Subcultura y cultura underground a go-gó

null

1.

Si decimos de una película que invierte cien minutos en auto-explorarse, que se toma cien minutos para prologar su acción, parecerá que esgrimimos en crítica lo que podría entenderse por dilatación innecesario; nada más lejos de la realidad, de argumentar el estúpido «es un corto alargado», para hablar de un prodigio de metatextualidad. Sion Sono, adalid de paciencia en tanto frenesí entendido como escamotear al espectador la conciencia de velocidad asumida —o lo que es lo mismo, encontrarse con el proceso narrativo tan saturado que requiere paladearlo con lentitud: va rápido para permitirnos ir lento—, no teme dejarse llevar por la consciencia asumida como auto-exploración; no pone diques, sino que asume su posición como autor. Posición como autor no sostenida desde el control, sino desde la liberación calculada de la narratividad: se deja llevar, transitar, por una narración que excede, y define, su propia existencia.

2.

Dos hombres quitan un cartel para poner otro. Mientras uno trabaja, el otro ejerce de profesión voyeur asomado a la ventana de la amante de un jefe yakuza local.

¿Qué tiene que ver con la historia? Nada en absoluto. Salvo porque el yakuza local resulta ser padre de una estrella infantil, convertida ahora en adolescente impertinente y olvidada, de la cual estará enamorado un chico al cual secuestra, que se ve obligado a hacer una película sin tener la más mínima noción de cine, encontrándose por casualidad —siendo la casualidad vomitar sobre ofrendas, haciendo del regurgitar su ofrenda creativa— con un grupo de cineastas amateur que buscan financiación para su película definitiva, ellos resultan conocer a otro yakuza local enemigo del anterior. Chimpón. ¿Qué tiene que ver entonces con la historia? Nada en absoluto. Salvo porque el primer yakuza local resulta msotrarse ausente en ocasiones de esa casa, o que usa a sus amantes como argumento metafórico para tratar los temas de producción de la película. ¿Qué diablos tiene que ver entonces con la historia? Lo dicho: nada en absoluto. Nada en absoluto si se considera que narración es aquello que «a» conduce a «b» para concluir en «c», también conocido como historia. ¿Si nada aporta a la historia no es inútil hablar de ello en tanto «narración»? En absoluto.

read more »

null

Fraction (en Fraction)
Shintaro Kago
2013

A veces el foco decide situarse en las periferias de la norma. Quizás por eso Shintaro Kago no sólo haya disfrutado de reciente popularidad en nuestro país, sino que se ha asentado como maestro dentro de su campo: el ero-guro y la experimentación con el lenguaje del cómic. No le faltan honores para serlo. A pesar de que la tradición del ero-guro es desconocida en el país —si excluimos Suehiro Maruo y Edogawa Rampo, a los cuales nunca se les ha dado peso en el ámbito cultural, no se conoce nada—, algo obsceno seduce en su obra para que crítica y público coincidan en las bondades de un autor que cultiva lo que, en teoría, es un manga de nicho.

read more »

null

Es difícil explicar el valor de los valores abstractos. El amor, la mística o la metafísica son elementos con puntos próximos pero que, en último término, se articulan en común por la imposibilidad de su reducción en cálculo; son experiencias que trascienden lo cuantificable o lo experimentable, lo científico, para convertirse en verdades propias de lo humano irreductibles a su propia esencia. En tanto su significación es personal, no universal, no pueden explicarse. O no de forma directa. Sólo cuando damos un rodeo, cuando hacemos ver a través de actos o ejemplos o metáforas los acontecimientos vitales de esa imposibilidad, es cuando podemos comunicarlos: sólo podemos conocerlos por experiencia vivida en primera persona, o cuando la experiencia ajena remite a la familiaridad con respecto de nuestra experiencia. He ahí la articulación en común. Sólo si aceptamos la imposibilidad de comunicar nada profundo, demasiado humano, a través del lenguaje directo, es cuando comenzaremos a hablar en el contexto de lo místico o lo poético que nos permita transmitir nuestras experiencias.

