Los Planetas

la crítica como objeto analizado desde dentro de sí

18/03/2011
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Un con­cep­to bá­si­co que pa­re­ce ha­ber­se per­di­do, de for­ma par­ti­cu­lar­men­te san­gran­te en la na­ción ta­xis­ta que es nues­tra piel de to­ro, es que de lo que no se sa­be es me­jor ca­llar. Así la ne­ce­si­dad de opi­nar aun cuan­do la ig­no­ran­cia nos in­va­de es al­go de lo cual se li­bran muy po­cas per­so­nas, en­fa­ti­za­do aun más por la de­mo­cra­cia dia­léc­ti­ca que su­po­ne Internet. Ahora bien, si hay un pro­ble­ma que pue­de com­pe­tir en su ca­pa­ci­dad de fla­ge­la­ción es el ma­ni­do y ro­to ar­gu­men­to de au­to­ri­dad. Y es así co­mo uno pue­de en­con­trar­se con idio­te­ces del ca­li­bre del ar­tícu­lo de Rolling Stone don­de Marianne Ax, pro­fe­so­ra de can­to, juz­ga las ca­pa­ci­da­des vo­ca­les de los ar­tis­tas del in­die es­pa­ñol.

La su­po­si­ción de que al ser una ex­per­ta en el en­tre­na­mien­to de las ac­ti­tu­des vo­ca­les pa­ra el can­to ne­ce­sa­ria­men­te pue­de juz­gar to­da cla­se de cri­te­rio vo­cal se de­rrum­ba en cuan­to abre fue­go de los mo­dos más dis­pa­ra­ta­dos. Sin en­trar en la pro­ble­má­ti­ca de las no­tas, otra no­ción ab­sur­da a la cual ata­car en otro mo­men­to, sus va­lo­ra­cio­nes son siem­pre des­de una vi­sión aca­de­mi­cis­ta de una ten­den­cia pop que es­tá muy le­jos de de­fen­der pos­tu­ras ne­ce­sa­ria­men­te clá­si­cas. Esto se ve de for­ma muy pre­cla­ra en su crí­ti­ca de Los Planetas cuan­do afir­ma sin nin­gún pu­dor «Este me gus­ta bas­tan­te más que el an­te­rior (Francisco Nixon), pe­ro si­gue sien­do mo­nó­to­no.» con res­pec­to a Jota. Antes que la eti­que­ta de in­die, en la cual no de­be­ría en­trar ja­más un gru­po co­mo és­te, de­be­ría­mos ha­blar de shoe­ga­ze y es ahí don­de su crí­ti­ca se vuel­ve es­tú­pi­da. Un gé­ne­ro ba­sa­do en las dis­tor­sio­nes y en los mu­ros de rui­do blan­co no se pue­de pre­ten­der te­ner una voz vi­vaz, un ba­rí­to­no ex­pre­si­vo de dic­ción per­fec­cio­na­da; y no pue­de por­que iría con­tra el gé­ne­ro mis­mo. La crí­ti­ca ja­más de­be ha­cer­se des­de los ina­mo­vi­bles va­lo­res des­de el aca­de­mi­cis­mo, siem­pre es­tul­to y re­tra­sa­do, si­no que de­be ba­jar has­ta el cam­po don­de se jue­ga el par­ti­do pa­ra juz­gar con sus pro­pias re­glas. De po­co va­le re­cal­car opi­nio­nes per­so­na­les o plan­te­ar crí­ti­cas aje­nas al ni­vel en el que se es­tá ac­tuan­do si se pre­ten­de juz­gar de un mo­do rea­lis­ta lo que se es­tá es­cu­chan­do.

No se­ré yo quien pon­ga en du­da que Lurdes de Russian Red no sa­be vo­ca­li­zar bien en in­glés o si que can­te co­mo una ni­ña es feo o no, pe­ro des­de lue­go no ca­be cri­ti­car la mú­si­ca po­pu­lar des­de los cá­no­nes aca­de­mi­cis­tas. Y, de in­sis­tir en que­rer ha­cer­lo, el mun­do aca­dé­mi­co de­be­rá em­pe­zar a acep­tar que la hi­bri­da­ción de ob­je­tos cul­tu­ra­les di­ver­ge, ne­ce­sa­ria­men­te, ha­cia una di­fu­ma­ción sub­je­ti­va­da de lo que es­tá bien y mal. La cul­tu­ra só­lo se pue­de juz­gar des­de den­tro de sí mis­ma.

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la música es la esencia del viaje del alma

17/09/2010
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La música nos conduce a una serie de estados mentales y anímicos por tanto escuchar una u otra canción puede determinar como nos sentimos o que hacemos en cada momento. Con esta idea en mente la música no se convierte en algo exclusivamente disfrutable sino que se hace algo de una importancia vital para el melómano. Quizás de ahí la necesidad de hacer una breve sesión de música.

Con un sonido ecléctico y una selección que ya hemos visto, al menos tangencialmente, por estos lares en mayor o menor medida se acerca la sesión que, por fin, he dado por finiquitada. El saltarme cualquier condición de género o cualquier clase de norma que se puede hacer o no el resultado es, si cabe, aun más bizarro de lo esperado. Canciones de hoy y siempre cuyo único denominador común es la absoluta pasión que desprenden en cada una de sus notas. Un trabajo de amor puro.

Pasen y vean, por favor.

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