Subcultura y cultura underground a go-gó

null

Así­ como el animal en cautividad recorre a diario la jaula
para desentumecer sus patas o mide la longitud de su cadena,
así mido yo la longitud de la mía, remontándome hasta la muerte,
para desentumecer mis miembros, y hacer más llevadera la vida.

Imaginemos a un pajarillo: por ejemplo, una golondrina enamorada de una jovencita. La golondrina podría, por lo tanto, conocer a la muchacha (por ser diferente a todas las demás), pero la joven no podría distinguir a la golondrina entre cien mil. Imaginad su tormento cuando, a su retorno en primavera, ella dijera: Soy yo, y la joven le respondiera: No puedo reconocerte. En efecto, la golondrina carece de individualidad. De ahí se deduce que la individualidad es el presupuesto básico para amar, la diferencia de la distinción. De ahí se deduce también que la mayoría no puede amar de veras, porque la diferencia de sus propias individualidades es demasiado insignificante. Cuanto mayor es la diferencia, mayor es la individualidad, mayores son los caracteres distintivos y mayores los rasgos reconocibles. En este profundo sentido se comprende el significado del hebreo: conocer a su mujer, refiriéndose a la unión matrimonial; pero cobra un sentido más profundo en lo que se refiere al alma, al carácter distintivo de la individualidad

Diario Íntimo, de Søren Kierkegaard

read more »

null

Todo acto de venganza se sitúa en el proceso de un viaje: en tanto se busca activamente un cambio de estados, pasar del agravio a la restitución de la justicia, hay un cierto tránsito espacio-temporal, pero también emocional, que acontece desde el deseo de venganza hasta su consumación; no se es el mismo cuando se comienza algo que cuando ya se ha acabado. Es por ello que la obra de Kazuo Koike es particularmente paradigmática en este sentido, pues ya parte de la presunción de que hay una distancia entre el deseo de venganza y su ejecución — una mujer gesta el deseo de venganza, pero sólo su hija es capaz de llevarlo a término. Y como no somos los mismos cuando empezamos que cuando terminamos, todo acto implica siempre una parte de nuestro propio devenir. Aunque yo elija emprender una acción determinada, una venganza en éste caso, por una serie de causas y motivos el por qué la llevo a término y como siempre acontecerá de un modo diferente, con unos enrizamientos creados en el proceso, al cual estaban planteados en inicio. Lo importante del viaje no es quien acabo siendo, sino quien voy siendo por y en el viaje.

Negros abismos,
la ensangrentada nieve
llega a tu puerta.

read more »

null

El piloto de Hiroshima, de Günther Anders

¿Cómo hablar de aquello que se resiste a ser pensado incluso cuando sabemos que ha ocurrido en la realidad? Aunque esta duda suene como una pretensión que va más allá de la experiencia inmediata, una acrobacia fenoménica para pretender alejarnos de lo estrictamente humano para entrar en el terreno de la filosofía ficción, en verdad es algo que puede ocurrirnos en cualquier instante: el mundo está lleno de experiencias que sobrepasan aquello que somos capaces de racionalizar. Aquellos actos que se escapan a toda escala humana de la razón, nos resultan impensables. ¿Cómo se puede hablar, ya no digamos actuar, si uno gana en la lotería varias decenas o cientos de millones de euros? Es algo imposible de racionalizar porque está más allá de lo que podemos comprender, incluso cuando lo anhelamos o sabemos que de hecho podría ocurrir en ciertas circunstancias determinadas por impropias que sean: es lógico que las reacciones sean impulsivas, torpes, estúpidas. ¿Cómo hablar entonces de lo más definitivo, de la muerte, sin dar un inmenso rodeo ante la imposibilidad de aceptarlo; cómo hablar pues entonces de lo más inmediato, el nacimiento, sin dar un inmenso rodeo ante la incapacidad de comprender lo que implica traer una nueva vida al mundo? Vivimos siempre al borde del colapso ante la imposibilidad de respuesta de las preguntas existenciales más relevantes.