Jules Michelet, como es norma en él, aborda la dimensión histórica en Juana de Arco no como hechos acontecidos de forma fáctica, constatada, sino como realidad supuesta que le vale para hablar de la universalidad, o la naturaleza, humana que reside en la historia: no intenta objetivar los hechos, no busca constatar la veracidad de los argumentos, sino que esgrime su singularidad como método para analizar el presente de aquel pasado que visita. Visita porque no ejerce de validador de la historia, sino de paseante. Como flâneur, figura tan francesa como Michelet, se pasea por la historia dejándose inundar de forma sutil por sus flujos secretos sin contenerlos con los diques del racionalismo entendido como cientificismo, la razón como ejecutor.

read more »

null

¿Qué tiene la épica que es la estructura más antigua y que más ha perdurado a lo largo de la historia sin apenas cambiar? Pocas cosas tienen ese honor de infabilidad, de perfección: la rueda, el fuego, la épica, nada más. El hombre sólo ha inventado tres cosas perfectas para sobrevivir al tiempo. Quizás por eso, lejos de parecer inventos humanos —partiendo de que el fuego es, por definición, descubrimiento y no invento—, parecen más bien emanaciones de algo más perfecto, más absoluto, que lo que una mente humana puede concebir; la circularidad como símbolo del absoluto, la épica como historia de dioses caminando entre hombres. No es casual. No es casual porque la perfección remite a la perfección, la forma redunda en el contenido, y nada es más sencillo que asociar el círculo con la forma más alta de toda creación o la épica con los dioses y los héroes capaces de hacer tambalear los cimientos del mundo. Su inmensidad, su condición inaprensible pero natural, lo permite.

Hablar de Free to Play es hablar de un documental agradecido y sentimental, ni inmenso ni comprometido más que consigo mismo, donde se exploran los tejamanejes detrás no tanto de la estructura del juego profesional —lo cual requeriría no un documental, sino toda una serie estudiando sus implicaciones que aún no estamos viendo más que en germen—, como del primer torneo de Dota 2, The International, como punto de inflexión en el mismo. Punto de inflexión no sólo en la profesionalización de los jugadores, que ya conocían de patrocinios desde la era Counter-Strike/StarCraft, sino también para sus vidas; he ahí, en términos narrativos, su interés: la carga emocional de seguir a Benedict "Hyhy" Lim, a Clinton "Fear" Loomis y Danil "Dendi" Ishuti supera, con creces, el interés que pudiera suscitar, al menos sobre quien no tuviera un interés previo específico por los videojuegos, el análisis de la competición en sí. O lo que es lo mismo, su interés radica en lo sentimental.

read more »

null

Creo que estamos en un camino irreversible hacia más libertad y democracia. Pero las cosas pueden cambiar

George W. Bush

read more »

null

El problema del ajedrez como motivo literario es que vale para hablar de todo, salvo de lo más importante: de la existencia. Se parece a todo, al amor o a la guerra, a la política o a las familias, pero si hablamos de la vida nunca se parece en nada al ajedrez. Nunca saldremos vivos de esta vida y, en el ajedrez, siempre cabe la posibilidad de ganar por remota que esta sea. O quizás por eso, el ajedrez sólo puede ser metáfora de la muerte, de la aceptación: en tanto perder es una opción tan probable como ganar, sólo nos queda aceptar que cuando entramos al juego debemos plegarnos a sus reglas. Incluso cuando no sabemos estar jugando.

