Año: 2009

  • todo especial tiene su justo final

    Todo se aca­ba y eso in­clu­ye Halloween y es­te hu­mil­de es­pe­cial que es­pe­ro ha­ya gus­ta­do tan­to co­mo yo he dis­fru­ta­do es­cri­bién­do­lo y so­lo es­pe­ro que el año que vie­ne po­da­mos te­ner mas y me­jor de to­do es­to. Así so­lo que­da ha­cer una pe­que­ña guía de pos­teos y de­sear­les que dis­fru­ten de es­ta ma­ra­vi­llo­sa fiesta.

    Guía de posteos:

    Volvieron a por su venganza
    El hom­bre es un lo­bo pa­ra el hombre
    El nue­vo gran guig­nol de Cinema Strange
    khlûl’-hloo
    Las mo­de­los pú­tri­das quie­ren tus ojos
    Bailando con momias
    Embalsamando en 35mm
    Nos da­rán a co­no­cer el dolor
    Combate a muer­te en la ca­sa del puroresu

    Y pa­ra aca­bar no pue­do ol­vi­dar­me de in­ter­ven­cio­nes aje­nas al blog par­ti­ci­pan­do en el es­pe­cial de Halloween de El Emperador de los Helados en My Horror Love y por su­pues­to, la ra­ción nor­mal bi­za­rra de Yes, We Pink!.

    Con es­to ya ter­mino de­seán­do­les un fe­liz Halloween y que es­pe­ro ver­les a to­dos el año que vie­ne por aquí.

  • combate a muerte en la casa del puroresu

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    En mo­men­tos de cri­sis to­tal hay que acep­tar cual­quier opor­tu­ni­dad pa­ra sa­lir pa­ra ade­lan­te, si pier­des to­do y la vi­da de quie­nes quie­res pen­de de un hi­lo se­ras ca­paz de cual­quier co­sa por se­guir ade­lan­te. De es­to tra­ta Oh! My Zombie Mermaid (Â! Ikkenya puroresu).

    Esta es la his­to­ria de Kouta Shishioh, un lu­cha­dor de pu­ro­re­su que ve co­mo su ma­yor enemi­go, Ichijoh, des­tru­ye su ca­sa mien­tras al tiem­po, su es­po­sa se ve afec­ta­da por una bac­te­ria que la con­ver­ti­rá in­exo­ra­ble­men­te en una si­re­na. En es­tas cir­cuns­tan­cias acep­ta el tra­to de un pro­duc­tor de te­le­vi­sión sin es­crú­pu­los, par­ti­ci­par en su pro­gra­ma House of Wrestling, en don­de si ga­na a los lu­cha­do­res que hay en su in­te­rior en una se­rie de death­matchs la ca­sa se­ra su­ya, El pro­ble­ma es cuan­do to­dos y ca­da uno de los lu­cha­do­res son ver­da­de­ros mons­truos que for­man el equi­po in­fer­nal DDD.

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  • nos darán a conocer el dolor

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    Todos los mie­dos son la re­pre­sen­ta­ción de un úni­co mie­do pri­mor­dial y ab­so­lu­to, el mie­do a la muer­te. Tememos a la os­cu­ri­dad por­que en ella ace­cha lo des­co­no­ci­do, lo des­co­no­ci­do es lo que nos ma­ta­ra y no exis­te na­da mas des­co­no­ci­do que los se­res que es­tán mas allá de la realidad.

    Hellraiser de Suicide Commando y re­mi­xea­da por VNV Nation es una jo­ya del industrial/EBM. Un rit­mo muy mar­ca­do, una es­truc­tu­ra bai­la­ble y una voz ve­ni­da de los do­mi­nios de Leviathan nos evo­can el má­xi­mo pla­cer a tra­vés del do­lor de mano de un ce­no­bi­ta que vie­ne tras no­so­tros. Beats, vi­ni­lo y te­rror pa­ra el so­ni­do de la nue­va era, la era del do­lor auto-infligido.

    Traerán el in­fierno a la tie­rra con su música.

  • embalsamando en 35mm

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    En los subur­bios de Colombia so­lo se pue­de en­con­trar co­rrup­ción, dro­gas y, so­bre­to­do, muer­te y de es­to ul­ti­mo se en­car­ga Orozco, el pro­ta­go­nis­ta de Orozco el Embalsamador de Tsurisaki Kiyotaka.

    Este di­rec­tor ja­po­nes de pe­lí­cu­las porno y de­cla­ra­do fo­tó­gra­fo de la muer­te fil­mo du­ran­te 3 años en El Cartucho, una pe­li­gro­sa zo­na de Colombia, es­te in­co­mo­do mon­do con­tem­po­rá­neo. Durante ho­ra y me­dia nos re­tra­ta pa­so por pa­so el tra­ba­jo de Froilán Orozco Duarte, uno de los em­bal­sa­ma­do­res de la zo­na, des­de la muer­te en la ca­lle del su­je­to has­ta que ter­mi­ne el tra­ba­jo Orozco. Lo sór­di­do y de­ca­den­te del am­bien­te aña­de un pun­to de re­pug­nan­cia a unas es­ce­nas que, ya de por si, re­vuel­ven el es­to­ma­go por el uso de in­có­mo­dos zooms ca­da vez que al­guien ve sus tri­pas abier­tas so­bre la me­sa. Todo un es­pec­tácu­lo so­bre la muer­te en el tan ol­vi­da­do se­gun­do mundo.

    La de­gra­da­ción fí­si­ca y mo­ral de una zo­na que no tie­ne re­cur­sos pa­ra que los vi­vos si­gan vi­vos de­ma­sia­do tiem­po. Al ho­rror des­de la reali­dad que no que­re­mos ver en nues­tros telediarios.

  • bailando con momias

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    Los ghuls son tan an­ces­tra­les co­mo la ci­vi­li­za­ción mis­ma ras­go en co­mún con la mú­si­ca y sien­do que el ghul mas an­ti­guo co­no­ci­do de his­to­rias son las mo­mias y pa­ra al­gu­nos el ga­ra­ge es al­go del pa­leo­lí­ti­co de­be­mos ha­blar de The Mummies, el gru­po de ga­ra­ge punk com­pues­to úni­ca­men­te por momias.

    En Death by Unga Bunga en­con­tra­mos una ris­tra de can­cio­nes que nos ha­blan de his­to­rias de te­rror al rit­mo de un fre­né­ti­co y añe­jo ga­ra­ge punk, una ex­qui­si­ta mues­tra de que el ga­ra­ge es­ta no-muerto, co­mo el gru­po, eter­na­men­te en­fun­da­do en sus ven­das. Con mu­chas y muy cla­ras in­fluen­cias del surf rock nos re­ga­lan un dis­co de him­nos ale­gres y fies­te­ros pa­ra bai­lar co­mo si vol­vié­ra­mos a los 60’s, unos 60’s ade­re­za­dos con el ci­ne de los 80’s en una mez­cla de pu­ro ho­rror y di­ver­sión pa­ra una ge­ne­ra­ción que cree que el ga­ra­ge punk es co­mo las mo­mias, un no-muerto.

    Las mo­mias vuel­ven des­de su tum­ba pa­ra ha­cer­te bai­lar y, a me­nos que seas un zom­bie xe­no­fo­bo, ¿acep­ta­ras su dan­za macabra?