No es posible explicar lo impensable. Es por eso que la poesía está llena de muerte, vida y milagros: donde el lenguaje común no llega, donde incluso la filosofía camina entre tinieblas, la vida poética de las palabras consigue arrancar algo de significado al mundo cuando éste se nos muestra como jugando una partida infinitamente más compleja de la que hasta entonces se nos había manifestado. Ese camino imposible es el que debe emprender todo hombre en algún momento de su vida, o deberá hacerlo si no quiere acabar fracasando en su periplo existencial.

read more »

null

La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor
que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después
no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota,
lleno de ruido y de furia, que no significa nada

William Shakespeare

Nada en el mundo es necesario, todo es contingente: estamos aquí por una serie de golpes de suerte que, aun cuando resultan absolutamente improbables una vez racionalizados, nos obligan a aceptar que somos un hito pero no un premio: aceptar la vida es aceptar que es una contingencia, que las cartas nos son dadas a ciegas y la responsabilidad de jugarlas lo mejor posible es nuestra. Aunque esto podría hacer pensar que hay un cierto deje deprimente dentro de la propia existencia, pues nadie quiere ser fruto de la simple casualidad —uno quiere pensarse como venido mundo por acto de amor de unos padres que quieren amar algo que es indisoluble de ambos en un nivel esencial, genético, ¿pero qué importa si ha sido fruto de un accidente si la intención del acto en sí no afecta? Y si no existen padres, no hay intención: sólo podemos ser milagros—, en realidad debe ser el fruto de una cierta esperanza radical: podríamos no ser, pero de hecho somos; podríamos no haber existido nunca, pero de hecho existimos. Ser contingente no hace de menos nada, pues de hecho es más valioso lo que podría no haber sido que lo que necesariamente así deba ser.

Sabiendo que todo cambia y nada permanece, William Faulkner elige narrarnos la caída no sólo de una familia disfuncional y rota incluso antes de nacer, sino todo el sistema de valores y creencias del sur de Estados Unidos personificado en sus últimos próceres: los Compson. Esta familia arrojada en medio de los principios del honor familiar, la posesión de tierras y el esclavismo como una de las cualidades esenciales de todo caballero, se encuentra a lo largo de los cuatro días narrados en su ocaso absoluto ante la incapacidad de prefijar un destino a través del cual saberse sobreviviendo; ante el colapso de los valores en los cuales han sido educados, su única salida es morir de forma miserable con ellos entre los insidiosos cuchicheos de aquellos hombres demasiado preocupados por acercar posturas ciegamente hacia las nuevas reglas del capital, esa fosa séptica vendida a los indigentes mentales como piscina.

read more »

null

Los Inmortales: En busca de la venganza, de Yoshiaki Kawajiri

La peculiaridad particular de Nietzsche es la querencia que todos sienten por él pero el poco respeto que se le presta al ahondar con auténtica profundidad en su pensamiento; la complejidad del alemán es tal que parece sencillo de entender, de aprehender en su totalidad, cuando casi en cada oración podemos notar un clic diabólico con el cual ha retratado un problema particular al respecto de la situación del hombre de su tiempo: todo cuanto contiene dentro de sí es brillante en un sentido mágico, como si las ideas mutaran solas más allá de lo que en teoría podría decirse con las palabras. Es por ello que siempre que acudimos a Nietzsche, y en la cultura europea eso ocurre una vez cada tres minutos aproximadamente, debemos hacerlo con la precaución de sabernos leyendo no a un filósofo académico, sino a un escritor que hace filosofía —que sería la característica esencial, en mayor o menor grado, de todo buen filósofo: no se constriñe (absolutamente) a lo formal, sino que explora su propia literaturización del mundo.