¿Qué es un gambito de caballo? Para quienes no estén familiarizados con el ajedrez, consiste en sacrificar una caballo para obtener una ventaja táctica en el tablero. Si hablamos de Gambito de caballo, parece evidente por donde puede ir la metáfora: no sólo el sacrificio del caballo, o el caballo como sacrificio —asumiendo en el proceso que para ser un jinete excepcional, o llegar a ser excepcional en cualquier ámbito, es necesario el sacrificio, incluso, cuando no se percibe como tal—, sino también el carácter ajedrecístico, filosófico, deductivo en suma, de la novela de detectives. Toda investigación es confrontación de ingenio. Allá donde el criminal dispone todo para no ser capturado, el detective debe leer sus errores para derrotarle; quien empieza el primer movimiento tiene ventaja porque, hasta que se cometa un primer error, es él quien controla el tablero: cometer un crimen constata que se está jugando, pero nada se puede hacer hasta que no comete algún fallo.

read more »

null

Lo familiar nos es lo más lejano. Para conocernos a nosotros mismos debemos proyectarlo en los otros, en las historias, para poder verlo; esa es la función del arte, en último término: actuar como espejo, servirnos al mostrar aquello que somos ante nuestra ceguera, quizás uniéndonos hacia otros que también se descubren similares, abriéndonos, en cualquier caso, a nuestras propias vidas. Nuestro interior nace del exterior. O, al menos, sólo allí podemos apreciarlo en tanto es donde se nos muestra sin mediar, o no mediado por nuestros intereses, si estamos abiertos a la interpretación; quien se sumerge en el arte como en la vida, esperando todo, no negándose a ninguna posibilidad a priori. Esa es la grandilocuencia sino de la interpretación, sí al menos del arte como vida.

Hablar de El gran hotel Budapest es hablar de una reliquia de otro tiempo, de finales del XIX, embebido del espíritu de la aventura de salón que reinaba en el corazón del Stefan Zweig que impregna cada pasillo, cada habitación, de este hotel en decadencia. Hotel de los hombres y mujeres más nobles, por miserables que fueran, fueran gente adinerada o dispuesta a servir —porque, si algo saben las almas nobles es que nada hay más elevado que servir no al superior, sino al igual, a la humanidad—, donde podían vivir a la altura de aquello que tenían de esplendoroso, de mágico, obviando todo sufrimiento o rencor que se desatara en el mundo; las guerras siempre eran lejos, lo placeres siempre eran cerca. Situado en la república de Zubrowka, versión ficticia de la literaria Austria, el hotel radica en su capacidad de ser para los amigos. Amigos que son, por definición, aquello que es el hotel: deslumbrante, bello, fascinante; cierto momento de familiaridad combinado con la constante sensación de encontrarse con algo nuevo, indómito, imposible a la par que familiar. Extrañeza hecha proximidad, o lo próximo como lo más lejano.

read more »

null

All-New Ghost Rider #001
Felipe Smith y Tradd Moore
2014

Armonía, palabra de belleza. No belleza entendida como la representación de lo hermoso, sino como cualquier concepción estética que cause algún sentimiento hondo, profundo, en el interior de aquello que conocemos por humano; algo hermoso y algo repulsivo pueden ser ambos bellos, que causen profunda impresión en nosotros, y siempre lo serán por armónicos, por poner en comunión fondo y forma. Nada que merezca la pena nace de la disarmonía.

read more »

null

Los usos literarios del amor son infinitos, como infinitos son los usos existenciales del amor. Todo y nada cabe en su seno. La belleza, la pureza y la empatía se confunden con el amor sólo en la misma medida que la amistad, el sexo y la fraternidad; ninguna religión renuncia a explicar las cosas desde el amor, como ninguna política se atreve jamás a acercarse al mismo: tan volátil e inaprensible es, que hace temer incluso a aquellos que no temen nada, que profanan todo. Amor, instrumento inútil. Inútil no porque no sirva para nada, sino porque es inútil como herramienta, ya que es imposible controlarlo. Se es para, o en, el amor porque siempre estamos dentro de su radio de influencia; quien permanece fuera no puede entenderlo ni dominarlo, quien permanece dentro tampoco. Como fuerza es tan misteriosa como peligrosa, como sentimiento es tan inmenso como trágico. Quizás, por eso, literario.

