Subcultura y cultura underground a go-gó

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Lumines
Tetsuya Mizuguchi
2005

A la hora de representar el mundo siempre podemos asumir dos posibles caminos distintos: figurar su existencia a través del materialismo o a través del psiquismo. En el primer caso sólo tendríamos que aceptar que existe como tal aquello que sabemos en su fisicalidad, aquello que podemos ver y tocar para asegurar su existencia; en el segundo necesitaríamos poder hacer una síntesis particular de como se configura en nuestra mente, de como existe más allá de su composición, hipotéticamente, objetiva. En el caso de Tetsuya Mizuguchi parece sentirse más cómodo en esta segunda posición, como nos demuestra en el caso de Lumines.

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nullEl artista auténtico es aquel que no se rinde jamás ante la adversidad. Por eso Marlon Dean Clift, publicando todos los años no menos de un par de referencias en Bandcamp, es un notable ejemplo de lucha por la supervivencia artística: a los márgenes de la industria, lucha cada día para hacerse oír sin nunca permitirse hacer concesiones al tendido. Su melancólico estilo folk rock, incluyendo sus incursiones electrónicas más próximas al ambient y el drone, le colocan como un músico a seguir de cerca por su excepcional productividad, que nunca se encuentra reñida con la calidad final. Y ahora, ha sacado nuevo disco. Celebrando la ocasión hablamos de Farewell, Star, su último trabajo hasta el momento que se puede escuchar y comprar en Bandcamp, para abordar las claves ocultas no sólo detrás del mismo, sino también de todo su trabajo.

A. Aunque hablar de tu música es hablar de una constante lógica, cualquiera que se acerque a Farewell, Star notará ciertas diferencias con respecto de tus anteriores trabajos. Es quizás menos cinematográfico, menos paisajístico, abrazando y desprendiéndose al tiempo de un estilo más próximo al iniciado en Spleen: directo y emocional, «un hombre a solas con su guitarra» —podríamos decir. ¿Cómo has vivido esa evolución?

M. No diría evolución, es más, el grueso de canciones del disco lo escribí en verano de 2013. De hecho prosigue la narración que inicié en Blonde On The Tracks y que hizo escala en Spleen II. Las canciones de Farewell, Star son canciones de adiós, de uno resignado. Abordarlas desde lo acústico y lo desnudo es plenamente deliberado, me parecía el formato más natural para contar esas historias.

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null 1. Aunque la mayoría preferirían poder olvidarlo por pura conveniencia, hubo un tiempo en que el cielo era rosa; no un tiempo pasado, un tiempo donde se podía respirar la noche durante el día. Aunque todos consigan olvidarlo, nosotros no olvidamos; la humanidad puede lanzarse al unísono a las vías del progreso, nosotros aún abrazamos los últimos estertores del día para imbuirnos en el congestionado rosa que aún titila en el mundo. null 2. Amamos la violencia, la destrucción, el movimiento de obliteración. No tenemos cuitas, salvo los ríos de sangre y las vísceras recorriendo las calles; no tenemos órganos, sino cuerpos: no somos zombies, porque no encontramos alimento en la aniquilación ajena. En la autonegación del yo, de la vida, del mundo. Destruimos sólo para volver a crear, herimos sólo para sanar. read more »

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Nuestra concepción de los límites de lo que es razonable va variando según vamos adoptando nuevas tecnologías a nuestras vidas. No es posible pensar el mundo igual después de la rueda, las videocámaras o Internet: cada una, a través de su particular medio, ha ampliado y reducido el horizonte de expectativas de los seres humanos como especie. Han ampliado los límites, pero también han sepultado convenciones. Tanto la intimidad como la identidad varían de forma asombrosa cuando se introducen nuevas tecnologías: con la rueda, acercarse hasta lugares lejanos y conocer algo más allá de la tierra donde se nació ya no es una utopía; con la videocámara existe un nuevo sentimiento de exhibición, es posible registrar cualquier cosa que hagamos para enseñárselo a los demás; con Internet se multiplica lo anterior de forma exponencial, porque podemos viajar sin movernos de casa y compartir nuestra vida sin siquiera vernos de forma física. Nuestros hábitos de vida cambian con nuestros hábitos tecnológicos. Ahora bien, si los hábitos varían según los cambios en la tecnología existe algo más profundo que nunca cambia: la esencia misma de aquello que nos hace humanos, la concepción profunda de la identidad.