La idea del eterno retorno del epígono popular de las formas más alocadas de la escritura como pensamiento del XIX sería uno de esos conceptos que no por sugestivos se han entendido, casi en su totalidad, al revés. Lejos de ser una condición reiterativa de la historia, pues no refiere en caso alguno que la historia sea repetición de cualquier clase, ni mucho menos lectura mística al respecto de una suerte de solipsismo auto-replicante, aunque la metáfora digo eso literalmente, de lo que nos habla con este concepto tan difuso como fascinante es precisamente de un proceso de reivindicación de la vida: el eterno retorno es el momento en que se decide dar el gran sí a la vida, el repetir constantemente la misma vida sin cambiar una sola coma, precisamente en tanto todo el dolor que pueda habernos sido suscitado se compensa por todo lo bueno que ha habido en ella. Esta reflexión profundamente vitalista consistiría en ese gran sí, en aceptar la vida de una manera tan rotunda y profunda que estuviéramos decididos a vivir lo mismo una y otra vez durante toda la eternidad —porque, de hecho, es posible que estemos a su vez sumergidos en ese proceso de forma inconsciente. Sólo partir de aquí se puede entender la conclusión de Los Inmortales: En busca de la venganza en su profunda melancolía, en su ausencia absoluta de heroísmo.

read more »

null

Si tenemos en cuenta que la maternidad pervertida no es sólo una excepción dentro de la naturaleza del hombre —entendiendo tal naturaleza más bien en el radio de acción inmanente del hombre que de una condición esencial en sí: lo que hace el hombre, no lo que nace o hace nacer— sino que de hecho es una constante que ha condicionado al hombre incesantemente, entonces deberíamos comenzar a considerar que la maternidad en el hombre es siempre de facto una perversión. Mientras los animales tienen descendencia no por alguna clase de decisión innata de la necesidad de ver pequeñas réplicas combinadas semi-aleatoriamente entre sus dos progenitores, mucho menos imponiéndoles sus arbitrarias razones existenciales para que sigan su legado, sino por el hecho mismo de un imperativo biológico, el hombre asume con naturalidad el tener hijos por una condición racional específica, ¿quién nos recordará cuando hayamos muerto? Por supuesto esta pregunta, como cualquier buena gran pregunta que se origine en la razón, puede tomar una cantidad cuasi infinita de formas —¿quién me cuidará cuando sea viejo?¿quién seguirá mi legado?¿quién velará por mi parcela del mundo/de la realidad/de la nación cuando yo no esté?— pero sin embargo en todas ellas siempre se remite hacia la necesidad de que algo que sea esencialmente derivado de nosotros construya esa respuesta afirmativa.

Ahora bien, la maternidad pervertida llega en su máxima connotación no tanto con el alien, con aquello que es completamente ajeno de mí mismo pero sin embargo nos es reconocido en maternidad —como constataría la Teniente Ripley en Alien Resurrection—, como con el robot. Cuando hablamos del robot (inteligente) hablamos de una criatura que, de entrada, pervierte en sí misma toda idea de creación natural: es creado en el solipsismo humano sin necesidad de contacto biológico, no es parido sino construido y toda su engendración se basa no en una construcción natural sino maqúinico-científica; la creación de un robot es una construcción quiral al nacimiento de un niño. El robot como nacimiento impoluto, virginal y técnico, democratizante y negador de cualquier condición sexual pretérica, es la perversión última de la maternidad al convertirlo no en algo propio de una feminidad específica sino en una creación auto-poiética: el robot es creado en el propio contexto de lo maquínico, de lo técnico, de lo exclusivamente humano, de lo cual es parte —lo cual nos llevaría a la feminización de la máquina, la uterización de la ciencia germinada por el deseo humano.

read more »

null

A la muerte de un grande que siempre pasó por un mediano como es de hecho Tony Scott, un hombre que derrochaba pasión por el cine sólo quizás en menor medida que por la vida -aunque por su suicidio muchos verán en esto una contradicción, cosa que no es cierta: amar la vida es también aceptar cuando esta se puede convertir en insoportable y atajarla-, la pretensión de ensalzar sus logros pueden pasar por una caterva de falsos cantos de mesianismo que no se ajustarían, ni podrían ajustarse jamás, al auténtico carácter de éste cineasta por rebote: lo suyo no fue nunca la exploración de ejercicios totales trascendentes, más propios de su hermano Ridley, sino precisamente de hacer de cada pequeño gesto que hacía una reivindicación de una estética total. Aunque siempre se cuenta la anécdota de su capacidad para arriesgarse a quemar negativos para conseguir la luz exacta que el intuía que sería la adecuada, la cual no deja de ser una certera caracterización de su pasión por encontrar el arte en su cine, de hecho todo él era una búsqueda de esa estética indómita en todos los aspectos que rodeaban su cine. Tony Scott fue el esteta de la super-producción, el hijo bastardo de la experimentación y la cultura de entretenimiento.

