estética

El demonio me llevó por el vacío sin sentido (I)

15 marzo 2012
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Hongos de Yuggoth, de H.P. Lovecraft

Ésta es la hora en que los poetas lunáticos saben

Para hablar de poesía, pero también para hablar del mundo, es determinante hablar de la estética en tanto es nuestra forma de comprender y delimitar la significación del mundo, ¿cómo podemos explicar a través de esta la imposibilidad de conocer el mundo? Si lo bello es aquello que resulta agradable a la vista, lo siniestro es aquello que esconde realidades oscuras dentro de sí, lo grotesco es lo que resulta desagradable a los sentidos y lo curioso ya su propio nombre lo dice, lo sublime es el intersticio extraño donde se da la fascinación por todo aquello que no puede ser comprendido -éste es el punto donde conocemos lo que no podemos conocer, donde la estética se time de irracionalidad; la comprensión clásica de lo sublime -o, al menos, la de Edmund Burke- nos permuta en la posición de nuestra finitud con respecto del infinito: nosotros nos sentimos fascinados por la tormenta, porque somos infinitamente pequeños con respecto de su dimensión y poder. En lo sublime hay una fascinación perentoria que no es necesariamente una sensación positiva, es la actitud del hombre que se paraliza ante la visión de aquello que es incapaz de racionalizar, aquello que es incapaz de aprehender desde su finitud propia, con respecto del mundo. Lo sublime es una de las conformaciones más tenebrosas de la estética natural a las cuales el hombre debe confrentar.

Qué hongos brotan en Yugoth, y qué perfumes

Esto lo vería fácilmente un alma sensible como fue H.P. Lovecraft -sensible por lo cual, por pura extensión, también torturada por la recursividad de lo sublime en cada rincón del mundo- ante su incapacidad de aceptar los cambios bruscos que estaba sufriendo el mundo. Profundamente racista, misántropo hasta la más virulenta de las nauseas y un anti-tecnología rayana la obsesión más puramente benjaminiana no era capaz de comprender ni aceptar la visión del mundo y el progreso como algo positivo para el hombre, ¿qué se puede esconder más allá de lo sublime, de lo que no puede ser comprendido, si no la oscura cara de algo más monstruoso que la humanidad misma? Detrás de los lagos, de las estrellas, de las tormentas y de los insectos se esconde el monstruoso recuerdo de que estamos en el universo de prestado, y que nuestra pretensión de esclavizar cuanto existe de natural sólo nos llevará hasta nuestra más pronta extinción sí insistimos en seguir revolviendo el trastero de la naturaleza.

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Siempre seré un ojos-morados

6 marzo 2012
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Diario de un seductor, de Søren Kierkegaard

Sobre todo, olvida al que escribe esto; perdona a alguien que, no importa qué otras cosas, no pudo hacer feliz a una chica. dice el enamorado que no consigue triunfar sobre su propia estupidez que le media hacia el fracaso. Esta frase, aparecida en el epistolario de Søren Kierkegaard pero no en el libro que nos ocupa -pues deslegitima de facto todo lo que en él propone-, dirigida hacia Regine Olsen está cargada de la amargura del amante inepto que se ve incapaz de satisfacer los más mínimos deseos, el cumplimiento del compromiso del amor mismo, con respecto de su amada. Por eso resulta curioso que toda esta novela disfrazado de epistolario encontrado sea un producto de enajenación tal que no pare de hacer crítica y mofa del amor, de Regina Olsen y de las mujeres -y lo hace porque, en último término, no es más que un intento de deslegitimar la vida estética en favor de la pura contemplación religiosa. Lo único válido para cimentar la vida no es el plano estético, aquel del amor o el arte, pues es exclusivamente una fantasmagoría de los hombres, sino la búsqueda incesante del ser divino.