Acercarse hacia la obra de Yukio Mishima sin partir de que es una extensa bibliografía sobre los usos y límites del amor, desde lo más alto hasta lo más bajo, es limitar nuestra visión al respecto de lo que pretende contarnos. Sus historias son íntimas, ocurren en el corazón de las personas, pero también en el corazón de la sociedad; no sólo hay pensamiento o sentimientos, sino actos que repercuten sobre sus vidas y en las de cuantos les rodean. Es lógico. El amor como fuerza motriz del mundo, de lo humano, resulta evidente desde el momento que es la pasión por la cual se nace y se muere; en la mayoría de ocasiones se engendra, como se mata —aunque la mayoría de asesinatos ocurren por motivos económicos, en este caso deberíamos afinar para comprender que el amor por el dinero es el motivo—, por amor. Nada escapa del amor. No desde luego el protagonista de El pabellón de oro, que en tanto el amor le rehuye es él quien abraza la enamoradiza pasión de darse al encuentro con el objeto de su pasión. El objeto de su amor, el Kinkaku-ji, Templo del pabellón de oro, cuyo nombre formal, Rokuon-ji, Tempo del jardín de los ciervos, nos resulta desconocido; el por qué del nombre, se contiene ya desde el título: su belleza es fastuosa, imposible, dorada. Belleza que no puede repudiar el corazón del hombre. Aceptemos entonces que, aun siendo templo budista y por extensión reflejo del zen —lo cual sería el centro mismo de la novela, ya que «si encuentras al Buda en el camino, mátalo»—, es también representación del amor: su pureza es la de aquello que puede ser amado, aquello bello por sí mismo, que por su condición no puede corresponder de modo alguno.

read more »

null

Circo, o aquel lugar donde ocurre lo impensable al convertir lo fantástico en plausible. ¿Qué es un circo extraño? Aquel que sobrepasa la extrañeza particular del circo, un estado de excepción en tanto lo fantástico y lo cotidiano se dan la mano como la falsedad y la verdad, hasta convertirse en grand guignol: vísceras con sexos, horror con fascinación, amor con homicidio. Al menos, en gran parte fingido. La magia del circo es la magia del carnaval o cualquier otra festividad donde los límites se emborronan, se vuelven ambiguos, para mostrar aquello que se supone prohibido; la diferencia, es que donde en la fiesta nosotros intervenimos en el circo sólo asistimos al evento singular: sea realidad o ficción, sólo podemos permanecer delante del escenario esperando con disposición ser sorprendidos. No cabe que interactuemos, que violemos nuestros propios límites, sino es por omisión de actividad; en el circo somos agentes pasivos, salvo por aquello que tenemos de soberanos: decidimos qué es ficción y qué real, lo que merece nuestra atención y lo que no. Y con nuestra atención, su existencia.

Sion Sono, poeta antes que director, o director poeta, gusta de hacer del mundo la f(r)icción que el mismo sostiene: viniendo del mundo de las palabras, su conjugación y abjuración como metáfora de aquello que no puede ser expresado, va hacia el mundo de las imágenes, su darles forma como narración para contar las historias que le son vedadas a lo real. Su cine tiene la extraña cualidad poética de un extraño. Extraño al mundo de la ortodoxia, que no al de las imágenes ni de la narración; a falta de poder leer su poesía, lo que sí sabemos es que su cine ahonda de forma constante en el límite que existe entre las palabras —imágenes como palabras o palabras como imágenes, ya que en ambos casos son parte de un lenguaje cuyo significante va más allá de su significado—, en su tensión, para intentar configurar una visión más profunda de lo real. Realidad que nos es incognoscible a priori, porque vivimos mediados por al menos dos niveles de engaños: los personales (la memoria propia y ajena, además del pensamiento y nuestra perspectiva sobre los acontecimientos) y los técnico artísticos (la representación, siempre mediada por los intereses de la (in)consciencia); ¿cómo vivimos? Con relatos contradictorios.

read more »