La única vindicación posible de la figura de Tony, o al menos la única que seguramente satisficiera a él mismo, sería aquella que renunciara de cualquier pretensión de intelectualizar o legitimar por motivos artísticos algo que se debe adorar por su construcción discursiva en sí misma; todo lo que hacía eran super-producciones de Hollywood, películas enfocadas al puro entretenimiento, y obviar eso como si de hecho sólo existiera su dimensión estética -que también existe en concomitancia con esta- sería traicionar el espíritu auténtico de su cine. Es por ello que cualquier obituario que se pretenda representativo de lo que hacía uno de los directores más singulares de nuestro presente mainstream, para entender por qué de hecho es una perdida un hombre que siempre se ha considero un hombre capaz de lo mejor y lo peor pero con tendencia hacia esto último, tendríamos no que renegar de su papel como entretenedor sino precisamente ensalzarla: Tony Scott era tanto un director de películas de entretenimiento como un esteta. Por eso, para hablar de él, no hay mejor elección que pararse en Superdetective en Hollywood 2.

read more »

null

A Brother of Low Degree, de Rozz Williams

Lo fascinante del spoken word es su capacidad para purgar cualquier clase de mediocridad que se pretenda instaurar en su seno. Cuando aquel que recita dentro de éste contexto falla en lo musical suena como una fuerza impostada, sin auténtico sentimiento; cuando falla en el recitado, parece una música minimizada hasta un absurdo canturrear sin sentido ni emoción; y cuando fracasa en su plasmación de la idea o el afecto en sí entonces queda destruida toda pretensión de credibilidad: si el spoken word es un género minoritario, oscuro y lleno de basura es porque, de hecho, es una hibridación que siempre juega en los límites del imposible. Cuando uno se enfrenta con el recitar se enfrenta ante la imposibilidad de congeniar los contrarios, de tener que ser consciente de lo que siempre acontece en la inconsciencia pura: el conocimiento consciente y el arte intuitivo se hacen uno en él.

Lo que sentencia aquí Rozz Williams no deja de ser la permutación esencial por la cual rige su vida cualquier persona que se niega a caminar bajo la atenta mirada de falsos mesías, de formas reactivas de la existencia, de ideologías que precoznican un mañana mejor en vez de apropiarse de cada instante de la vida en su exigencia de querer hoy ese disfrutar de lo vivido -estaba fogueado por el trote y dispuesto a hacer una acción, cualquier acción. A partir de aquí se regirá por un deambular de una forma sistemática por una melodía asintomática, cargada de una oscuridad tan profunda que parece no haber nada tras de sí, para hacer de acompañamiento de una letra donde necesariamente se erigirá como fuente en sí misma de la construcción rítmica de su composición; el hermano de grado menor es necesariamente la acción disruptiva del no ser y no creer en la posibilidad de un más allá... después de aquí. ¿Qué sentido tiene entonces suponer que hay que vivir un presente donde ya de hecho se niega la posibilidad de un devenir futuro donde construirse en el cambio? Que de hecho el haber perdido el caso del cadáver rico en putrefacción intestinal nos permite poder construir nuestra propia vivencia personal. No hay ya mesías que adorar, el padre de todas las enfermedades ha muerto con su intestinalidad recursiva que sólo se define en una circularidad constante: crea mierda para seguir creando mierda.