Un error común en que se cae con una ligereza impropia del que se pretende como más allá de la torpeza de la ignorancia es creer que el amor, más aun con respecto del amor romántico, es una construcción creada en los relatos de nobleza que comenzarían con el Sturm und Drang o, en el mejor de los casos, en la edad media; hay una cierta asociación del tiempo del nacimiento de ciertas formas de literatura a los cuales se asocia el surgimiento del amor. Esta no es una idea del todo errónea en tanto el amor tiene un función emancipadora equivalente a la del arte, intuir el infinito inaprensible de nuestra finitud, pero erra en su suposición de que el amor, romántico o no, no es connatural al desarrollo de la consciencia del hombre. Como de costumbre la mitología nos da una perspectiva interesante sobre las conformaciones particulares del pasado y, siguiendo estas, encontramos infinidad de representaciones del amor en todas sus facetas: del amor romántico como Anteros, Hathor y Aizen Myo -estas dos últimas, además, diosas de la música, lo cual entroniza la idea de que el arte y el amor tienen una función común-; del amor venéreo o deseante como Afrodita, Kāmadeva o Tlazolteotl; del amor fraternal con su máxima caracterización en Cristo; y del amor como amistad en el caso de Zeus o Forseti. El amor es una concepción tan antigua como la consciencia del hombre.

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El desvelamiento del potencial es la muerte del caracter síntetico de los valores

14 febrero 2012
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My First HEAVY METAL in TOKYO 2012, de Babymetal

Supongamos por un momento que toda síntesis de los contrarios es, en una aspectualización universal, como una posibilidad tangible, ¿qué ocurriría? Bajo este proceso podríamos afirmar que puede producirse una relación dialéctica entre cual par de contrarios, por disimiles o irreconciliables que estos se nos presenten, al presentarlos en el orden teórico adecuado; todo par, aun cuando contradictorio, sería reductible en su síntesis a un único elemento polarizador. ¿Podríamos entonces, no sé, hacer una síntesis entre el j-pop y el heavy metal? A priori, si respetamos nuestras propias premisas y por absurdo que suena tal combinación, sí; bajo la pista de una posibilidad como esta Rak Zombie -y no olviden catar su esplendoroso blog, Demonomania Nation- nos hizo mirar el abismo a través de un vídeo cuyo nombre responde por My First HEAVY METAL in TOKYO 2012.

Un grupo de tres lolitas esplendorosas, quizás demasiado jóvenes para el canon occidental -habemus pederastia, quizás no para la iglesia- que responden a nuestras súplicas con una combinación aparentemente ideal de j-pop y heavy metal. La síntesis musical sería lo más parecido a mezclar las AKB48 con una versión descafeinada de Gallhammer en la cual se contonean un grupo de preadolescentes soltando gorgoritos entre bailes de ParaPara y exagerados headbangings; la combinación, en lo meramente musical, funciona bien por su carácter unificador que se da en la combinación entre un sonido de metal rebajado y la sustitución de las trazas melódicas por melodías de puro j-pop. Es por ello que, afirmar que esta síntesis monstruosa resulta en un triunfo estocástico pero esplendoroso en los tiempos del todo vale, no sería descabellado afirmar que su síntesis roza la perfección en sus códigos. Pero el problema es que lo que funciona a la perfección en su carácter exclusivamente musical, por el perfecto cuidado que se hace de la combinación de sonidos, produce una contradicción severa en los códigos estéticos que preconizan: intentan abrazar dos estéticas antagónicas que no sólo es imposible que, estéticamente, se combinen sino que se diluyen entre sí.

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Ser uno con el mundo es ser la diáspora que brilla por el mundo

1 febrero 2012
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El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki

En Occidente, seguramente por los milenios atados al cristianismo, nuestra relación con la luz siempre ha estado cargada de ideología. Cuando uno analiza el uso de la luz en Occidente siempre se hace para destacar el estado de gracia, la iluminación trascendental que inunda cuanto existe por la gracia divina. Es por ello que cuando uno se acerca al arte japones, y muy especialmente a la literatura de Junichiro Tanizaki, ve cómo problemático interpretar la relación que poseen con respecto de la sombra: la luz es relegada de los sentidos, marginada como condición subyacente, en favor de los juegos constantes de las sombras. Ahora bien, no es dificil entender por qué esto ha sido así. Al no haber estado atados durante siglos a que todo arte esté tiznado de religiosidad pudieron desarrollar nociones estéticas que en Occidente, aun hoy, se mantienen inexploradas.

