Subcultura y cultura underground a go-gó

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Nada existe más tóxico para las bellas almas que el enfrentarse contra la alienante geometría perfecta de la modernidad. Si algo une definitivamente el capitalismo con el nazismo, el stalinismo con las monarquías ilustradas, es esa necesidad de convertir todo fundamento de realidad en una pura geometrización del sentido de la existencia: la naturaleza está para ser explotada, el hombre para triunfar sobre ella. O, al menos, aquellos que hayan nacido bajo cierto signo. He ahí la toxicidad que para un hombre sensible provocaría que cualquiera de las formas de organización social de la modernidad se introdujeran dentro de su ADN, pues en ellas no podría encontrar más que la perfecta angustia de un mundo que ha rechazo todo aquello que él representa. ¿Acaso hay sitio para el amor, el origen, el mito y la pasión en la geometría, en la falsa geometría que defienden quienes solucionan todo a través de la técnica? En palabras de Federico García Lorca, los dos elementos que el viajero capta en la gran ciudad son: arquitectura extrahumana y ritmo furioso. Geometría y angustia..

El sentido de Poeta en Nueva York debería articularse entonces bajo esa lectura de la ciudad, desde una perspectiva geométrica y existencial, como dos fuerzas antagónicas en contraposición que se encuentran sólo en su desencuentro: la geometría no crea ninguna condición existencial, sino la angustia ante su ausencia; la existencia no crea ninguna geometría, sino la posibilidad de creerse en una. Por eso la lectura de los poemas es caótica, angustiosa y extraña; Lorca nos sitúa en medio de una trituradora, deshaciendo nuestro cuerpo en sanguinoliento puré de desidia, para recrear esa absoluta ausencia de asideros a partir de los cuales poder constatar algún sentido para nuestra existencia. O algún sentido que vaya más allá del movimiento del capital.

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Esta entrada fue publicada originalmente en la revista digital de música ngo el día 25 de Diciembre de 2011 y ha sido re-escrita para la ocasión.

Утро, de Утро

Que un grupo ajeno de la habla inglesa consiga un cierto éxito internacional es algo tan utópico como fascinante cuando ocurre, la imposibilidad del público mayoritario para aceptar algo que se escape de sus coordenadas simbólicas básicas heredadas. Ni el público está dispuesto a aceptar sonidos que no les sean ya familiares, lo cual condena casi todo al underground, ni la crítica es capaz de aceptar algo que no entiende; la situación de la música actual es completamente anglófona, aun cuando es un problema global de prácticamente toda la cultura -con algún mínimo y muy escaso recoveco en la literatura. Quizás porque precisamente combinan ambos aspectos para no marginalizar una música externa a los países anglosajones (ser en inglés y sonar familiar) Motorama han conseguido una modesta pero interesante visibilidad en Occidente: con su post-punk primitivo pero eficiente, sumado a unas letras insufladas de fervor juvenil, conquistar los corazones de los relamidos WASP -que son, a fin de cuentas, el grueso cultural de crítica y público- que se ven reflejados en estos rostros rusos que no son rusos: jóvenes, de lengua anglosajona, cercanos a Walt Whitman y extrañamente familiares. Nada más pide la cultura dominante a sus colonizados.

¿Por qué nos interesa la inaceptación de las identidades neo-coloniales cuando, precisamente, toca hablar de un grupo que se define por ser estrictamente ajeno a la metrópolis? Porque Утро son exactamente los mismos miembros que Motorama sólo que cambiando dos aspectos fundamentales: son más oscuros, con lo cual se pierde la mayor parte de su accesibilidad, y cantan en ruso; Утро, a diferencia de Motorama, están condenados de por vida a ser ignorados fuera de las fronteras eslavas. A diferencia de Motorama, los educados chicos de las colonias que vienen a saludarnos con nuestras lenguas, estos son siniestros bárbaros imponiendo un lenguaje extraño y ajeno pretendiendo copar el orden civilizado con una cultura salvaje e indómita. Y eso da miedo.

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