Subcultura y cultura underground a go-gó

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Aunque no seamos conscientes hasta que punto es cierto, existe una distancia infinita entre teatro y cine: ambos necesitan de actores, directores, escenarios y guiones, lo cual les asemeja en una (falsa) proximidad que nos hace creer en la facilidad de su trasvase; en verdad, sus elementos no pueden sustituirse libremente: el salto de lo teatral a lo cinéfilo, no digamos ya al contrario, rara vez da usufructos. Son dos medios diferentes y diferenciados; no resulta ningún mérito haber sido actor de teatro para abordar la tarea del cine, cuando las cualidades necesarias para cada uno de éstos son diferentes entre sí. Si pensamos el teatro debemos hacerlo de forma ajena al cine, igual que no pensamos el cine desde el teatro, para poder elucubrar así tesis que sean consistentes con la única realidad patente que debe interesarnos en tanto tal: la actuación en un espacio-tiempo en escala, sin montar.

Encontrarse con Takashi Miike ya no detrás de las cámaras —que también, pero de forma secundaria: es un complemento, no base, del proyecto—, sino detrás de las cortinas tiene algo de catártico. Catártico porque tiene algo de respuesta. Demon Pond es un clásico del teatro nipón que nos cuenta una historia muy querida en su país, una historia de amor y responsabilidad que ha tenido ya decenas, sino cientos, de re-lecturas; un clásico que hace enfrentarse al japonés contra un guión ya mil veces trillado, del que nada epatante puede introducirse: sus trucos de chico espectacular o bien no funcionan o son ya conocidos en la obra: si conseguía llevar a buen puerto la producción es porque había algo más aparte de sentido exquisito para la boutade. Lo había.

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Bbiribbom Bberibbom, de Co-Ed School

La dificultad de definir el amor en términos racionales nos ha llevado, de un modo más o menos sistemático, a diferentes representaciones de éste como amour fou, el amor como locura. Los ejemplos más famosos del amor, y aquí hablaremos del paso anterior al amor loco: el amor adolescente, irían precisamente en la dirección de denunciar esta locura que supone el amor en sí mismo. Desde Romeo y Julieta de Shakespeare hasta Las cutias del joven Werther de Goethe o, de paso, la saga Crepúsculo todo no dejan de ser denuncias y alabanzas por un amor loco, un amor prohibido y que va más allá de toda lógica, que acaba de forma más o menos trágica pero que necesariamente pasa por el dolor, por la renuncia del sentido, para constituirse como amor. El problema de esta posible interpretación es que caracteriza el amor no como algo digno de ser perseguido o algo que sea normal pretender alcanzar, todas estas interpretaciones dejan al amor en la posición de hechos adolescentes que apenas sí valen para auto-destruirse de formas particularmente elaboradas. El amor adolescente se considera como la incapacidad de elegir de forma adecuada lo que más conviene a uno mismo.

El amor loco sería el amor que se produce en las conformaciones adultas de las personas que no saben elegir las formas más estables de relación para la sociedad. El amor loco es: el pasional desenfrenado, el que elige dedicar su vida por completo al otro, el romántico en todas sus formas no basadas en las tibias formalidades o el (moderado y ahorrativo) uso de capital de alguna clase, el que se salta las convenciones sociales y el que dirán, el que aparece sin poder explicar por qué, el que no necesita de formalizarse legalmente o, en general, aunque no exclusivamente, cualquier clase de relación amorosa que la sociedad no pueda clasificar, compartimentar y controlar; cualquier relación que no se base en la producción de tiempo laboral. Es por ello que estas formas de amar llevan a que las personas sean tachadas de pueriles, infantiles o, en el peor de los casos y siguiendo la clásica escalada de irracionalidad, locos; todo aquel que no sigue lo que la sociedad establece como una relación saludable, que podría traducirse como relación fácilmente controlable y predecible, está condenado a la locura. Por eso resulta particularmente sugestivo el tema de Co-Ed School.

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