Por supuesto para la visión de la sombra es determinante el pensamiento místico, que no religioso, que se cultivó en Japón. Las casas tradicionales reniegan de las puertas en favor del shōji con el cual se libera el espacio; a través de la disposición abierta de los elementos se crea una ausencia de trabas para la libre tránsito con el mundo. Esto es el zen. Las casas japonesas clásicas se basan en éste pensamiento de refinamiento, el cual deberíamos entender como una cierta comunión con la naturaleza, a través del cual no se abnega nada natural en tanto se pueda tender a la naturaleza. Es por ello que el shōji no sólo libera el movimiento de los hombres en el tránsito de la casa sino que, incluso aun más importante, libera el movimiento de la luz. Toda funcionalidad en la casa tradicional japonesa no se basa en acomodar las disposiciones propias del hombre, de hacer la vida más cómoda a las entidades físicas que lo habitan, más bien se crea con la disposición de acomodar la existencia de todos los objetos que discurren en ella. El hombre, el viento, la madera, la tierra, la luz y la sombra son elementos ontológicamente igual de importantes para el japonés a la hora de afincarse; no hay una predominancia ontológica del hombre sobre las demás cosas.

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La acción es el auténtico discurso estético de la imagen (I)

5 enero 2012
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Superjail!, de Christy Karacas

La noción de que los dibujos animados es algo para niños está ya más que superada desde el mismo instante de la aceptación de que existe un público que ve en la animación algo más allá que un sustituto perfecto de la mirada paterna hacia lo que absorben esas pequeñas esponjas llamadas niños. Aunque esto no sea nada nuevo, aunque si relativamente nuevo en el ideario popular, podríamos afirmar que es una tendencia en alza al hacer cada vez más patente que, dibujos mediante, se puede caracterizar usos y maneras propios de un imaginario no-infantil. Quizás quien mejor caracterice este espíritu sean los desquiciantes trabajos producidos para y emitidos en Adult Swim, el espacio de animación adulta de Nickelodeon. Y, con especial hincapié, cabría hablar de la posición que ocupa en este imaginario adulto la psicotrónica acción de Superjail!.

Por supuesto la noción de adulto puede variar tremendamente según lo que entendamos por esto, y en este caso hablaríamos de la inclusión nada soterrada de un índice de violencia que dejaría la escala Mutoh en una broma infantil si intentaremos hacer desde ella una medición de su sanguinariamiento habitual. Y es que la serie, lejos de mcguffins tan ridículos como innecesarios, trata única y exclusivamente de como las relaciones en una macro-cárcel dimensional se tuercen hasta que todo acaba en el abuso incesante de la violencia; no hay mayor nexo narrativo que la creación de un ambiente de hiper-violencia constante. He ahí lo interesante de la serie, por otra parte, ya que ante el total desinterés por crear una trama narrativa consistente, incluso dentro de lo auto-conclusivo de cada episodio, se permiten tomar un cierto ambiente que colonizan como propio convirtiéndolo en el método a través del cual articular toda la serie. Lejos de intentar seguir una lógica narrativa común, basan todo su discurso humorístico en una estetización constante de la realidad ontológica de su mundo a través de la violencia.

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La imagen científica produce normatividades (y II)

7 diciembre 2011
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Dr. Ikkaku Ochi Collection, de Akimitsu Naruyama (Ed.)

La presunción de la imagen científica como una forma de control y exclusión social es tan certera como inexacta: en tanto imagen necesariamente imprime una serie de valores que van más allá de los usos -por otra parte, creativos- que se hagan de ellas; una imagen es una imagen independientemente de la tipología específica que se le aplique. En este libro podemos encontrar estas conformaciones de forma cristalina debido a, principalmente, su capacidad para desenmascarar sin palabras condiciones específicas del cuerpo como objeto contenedor de otro objeto. El Dr. Ikkaku Ochi Collection nos demuestra como la imagen científica es capaz de retratar tanto la descomposición mutante de un objeto, el cuerpo, a la par que la composición desnuda de otro objeto, la razón humana.

La génesis del libro ya es, de hecho, una conformación de la consecución de imágenes singulares que reflejan el contorno y el dintorno de la condición humana. Akimitsu Naruyama, en cierta ocasión, encontró como por casualidad en un edificio abandonado una caja de misterioso contenido; la madera laqueada, la inscripción casi indescifrable y la aura de antigüedad, de imperfección mística, lo hacían un objeto maravilloso y arcano. Dentro un grupo de un par de cientos de fotos daban a luz a un trabajo minucioso de investigación de las deformidades físicas durante la era Meiji. Como si de un mito se tratara la caja misteriosa, al ser abierta, descubrió una realidad nueva para el mundo, aunque siempre estuviera presente. Un acontecer más allá de Lo Normal.

