el rocketjump audiovisual pasa por tu moneda

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Cuando se tra­ta de ar­te cuen­ta más el te­són y las bue­nas ideas que la ne­ce­si­dad de gas­tar di­ne­ro in­clu­so en el mun­do del ci­ne don­de se ba­ra­jan nú­me­ros to­tal­men­te fue­ra del al­can­ce del mor­tal co­mún. Pero si al­guien nos de­mos­tró que se pue­den ha­cer gran­des cor­to­me­tra­jes lle­nos de ac­ción con un ba­jo pre­su­pues­to ese es, sin du­da, Freddie Wong.

A al­gu­nos de los pre­sen­tes os so­na­rá el nom­bre de Freddie Wong por ser el ga­na­dor del pri­mer tor­neo ofi­cial de Guitar Hero a ni­vel mun­dial y buen vi­deo­ju­ga­dor en sus ra­tos li­bres. Como vi­vir de las ren­tas del jue­go pro­fe­sio­nal es di­fi­cil de­ci­dió se­guir con otro de sus hobbys, rea­li­zar pe­que­ños cor­tos ca­se­ros con su gru­po de ami­gos. Y es con­ju­gan­do sus dos pa­sio­nes don­de en­con­tró el equi­li­brio per­fec­to en el cual con­se­gui­ría ser ya un per­so­na­je mí­ti­co den­tro de la teo­go­nía you­tu­bes­ca. Todo lo que su­po­ne Scott Pilgrim vs. The World en la hi­bri­da­ción de los len­gua­jes del vi­deo­jue­go «yo con­tra el ba­rrio» con el ci­ne de ar­tes mar­cia­les su­po­nen en igual me­di­da los cor­to­me­tra­jes de Wong en el te­ji­do de las cos­tu­ras de los shoo­ters más adre­na­lí­ti­cos en las en­tre­te­las del ci­ne de ac­ción más ortodoxo.

Y es que su sal­to a la pa­les­tra en la red fue su cor­to ho­me­na­je del ya mí­ti­co Time Crisis pa­ra el que con­tó con el ac­tor Andy Whitfield. Mezclando sin com­ple­jos los su­pues­tos más bá­si­cos del ci­ne de ac­ción van des­gra­nan­do las más ab­sur­das de las pe­cu­lia­ri­da­des del jue­go en un con­tex­to real. El te­ner que dis­pa­rar to­das las ba­las an­tes de re­car­gar, só­lo po­der mo­ver­te cuan­do no hay enemi­gos e inú­ti­les pe­ro efec­tis­tas usos va­ria­dos de la cá­ma­ra len­ta son ejem­plos de la su­rrea­lis­ta com­bi­na­ción. Todo es­to sin con­tar con la em­bes­ti­da de las uzis del enemi­go de fi­nal de fa­se que apa­re­ce dis­pa­ran­do con me­dio cuer­po fue­ra del te­cho de un co­che ocul­to por un gru­po de ca­jas has­ta el mo­men­to. El re­sul­ta­do ha­bla por si so­lo, 2,288,739 de vi­si­tas del ví­deo en el mo­men­to de hoy y uno de los cor­to­me­tra­jes ins­pi­ra­do en vi­deo­jue­gos más acla­ma­dos por los fanáticos.

Por su­pues­to la can­ti­dad de cor­to­me­tra­jes han ido ca­da vez en un au­men­to ma­yor gra­cias a la po­pu­la­ri­dad que han ido con­si­guien­do las di­ver­ti­dí­si­mas es­ce­nas de ac­ción que rea­li­za nues­tro ami­go Freddie. Por ejem­plo nos en­se­ña el es­tram­bó­ti­co va­lor que su­po­ne usar el roc­ket­jump pa­ra aca­bar con un enemi­go apos­ta­do, co­mo Modern Warfare pue­de con­ver­tir­se en un even­to hip­pie lleno de dro­gas psy­cho­dé­li­cas o, ya que no so­lo de ac­ción vi­ve el geek, su pe­cu­liar con­cep­ción de la mú­si­ca del fu­tu­ro co­mo si to­car en un gru­po fue­ra co­mo ju­gar a Rock Band. Incluso se atre­vió con el más di­fi­cil to­da­vía al plan­tear gra­bar du­ran­te un mes ca­da uno de sus ví­deos en una lo­ca­li­za­ción di­fe­ren­te del país en su pe­cu­liar Youtube Roadtrip 2010 que se­gún pa­re­ce fue to­do un éxito.

No sa­be­mos que nos de­pa­ra­rán los fu­tu­ros tra­ba­jos del se­ñor Wong pe­ro de lo que no ca­be du­da es que se­rán tan ge­nia­les co­mo to­dos los cor­tos que ha ido ha­cien­do has­ta el mo­men­to. Y pa­ra aca­bar les de­jo con su úl­ti­mo cor­to, que en­ca­be­za es­te post, don­de ho­me­na­jea ese par de es­pan­tos que na­die sa­be muy bien que na­ri­ces sig­ni­fi­can co­mo son Inception y el Thanksgiving. Lo im­por­tan­te no es lo que ne­ce­si­tas sino lo que pue­des ha­cer con lo que tienes.

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