Kupek

la música es la esencia del viaje del alma

17/09/2010
/ / /

null

La música nos conduce a una serie de estados mentales y anímicos por tanto escuchar una u otra canción puede determinar como nos sentimos o que hacemos en cada momento. Con esta idea en mente la música no se convierte en algo exclusivamente disfrutable sino que se hace algo de una importancia vital para el melómano. Quizás de ahí la necesidad de hacer una breve sesión de música.

Con un sonido ecléctico y una selección que ya hemos visto, al menos tangencialmente, por estos lares en mayor o menor medida se acerca la sesión que, por fin, he dado por finiquitada. El saltarme cualquier condición de género o cualquier clase de norma que se puede hacer o no el resultado es, si cabe, aun más bizarro de lo esperado. Canciones de hoy y siempre cuyo único denominador común es la absoluta pasión que desprenden en cada una de sus notas. Un trabajo de amor puro.

Pasen y vean, por favor.

Read More

el ánima de los mitos

24/07/2010
/ / /

null

La re­in­ter­pre­ta­ción es una cla­ve ex­ce­si­va­men­te in­fra­va­lo­ra­da en el ar­te de un tiem­po a es­ta par­te. Aun exis­tien­do en la mú­si­ca los re­mi­xes y las ver­sio­nes siem­pre pa­re­ce que los ar­tis­tas se li­mi­tan a imi­tar lo que han es­cu­cha­do a su ma­ne­ra, sin in­ten­tar apor­tar al­go sus­tan­cial­men­te nue­vo, sa­car a la luz al­go que es­tu­vie­ra es­con­di­do en­tre esas no­tas. Salvo Bryan Lee O’Malley con su one man band, Kupek.

En su dis­co Nameless, Faceless Compilation des­pués de un agra­da­ble em­pa­cho de in­die pop de lo más naïf se des­cuel­ga de re­pen­te con una ver­sión de Born Slippy de Underworld. Huyendo de los so­ni­dos elec­tró­ni­cos mi­ra más allá de la pro­pia can­ción y no so­lo la lle­va a su es­ti­lo, si­no que la re­in­ter­pre­ta de prin­ci­pio a fin. Es la mis­ma can­ción, son las mis­mas no­tas, pe­ro a la vez es al­go to­tal­men­te di­fe­ren­te, al­go nue­vo, al­go que siem­pre es­tu­vo en­ce­rra­do ahí y, so­lo aho­ra, ve la luz. La can­ción se vuel­ve dul­ce y tier­na, con una ale­gre me­lan­co­lía que nos em­pa­pa en­te­ra­men­te de prin­ci­pio a fin. A su vez, con su mi­ni­ma­lis­mo ba­rro­co, con­si­gue des­per­tar una reali­dad la­ten­te que es­ta­ba ya tan­to den­tro de la pro­pia com­po­si­ción, co­mo den­tro de no­so­tros mis­mos.

Cuando uno re­in­ter­pre­ta de­be ha­cer­lo con la ca­be­za, el co­ra­zón y el al­ma, pro­pio y de la com­po­si­ción. La bús­que­da del au­ten­ti­co men­sa­je es­con­di­do en el áni­ma de la mú­si­ca es otra de las la­bo­res del mú­si­co que de ver­dad ama su ar­te. Y den­tro pa­sea un án­gel…

Read More