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el acontecer del nuevo ruido / la nueva política

19 noviembre 2011
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New Noise, de Refused / Church of Noise, de The Bloody Beetroots

Cuando uno ve cualquiera de las grabaciones donde aparece Dennis Lyxzén tiene la sensación de estar ante una persona especialmente peculiar. Los estallidos de violencia brutal periódica en su música -los cuales, además, arropa con una actitud más que adecuada- entrechocan con su paradójico comportamiento más bien sereno, quizás ligeramente tímido, del cual hace gala la mayor parte del tiempo. Por ello no es extraño que cree y abandone grupos con la convulsión propia de alguien que parece incapaz de atar durante demasiado tiempo un interior en constante contradicción. Eso no excluye que tenga unas obsesiones comunes (todas pasadas por el tamiz ideológico de su anarquismo radical) que acaban desplegándose intermitente pero constantemente en su obra.

La declamación primera, y síntesis absoluta del pensamiento libertario de Lyxzén, se encontraría en el último single de Refused: el clásico contemporáneo New Noise. Un ritmo contundente, colérico y caótico que, sin embargo, guarda un orden tan perfecto, tan alejado de cualquier noción de género, que ha servido como inspiración para una cantidad creciente de grupos. Todo esto se ve reforzado con Lyxzén desatado que se deja de remilgos para convertirse en la perfecta combinación de calma chica y caos sonoro; si la mayor parte del tiempo la pasa cantando calmado, casi con una total diferencia, no duda en dispararse gritando sin parar al micrófono para escupir su mensaje sobre el público. Todo para acabar dando las gracias al final de la canción. Y esa es la genialidad de Refused: siempre se situaron quince pasos más allá de lo que se supone que son; no son un marco bonito, son un contenido brutal.

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la estética es la nueva pólis del cosmos

21 octubre 2011
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Cuando hablamos de cosmos, con una tradición lingüística heredada in media res de la Grecia ática, entendemos de un sistema ordenado y armonioso en el cual se circunscribe una realidad auto-coordinada. En oposición al cosmos nos encontraríamos con el caso de la pólis (del griego πόλις) que sería la ciudad estado donde se establece el territorio humano; si el cosmos es lo salvaje e inhumano, la naturaleza bárbara alejada de toda noción humana, la pólis sería el ordenamiento estricto del ámbito de lo humano. Por supuesto este ordenamiento de la pólis deriva de una mímesis exacta del cosmos donde se origina un microcosmos que sería la sociedad civil, el ámbito político. En el trayecto el hombre, constituido ahora en conformación cultural, arrebata la noción de orden a la naturaleza para quebrarla en dos: el orden natural y el orden político. De éste modo nuestros referentes antiguos más directos, los griegos, originan un universo (cultural) dentro del universo (natural) donde aun habitamos. Por su parte, Don DeLillo, edifica un nuevo universo (naturalizado) dentro de ese universo heredado en su novela 'Cosmópolis'.

A golpe de desestructuración nos narra como Eric Packer, un multimillonario asesor de inversiones de veintiocho primaveras, vive un día absurdamente frenético: apostará toda su fortuna contra la subida del yen y cruzará la ciudad entera en limusina para cortarse el pelo; para aniquilar todo cuanto hay de orden en el mundo. Entre medio, entre la génesis y el ocaso de éste estrambótico día, se encontrará con una infinidad de eventos que impedirán que pueda llegar con normalidad hasta su destino y, lo que es más importante, irá auto-destruyéndose lentamente en favor de la aplicación de su sistema financieron en busca del paralelismo que no alcanza a encontrar del porque del anómalo crecimiento del yen. La historia es, en definitiva, la búsqueda incansable del orden interno del cosmos.

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el fantasma como búsqueda del fin del mundo

15 octubre 2011
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in Cine
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El hombre como entidad en el mundo hecha para la muerte -no como un acto culturalmente necrófilo, sino como condición natural inevitable- no se distingue en aspecto alguno con los elementos naturales del mismo. Todo animal, y eso incluye a los humanos, son arrojados en un mundo que les es hostil, desconocido, a través del cual tienen que devenir buscando toda la ayuda (y la fortuna) que puedan encontrar en su camino; todo ser vivo existe en tanto entidad en devenir. Por eso, a pesar de que el ser humano viva en un nivel de trascendencia superior al de la naturaleza, necesariamente todo ser vivo confluye con el resto en su disposición de entidad en perpetuo cambio y reconocimiento. Esa sería la premisa a través de la cual se pueden construir castillos de naipes en la caja de arena que supone 'Finisterrae' de Sergio Caballero.

