Subcultura y cultura underground a go-gó

null

El principal problema que encontramos en la mundialización no es que extermine las particularidades propias de cada cultura, sino que se impone ignorando su existencia. Las políticas económico-sociales no pueden ser las mismas en Japón y Estados Unidos, en España e Inglaterra, por la sencilla razón de que la idiosincrasia de cada uno de los países resulta, en última instancia, ajena a las demás; pueden existir paralelismos y puntos en común, pero toda política debería adaptarse a la cultura del lugar y no al revés. Cosa que tan apenas sí ocurre. ¿Cómo debería entonces buscarse hacer una política común a más de una zona cultural sin que por ello se impongan sobre las costumbres y modos de vida de las demás? Comprendiendo no sólo aquellos rasgos que se comparten, sino también entender cómo se ve la vida desde sus ojos.

El crisantemo y la espada es una rareza por su modo de abordar el pensamiento japonés, sistemático y desde dentro, pero también por cómo lo expone, sin negarse los arrebatos líricos o las referencias constantes hacia el papel de la cultura, la política y la economía en la producción del pensamiento. Ruth Benedict sigue la evolución histórica del país, los cambios que se producen en su sistema político-social, los vaivenes económicos y militares, para encontrar puntos en común que, a pesar de los cambios, nunca cambien; su primera conclusión es evidente, que los japoneses no tienen la misma concepción que los estadounidenses sobre los valores sociales, y su tesis es tan sutil como certera, que los japoneses creen en el honor por encima de todo. Habría que matizar aquí. Lo que nos propone es una lectura de la cultura japonesa desde el concepto de «deuda de honor», no de «honor» —la importancia recae sobre la deuda, sobre el otro y la sociedad, y no sobre el honor, sobre uno mismo frente al otro o la sociedad—, dándonos una interpretación de la cultura japonesa que la hace, sólo a priori, irreconciliable con la idiosincrasia de las culturales occidentales: el respeto por los derechos humanos en general y por la libertad personal en particular.

read more »

null

Orientalismo, de Edward Said

A pesar de ser un término de uso relativamente común, la realidad es que existe un cierto desconocimiento hacia lo que supone el orientalismo —lo cual resulta particularmente preocupante en una época donde hay una resurrección de esta concepción en nuevas y más trágicas conformaciones. ¿Qué es entonces el orientalismo? El orientalismo es la serie de representaciones occidentales que se crean desde una serie de elecciones afectivas —entendiendo por estas desde los medios de comunicación hasta la cultura y, en general, cualquier forma de representación— al respecto de oriente, sean estas reales o no. Esto acontece de tal modo porque se ha ido originando ya desde la época colonial la idea radical de oriente como un negativo perfecto de Occidente; la dicotomía Oriente-Occidente es una creación occidental a través de la cual crear un otro, una entidad radicalmente diferente a nosotros, para establecer así un evidente potencial enemigo al cual plantar cara. El orientalismo podríamos considerarlo entonces como una visión cultural ideologizada que enraíza en las instituciones, el vocabulario, las enseñanzas, las imágenes, las doctrinas y, en general, todo acto discursivo sobre Oriente.

Sin embargo cuando Edward Said nos habla de orientalismo no lo hace en una única acepción posible, sino que lo hace de múltiples de ellas al mismo tiempo siendo todas ellas, a su vez, inclusivas. La acepción que ha sido aceptada con mayor naturalidad dentro de los ámbitos académicos, aunque no fuera ni mucho menos la que tenía en mente éste cuando construía su discurso, sería la de la enseñanza, escritura o investigación sobre oriente, sea cual sea el ámbito del mismo que estudie —aunque, en cualquier caso, en la actualidad parece haber una remisión del uso del termino de orientalismo por otros mas neutros como estudios orientales, para procurar desvincularse del autoritarismo propio del colonialismo del XIX—. Sin embargo para Said el orientalismo sería más bien la distinción ontológica y etimológica que se establece entre Oriente y Occidente como dos radicales bien diferenciados — el orientalismo sería la condición a través de la cual se construye un discurso que jerarquiza y estereotipa al rival, permitiendo así también la existencia de un occidentalismo que se diera en dirección contraria —con el mismo propósito de edificar su identidad a través de un otro—: la visión por parte de ciertas facciones capciosas orientales que construyen una visión de occidente hiperbólica en la que primar sus fantasías distópicas en contraposición de una idealización de la propia cultura; he ahí las fantasiosas interpretaciones de ambos polos por parte de sus opositores en la cultura.

read more »

null

The Raid: Redemption, de Gareth Evans

La existencia de la humanidad desde que se ha definido como apegado a una tierra específica a partir del sedentarismo, lo cual permitió toda una concepción monolítica del mundo que sólo permitió prosperar a unos pocos, ha permutado toda convención (psico)geográfica del mundo. Es por ello que, a partir del colonialismo que se produciría en la modernidad, toda la conformación cultural de los diferentes lugares se irían viendo progresivamente eclipsados en favor de un fenómeno que, sin ser nuevo, si se constituía como nuevo motor de lo real-cultural: la metrópolis como paradigma de la existencia. ¿Qué significa esto? Significa que la cultura a partir de éste momento se polariza y se ve impuesta por las decisiones que toman ya no sólo las grandes fuerzas coloniales, como de hecho proclamaba Edward Said, sino que toda esa cultura se produce y fabrica exclusivamente en el seno de la metrópolis; a través del sedentarismo el poder se centraliza en un único punto que se convierte en paradigma de lo real. Pero hoy la cosa tan apenas ha cambiado, pues el paradigma del cine sigue situándose en una metrópolis, Hollywood, a través de la cual se orquesta y soflama como debe ser toda forma de representación fílmica.

