Ian Astbury

BXI. Sobre rituales thelémicos para despertar la voluntad dormida del Sol.

13/09/2011
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La ma­gia –y por ma­gia de­be­ría­mos en­ten­der, alu­dien­do a tér­mi­nos an­glo­sa­jo­nes sin tra­duc­ción, no la ma­gic con sus im­pli­ca­cio­nes de pres­ti­di­gi­ta­dor si­no la ma­gick de Thelema- es qui­zás el sis­te­ma más po­li­mor­fo de cuan­tos ha crea­do el hom­bre: aun cuan­do se cir­cuns­cri­be en vi­sio­nes cul­tu­ra­les de la reali­dad siem­pre alu­de a su pa­tro­naz­go esen­cial­men­te na­tu­ral; cons­tru­ye con he­rra­mien­tas cul­tu­ra­les –o con­cep­tua­les, pa­ra ser más exactos- cam­bios de­ve­ni­dos en la en­ti­dad na­tu­ra­li­za­da del mun­do. Por eso Aleister Crowley ja­más pro­pu­so un uso de la ma­gia que se ba­sa­ra en la dis­tor­sión de los sen­ti­dos del que te­ne­mos de­lan­te, si­no que edi­fi­có su sis­te­ma co­mo una brú­ju­la in­ten­cio­nal de la vo­lun­tad de ca­da in­di­vi­duo par­ti­cu­lar. Es por eso que la ma­gia, le­jos de ser una ca­sua­li­dad de fe­rian­tes –o, al me­nos, en tan­to su in­ter­pre­ta­ción no literal-, se de­fi­ne co­mo una au­tén­ti­ca fi­lo­so­fía vi­tal: ca­na­li­za los de­seos dor­mi­dos de los in­di­vi­duos ha­cia una re­crea­ción real en el mun­do. Por eso BXI de Boris e Ian Astbury po­dría­mos con­si­de­rar­lo una evo­ca­ción del mi­cro­cos­mos the­lé­mi­co a tra­vés de un ri­tual má­gi­co ca­na­li­za­do a tra­vés de la mú­si­ca, por­que va en bús­que­da de un des­per­tar de la con­cien­cia del in­di­vi­duo a tra­vés de la ca­na­li­za­ción de sus de­seos re­pri­mi­dos.

En la tor­men­ta an­te las puer­tas del cie­lo só­lo el amor en­mar­ca­do en la vio­len­cia po­drá en­cen­der el au­tén­ti­co de­seo. El ti­rá­ni­co Dios ve­rá co­mo la crea­ción na­tu­ral, to­tal­men­te aje­na de sí en tan­to en­ti­dad cul­tu­ral, lo des­tri­pa­rá pa­ra lan­zar­lo so­bre las es­tre­llas im­plo­sio­nan­do en pu­ra be­lle­za sal­va­je. Porque aun­que él se ha­ya in­ten­ta­do ha­cer due­ño y se­ñor de una na­tu­ra­le­za que no le per­te­ne­ce és­te le ha re­cha­za­do con el de­seo fe­bril de ver muer­to a su im­pos­tor; con ga­rras y dien­tes a tra­vés de la bal­bu­cean­te voz de un ni­ño. La ma­gia es par­te de la na­tu­ra­le­za, de la li­ber­tad y el de­seo, no de un ti­ra­no en­tro­ni­za­do cul­tu­ral­men­te.

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la música es la esencia del viaje del alma

17/09/2010
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La música nos conduce a una serie de estados mentales y anímicos por tanto escuchar una u otra canción puede determinar como nos sentimos o que hacemos en cada momento. Con esta idea en mente la música no se convierte en algo exclusivamente disfrutable sino que se hace algo de una importancia vital para el melómano. Quizás de ahí la necesidad de hacer una breve sesión de música.

Con un sonido ecléctico y una selección que ya hemos visto, al menos tangencialmente, por estos lares en mayor o menor medida se acerca la sesión que, por fin, he dado por finiquitada. El saltarme cualquier condición de género o cualquier clase de norma que se puede hacer o no el resultado es, si cabe, aun más bizarro de lo esperado. Canciones de hoy y siempre cuyo único denominador común es la absoluta pasión que desprenden en cada una de sus notas. Un trabajo de amor puro.

Pasen y vean, por favor.

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