La película nos narra la historia de dos fantasmas sin nombre que hastiados de sus etéreas vidas deciden encontrar la forma de convertirse, de nuevo, en humanos. Para ello se encontrarán en un oráculo el cual les dirá que el único modo de trascender su condición para volver a ser humanos es hacer el camino del Santiago con su parada en Finisterrae; sólo en un viaje hasta el fin del mundo podrá (re)encarnar su existencia en un nuevo devenir de sí mismos. Para ello emprenderán un viaje lisérgico por los bellos parajes gallegos donde se enfrentaran contra los elementos, sus propias acciones y un continuo sopesar lo trascendente de la existencia. De éste modo mientras uno de los fantasmas se convertirá en la conformación de todo lo ritulaico y solemne de lo humano el otro quiere convertirse en humano sólo por un instituto de inercia; los fantasmas son, en correspondencia, la metáfora de la cultura humana y de la naturaleza animal respectivamente. Por ello aunque ambos referencian al animal como totem sólo el segundo de ellos lo venerará como amigo revirtiendo así los papeles: el humano fetichiza a través de la cultura toda relación mientras el animal articula un discurso naturalizado de los sentimientos.

De éste modo el discurso de la película es errático por inexistente; la película en sí sólo es la demostración del devenir de dos fantasmas de su paso de un estado cultural (la muerte como fantasmagoría) hasta otro estado cultural anterior a posteriori (la vida como renacimiento). Por ello la película se define como el perfecto ejercicio de toda estética vacía de significación: toda significación está necesariamente en la actitud discursiva de su imagen. Aunque nada de lo anteriormente dicho es falso -pues, en último término, toda interpretación corresponde al que la realiza y no al autor- su fondo se basa sólo en la estética; en el valor cultural en sí mismo. Por eso 'Finisterrae' juega ¿inconscientemente? a un doble juego donde se vacía de toda significación lo que acontece para dotárselo todo sólo a través de una interpretación posterior a través del carácter cultural, no-natural, del medio. O, lo que es lo mismo, si hay un mensaje sobre la cultura, la trascendencia y el devenir es porque el medio, la estética en imágenes-tiempo/espacio/sentimiento, condiciona una clase de discurso en particular y no al revés. Todos somos fantasmas de nosotros mismos, esclavos de nuestros medios.

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moteros salvajes, adolescentes flâneur

11 octubre 2011
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in Cine
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La adolescencia es el momento dramático de la vida del hombre donde ya no es un niño pero tampoco es un adulto; es demasiado ignorante para el mundo real pero demasiado auto-consciente para el mundo de fantasía infantil. Es por ello que toda revolución que se inicie desde el carácter rabioso de la adolescencia está justificado: el acto revolucionario ciego es el lugar donde se constituye el espacio puramente adolescente. Este acto revolucionario -que es político por sí mismo en tanto es la búsqueda de un espacio en la πόλις por parte del individuo como comunidad heterogénea, aun cuando su voz es ignorada- enlazaría con el carácter de revolución perpetua como espacio de lo político de Bataille, por lo que podríamos asimilar que la adolescencia es el espacio de la política. ¿Y por qué deberíamos considerar que la adolescencia es el espacio de la política cuando, en su condición, es el terreno de lo desarraigado? Porque en la adolescencia se da el momento de negación y puesta en cuestión sistemática de toda normatividad social, sin la cual no se puede constituir la realidad política. Y de eso trata el documental 'God Speed You! Black Emperor' de Mitsuo Yanagimachi.

A lo largo de una intensa hora y media nos presentan la vida y obra de los Black Emperor, un grupo de moteros de los 70's que revolucionaron la poco calmada de por sí noche tokyota. Con una mirada tierna, más preocupada en infundir un dulce toque estético en las acciones del grupo que en su fijación objetiva, Yanagimachi escoge unas conversaciones que se van hilando en retazos que tienen más que ver con una identidad contestaría rayana el incipiente punk que con el crimen organizado; aunque se les defina como banda (criminal) los Black Emperor son, ante todo, revolucionarios estéticos. Y lo son desde su adopción de la esvástica, símbolo mucho menos ofensivo en Japón que en Europa, que pocos años después adoptarían con una gracia especial para la provocación el punk. Pero si su revolución se da en términos estéticos no lo es tanto en su simbología como en sus acciones: son una resurrección del flâneur.

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