Subcultura y cultura underground a go-gó

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La concepción del héroe como un ser perfecto, o en búsqueda de su perfección, incapaz de errar y con una brújula moral a prueba de bombas es, probablemente, la mayor fantasía que nos haya dado la ficción nunca. Y es que Tony Stark no dudará en afirmarnos que es así mientras nos brinda con la décima copa del día en Ultimate Armor Wars.

Con un guión obra del siempre demasiado poco vanagloriado Warren Ellis este arco nos cuenta las peripecias de Stark para recuperar los prototipos de su armadura a lo largo del mundo entero. Entre medias se propondrá las metas de acostarse con una hermosa joven, pasarse más tiempo borracho que despierto, salvar su reputación y utilizar la violencia sin muestra alguna de escrúpulos a cualquiera que se oponga a sus deseos. Y, por supuesto, todo esto lo hace mientras graba un podcast. Si le sumamos que todo es un absurdo mixtape entre una Europa decinomónica y el continuo abuso de la tecnología de Stark utilizada de un modo ilegítimo, la policía de Inglaterra incluida, conseguimos un canto a la gloría de un anti-héroe de la testosterona. Todo esto para acabar en un final absurdo, tramposo, facilón y maravillosamente pulp que en cualquier otro medio haría arrancarse el alma a los críticos al grito de estafa.

La obsesión hi-tech, rozando la tecnofilia, de Tony Stark es justamente un reflejo de esa misma obsesión que tiene Warren “Rey de Internet” Ellis por todo lo que huela a que el futuro ya fue ayer. Y con esto último juega entre chascarrillos el final del cómic. La grandiosidad del hoy ya fue ayer y la familia Stark sabe manipular a los suyos, porque Tony ya fueron los demás. La tecnología y las personas son un reflejo de los fantasmas del ayer.

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Cualquier pequeño desliz en la historia hubiera provocado que todo hubiera sido completamente diferente. Esto lo tiene muy claro el siempre brillante Warren Ellis en su cómic Ruinas.

El fotógrafo Philip Sheldon va investigando por todo Estados Unidos los casos de los superhéroes buscando que es lo que pudo salir mal para que el mundo se venga abajo. En este universo paralelo de Marvel los superhéroes o están bien muertos o bien son proscritos peligrosos que van contra la ley. Aquí no son más que figuras trágicas lastradas por unos poderes que, sumados a su angst existencial, les lleva a la absoluta perdición de la que jamas podrán huir. Sheldon nos va presentando las pruebas una a una, sin descanso, abordando todo lo que puede en el menor tiempo posible, tiene poco tiempo para hacerlo. El campo de concentración skrull, la muerte de Los Vengadores, un Hulk tumoral o la prisión de superhéroes cuyo alcaide es Fisk. Un patético mundo cuya acelerada existencia va paralela a la acelerada presentación de todas las pruebas. Solo al final, antes de que sobrevenga la muerte, podemos vislumbrar que es lo que pudo salir mal, cual fue el error fatal e insignificante que llevo al mundo al caos.

Incluso el más insignificante hecho puede cambiar la historia de un modo aterrador. Un mundo de oro, de color y felicidad puede convertirse en el más brutal y cruel de los mundos de hierro, tonalidades de negros y tristeza infinita. A veces, una persona normal, un héroe, su decisión, es lo que puede decidir si el mundo sera más o menos triste y oscuro.