La situación de The Raid: Redemption en este contexto parece ser la antítesis de lo que podríamos considerar ideal, ya que siendo una película indonesia con actores locales sólo se explica su distribución internacional por el hecho de que el director, Gareth Evans, sea americano y que la película se circunscriba en el universal entendimiento del cine de acción. Nada en la película nos resulta ajeno, a pesar de la diferencia idiomática y actoral, porque de hecho todo en ella nos resulta culturalmente familiar -el edificio dominado con mano de hierro por un mafioso local, el lento avance piso a piso por éste cuando se convierte a su vez en una trampa mortal,los espectaculares enfrentamientos acrobáticos- se van sucediendo a lo largo de la película con una naturalidad pasmosa. Si la metrópolis ha apadrinado esta película como hija suya, como parte de su canon cultural, es porque de hecho aparenta ser desde su génesis parte de ella. Para nuestra fortuna, no es exactamente así.

read more »

null

Esta entrada fue publicada originalmente en la revista digital de música ngo el día 25 de Diciembre de 2011 y ha sido re-escrita para la ocasión.

Утро, de Утро

Que un grupo ajeno de la habla inglesa consiga un cierto éxito internacional es algo tan utópico como fascinante cuando ocurre, la imposibilidad del público mayoritario para aceptar algo que se escape de sus coordenadas simbólicas básicas heredadas. Ni el público está dispuesto a aceptar sonidos que no les sean ya familiares, lo cual condena casi todo al underground, ni la crítica es capaz de aceptar algo que no entiende; la situación de la música actual es completamente anglófona, aun cuando es un problema global de prácticamente toda la cultura -con algún mínimo y muy escaso recoveco en la literatura. Quizás porque precisamente combinan ambos aspectos para no marginalizar una música externa a los países anglosajones (ser en inglés y sonar familiar) Motorama han conseguido una modesta pero interesante visibilidad en Occidente: con su post-punk primitivo pero eficiente, sumado a unas letras insufladas de fervor juvenil, conquistar los corazones de los relamidos WASP -que son, a fin de cuentas, el grueso cultural de crítica y público- que se ven reflejados en estos rostros rusos que no son rusos: jóvenes, de lengua anglosajona, cercanos a Walt Whitman y extrañamente familiares. Nada más pide la cultura dominante a sus colonizados.

¿Por qué nos interesa la inaceptación de las identidades neo-coloniales cuando, precisamente, toca hablar de un grupo que se define por ser estrictamente ajeno a la metrópolis? Porque Утро son exactamente los mismos miembros que Motorama sólo que cambiando dos aspectos fundamentales: son más oscuros, con lo cual se pierde la mayor parte de su accesibilidad, y cantan en ruso; Утро, a diferencia de Motorama, están condenados de por vida a ser ignorados fuera de las fronteras eslavas. A diferencia de Motorama, los educados chicos de las colonias que vienen a saludarnos con nuestras lenguas, estos son siniestros bárbaros imponiendo un lenguaje extraño y ajeno pretendiendo copar el orden civilizado con una cultura salvaje e indómita. Y eso da miedo.

read more »

null

En todo conflicto siempre hay, como mínimo, dos visiones del mismo y sus visiones son irreconciliables: cada uno sólo puede hablar desde la perspectiva consensual de su experiencia. Esto se ve amplificado de una forma ostensible cuando el conflicto se recrudece y/o afecta a una cantidad mayor de individuos de una sola vez, aun cuando puedan considerarse estos mismos una comunidad. El problema es que hoy, 11 de Septiembre, tenemos que recordar que hace 10 años Occidente en general y Nueva York en particular sufrió el mayor ataque terrorista de la historia de la humanidad. ¿Como se puede entonces afrontar un conflicto donde las visiones enfrentadas son las de Oriente y Occidente? Un buen principio sería hablar de Four Lions, la satírica pieza de humor negro del director británico Chris Morris.

Cuando cuatro musulmanes de origen británico deciden convertirse en terroristas parece que nada puede salir mal, sino fuera porque ninguno tiene una convicción firme y real de morir por la yihad. El atolondrado Waj aceptará esta misión suicida porque es la visión más adrenalítica que jamás haya oído antes; Barry, un blanco occidental, canaliza su nihilismo vital a través de la posibilidad de volar en pedazos al prójimo con su cuerpo; Faisal es el ingeniero del grupo, un auténtico mago de las bombas, con el único problema de que no quiere morir por llevar una pegada en el pecho; o lo que es lo mismo, ninguno tiene intención de morir. Con éste contexto parece imposible que ninguno de estos sujetos consigan atentar ni contra la droguería de la esquina -lo cual se ve amplificado por una incapacidad absoluta de no volar por los aires los objetivos equivocados- sino fuera por la sinergía de acción que van induciendo unos sobre otros y, sobretodo, por la presencia de Omar.

read more »