajo la lupa todo aquello de donde partía la anterior: si la familia protagonista de su primera película se unía con más fuerza a través de la transgresión (en su caso, el canibalismo), en su segunda película encontramos la búsqueda del gesto comunitario a través de la transgresión (en su caso, el asesinato). La película parte de una pregunta importante, ¿por qué un asesino en serie subiría vídeos de sus torturas y posteriores ejecuciones al equivalente asiático-macabro de Youtube? O bien porque busca lanzar algún tipo de mensaje o bien porque busca estar más próximo de aquellos que sienten los mismos impulsos que él. Si el asesinato no es válido por sí mismo, en cuyo caso no necesitaría grabarlos y difundirlos, entonces es porque son un medio para alcanzar otra cosa. Ahí empieza el juego.

Read More

Trabaja, compra, consume, muere. Sobre «Metal Gear Rising: Revengeance» de Platinum Games

29 septiembre 2014
/ / /

null

Si existe una reflexión inherente al cyberpunk esa es la del límite de lo que significa ser humano. En un mundo donde las personas sólo conocen la alienación de verse controlados por grandes corporaciones, donde la única salida es devenir un ser flexible que puede cambiar cualquier aspecto de sí mismo a capricho de intereses espurios —hasta puntos literales, ya que las prótesis son la norma: desde las gafas hasta el teléfono móvil, pasando por el bastón o el reloj— y acepta la imposibilidad de cualquier clase de ociosidad, los límites de lo humano se difuminan. Cada vez más maquínicos, siempre conectados a gadgets que nos hacen más vulnerables al control, la diferencia entre sujeto y objeto deviene, cada vez más, entelequia; no debemos preocuparnos por la posible condición futura de los robots como esclavos, porque nosotros ya somos esclavos de un destino programado.

En Metal Gear Rising: Revengeance, donde seguimos las desventuras de un Raiden ya más cyborg que humano en todos los ámbitos, nos encontramos un mundo al borde del colapso: después de que el presidente de un país africano sea asesinado por cyborgs ninjas, ante la incapacidad de Raiden para pararlos, descubriremos una conspiración a nivel mundial que pretende iniciar una segunda guerra contra el terror por parte de EEUU para lograr volver a iniciar la economía de guerra, ya durante varios años en dique seco. Compañías militares privadas, empresas de investigación militar y políticos están detrás de ello. Todo intento de parar la conspiración desde cualquier medio oficial, ya sea político, legal o periodístico, se muestra infructuoso ante la intrincada red de relaciones creadas alrededor; a nadie le importa que niños sean secuestrados y utilizados como mercenarios, que miles o millones de inocentes sean asesinados por ser «potenciales terroristas». Todo vale en la economía y en la guerra. La única opción es, como de costumbre, que el héroe destruya con sus propias manos esa red de relaciones del único modo posible: matando a todos los involucrados.

Read More

Vivir es morir (si no tienes dinero). Sobre la saga «Hostel» de Eli Roth

8 julio 2014
/ /
in Cine
/

null

No existe posibilidad de controlar la sociedad, a largo plazo, a través de la ideología. Las ideas se agotan sobre sí mismas, la gente se cansa de esperar promesas y, aunque la convicción pueda ser absoluta entre una minoría, la mayoría de las personas no viven en sociedad esperando un modelo específico inalienable: quieren sentirse seguros, quieren resultados. Los quieren ya. Todo control que se ejerza en exclusiva desde las ideas o la coherción, aun cuando necesario —cuando se trata de micropolítica, el ámbito de las ideas y la ideología es el más importante—, nos llevará hacia el conocimiento de no atender a los deseos de los ciudadanos. Una población contenta es una población dócil. El gran triunfo del capitalismo es haber conseguido que todos creamos que cualquiera puede hacerse rico, pero también que cada uno tiene exactamente la medida de esfuerzo: la vida es el cálculo de lo que se posee, porque poner en juego la vida es lo que nos aporta la posibilidad de triunfo. Aunque sea una burda mentira.

Existen dos consecuencias lógicas de la premisa anterior: «todo tiene un precio (que podrás pagar sí y sólo sí lo mereces)» y «cualquier límite puede ser atravesado siempre que dispongas del dinero suficiente». Si todo tiene un precio y ya no existen límites por cruzar, entonces la vida humana está en el estante del mercado; si existe demanda, no existe razón alguna por la que un asesino o un «empresario de la carne» no pueda dar caza a una persona señalada. Sólo hace falta estar dispuesto a pagar el precio. En ese sentido, Hostel nos demuestra lo que ocurre cuando hay suficientes depravados en el mundo como para hacer rentable una idea abyecta, la tortura y asesinato de personas inocentes en entornos controlados, a pesar de que atente contra aquello que se supone son los principios sociales. ¿Cuál es la función de la sociedad? Asegurar nuestra seguridad, que nuestro vecino no nos matará para robarnos nuestra propiedad; y una vez asegurada la sociedad, su responsabilidad es asegurar que vivamos lo mejor posible. En el momento que existe gente capaz de saltarse esa condición esencial de la vida en comunidad, ¿hasta que punto es posible considerar que radica diferencia alguna entre vivir en sociedad o en naturaleza?

Read More

Sin re-apropiación no hay revolución. Sobre «Punks de boutique» de Camille de Toledo

4 enero 2014
/ / /

null

El punk murió según se convirtió en moda de la cual apropiarse no ya de cualquier diseñador de moda, que pueden hacer del punk algo más genuino que cien cabezas encrestadas, sino de cualquier vendedor minorista. Cuando el punk es un complemento, es cuando se compromete su condición revolucionaria. Quedarse con esa idea, admitámoslo, sería simplista: el problema del punk no es sólo que se venda como un complemento estético, sino que se ha convertido en un complemento ideológico: todo lo que en los grupos originales era ironía y ambigüedad, una pretendidad violación de las normas sociales, ahora no es más que vestir ropa calculadamente rota a trescientos pavos los pantalones. Pantalones hechos jirones en una fábrica en la India. El problema no es que se vendan complementos punks, el problema es que el tratamiento ideológico del mismo se hace, como con la ropa, desde lo mercantil; punk is dead, baby; no es sólo cosa del punk: ¿por qué es imposible hacer hoy la revolución? No porque se vendan camisetas con el rostro del Che Guevara, sino porque llevarlas no simboliza nada. Ya no simboliza nada.

Aunque comienza hablando del fin de la historia, esa ridícula proclamación hegeliana que haría suya Francis Fukuyama para justificar la superioridad moral del liberalismo, Camille de Toledo parece más interesado en analizar nuestro presente desde el enmarañado cruce de impresiones y efectos que tal idea, no el hecho —no concibe que hayamos alcanzado «el final de la historia», sino que de esa creencia se desprenden nuestros modos de vida actuales—, tiene sobre el mundo; en tanto el capital se apropia de la historia claudicándola, asumiendo toda imposibilidad de alternativa, carece de sentido práctico iniciar forma revolucionaria alguna; el corazón mismo del presente, ahora ideológicamente perpetuo, es el poder. Cualquier revolución nace por y para el capitalismo. Incluso cuando no. El capitalismo se amolda a todo, puede consumir todo: no existe posibilidad de combatirlo porque es capaz de asimilar incluso sus contradicciones; su título es ya explícito, ya que el punk que nace en la ironía y el DIY es ahora cosa seria: cosa de punks de boutique.

Read More