read more »

null

Pálido Fuego: un poema en cuatro cantos, por John Shade

Pretender sintetizar toda una vida siempre es un trabajo ingrato que tiende a explorar la absoluta nada de la que está hecha la vida cuando intenta establecerse en tinta. Siempre que pretendamos reducir nuestra existencia a hitos parecerá que nos quedamos cortos, que aquí o allá siempre podríamos haber dicho algo más, que quizás lo de aquello podría haber sido explícito o más oscuro; en escribir nuestra propia vida por vez segunda siempre hay honorables faltas que desearíamos no haber cometido. Es por ello que escribir una biografía, más si es una auto-biografía, es como vivir la vida en sí misma, lo cual produce que siempre esté en tránsito y por tanto siempre inconclusa. ¿Qué es si no una utopía pretender escribir la vida misma en su completud?

Lo que John Shade, poco antes de que acabara su vida, es sintetizar su vida en 999 versos -aunque se dice que quedó uno perdido, que sería repetición del primero- entre los cuales pretende mostrar todo aquello que le ha llevado a ser como ahora es. La elección es la pretensión de vida que le lleva a construir un imposible, un poema auto-biográfico, en el cual expresar todo aquello que está más allá de su propia vida misma caracterizándose no sólo a sí mismo sino a todo aquello que ha afectado en su vida; el propósito de Shade es construir un mundo don un mínimo común denominador, buscando ese efecto que se sitúa como germen a través del cual puede crecer autónomo, con la ayuda del lector, para mostrarse como la totalidad de su vida en sí misma. Lo que consigue de éste modo es sintetizar imágenes, tropos y extrañezas enajenadas que le llevan hacia un viaje constante hacia ninguna parte cabalgando entre endecasílabos que siempre parecen decir ya no demasiado poco, sino demasiado del alma de un hombre que ha vivido como para saber que incluso aquello que duele es lo que nos ha hecho. John Sade caracteriza la escritura como el pálido fuego que ilumina su propia vida al demostrarse a sí mismo, y no sólo al lector, que es lo que configura su vida en sí misma.

read more »

null

Voodoo Child, de Weston Cage & Nicholas Cage

A pesar de que vivimos en la era de la información, que para conocer cualquier cosa en su nivel de entendimiento más básico sólo necesitamos hacer una simple búsqueda que nos lleva unos pocos segundos, seguimos desconociendo gran parte del mundo que nos rodea. En un sentido geográfico desconocemos que hay más allá de los países más llamativos y poderosos, ya no digamos incluso las ciudades que en estos se contiene a parte de las más importantes, y de las religiones a veces parece como sí creyéramos que todo empieza y acaba en el cristianismo y el budismo; el desconocimiento candente al respecto del mundo que nos rodea es tan profundo que apenas sí podemos decir que conozcamos lo que acontece en nuestro tiempo. Es por ello que ha tenido que venir Nicholas Cage para explicarnos a través de su histriónica visión del mundo que acontece en lo más profundo de éste.

Para conseguir sacarnos de nuestra ignorancia intolerable parte con su hijo, el no menos histrión Weston Cage, a crear un super-héroe moderno que sea creíble y, particularmente, se ocupe de los problemas de la gente común. A partir de esta premisa deciden hacer un retrato de la ciudad de Nueva Orleans post-Katrina en el cual acontece un terror más profundo que el presente, una situación que deviene heredada desde el principio de los tiempos: el esclavismo que hoy ha resucitado por la situación de caos que gobierna en la ciudad. Para enfrentarse contra esta peligrosa amenaza nos presentará la historia de Voodoo Child, un super-héroe basado en las creencias de la magia vudú, como ya bien indica su nombre, que se dedicará a asesinar en nombre de Dios para así liberar a su pueblo de las opresivas garras de los monstruosos hombres blancos que pretenden destruir la paz de su comunidad. De éste modo la historia se convierte en un tour de force de mentiras y conspiraciones, políticas y religiosas, en las cuales la verdad y la mentira están tan íntimamente ligadas que sólo se conocerán cuando ya casi sea demasiado tarde para impedir una catástrofe racista sólo equivalente a las que ya acontecerían dos siglos atrás.

read more »