Si hablamos de los hábitos cambiantes por causa de la tecnología imperante, Open Windows juega sus cartas al respecto desde el principio: en tanto la idea de intimidad ha variado, ya que Internet ha creado la concepción de que el acoso es positivo siempre y cuando se confunda con interés público —que en realidad no proviene tanto de Internet como de la prensa rosa, aunque la tecnología haya permitido amplificarlo de forma extrema—, hemos deshumanizado la idea de los otros. Si seguimos la historia de Jill Goddard, la estrella de moda en la serie B, y Nick, el administrador de una de las web de fans de la primera, es fácil ver hasta que punto es cierto lo anterior; la relación que sostiene Nick con Goddard es de consumo, un ejercicio de acoso puro, en tanto la consideración que hace de ella es poco más que de un trozo de carne. Siente que ella le debe algo. Ella es explotada de forma sistemática, tanto su vida como su imagen, para nutrir de contenido una página dedicada en exclusiva al orgullo del acoso como forma de vida, con una industria detrás fomentando la misma para obtener beneficios.

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No en el espacio debo yo buscar mi dignidad, sino en el arreglo de mi entendimiento. Ni en más ni en menos lo arreglaré si poseo tierras. Por el espacio el Universo me comprende y se me contiene, como un punto; por el entendimiento yo lo comprendo a él.

Blaise Pascal

Solemos afirmar que el dinero no da la felicidad, pero no sabemos hasta que punto eso es verdad. Con dinero podemos comprar los objetos deseados, no depender jamás de los demás, ser nosotros mismos sin necesitar coartadas personales más allá de papeles y metales; incluso si el dinero no da la felicidad, cosa que podríamos dudar, es imposible encontrar diferencia entre su facilidad para cumplir nuestros deseos y la auténtica felicidad. Con dinero cualquier cosa se puede comprar. Por eso, viviendo bajo un régimen capitalista, es lógico pensar que a golpe de crédito o efectivo se puede satisfacer cualquier necesidad, por íntima o personal que sea: todo puede ser convertido en servicio, todo puede reducirse hasta la condición de «cosa». Salvo porque la cosa pierde el valor para convenir un precio, pasa de ser una entidad a ser sólo un punto.

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Igla
Rashid Nugmanov
1988

Existen cultos espurios generados por ideas equívocas o razones simplistas que, a la hora de la verdad, no reconocen la auténtica dimensión detrás de ciertas obras. En el caso de la película de Rashid Nugmanov ocurre eso en tanto su culto nace no por la película en sí, sino por su protagonista: Viktor Tsoi, líder del grupo de post-punk KinoКино́ para los amigos y quienes sepan ruso. Su valor, en verdad, trasciende la mera mitomanía.

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La teología es una ciencia, pero al mismo tiempo ¡cuántas ciencias contiene! Un hombre es una unidad, pero si se le examina anatómicamente será la cabeza, el corazón, el estómago, las venas, cada vena, cada parte de vena, la sangre, cada humor de la sangre.

Una ciudad, un campo, de lejos es una ciudad y un campo; pero a medida que nos acercamos son casas, árboles, tejas, hojas, hierbas, hormigas, patas de hormiga, hasta el infinito. Todo eso estaba dentro del nombre de campo.

Blaise Pascal

Para hablar de Blaise Pascal acudiremos, de entrada, al rico refranero español: «que los árboles no te impidan ver el bosque». Lo que pretende afirmar el refrán es bastante evidente, que uno no debe obcecarse en los detalles obviando, en el proceso, lo que oculta la imagen general; en sentido contrario, la propuesta de Pascal va desde lo general hasta lo particular: para poder ver el árbol primero debemos conocer el bosque, porque primero lo vemos desde lejos y sólo podemos verlo como totalidad, y al acercarnos lo vemos en sus particulares, apreciando entonces lo más cercano: los árboles. Hasta aquí, nada que no sea evidente para cualquiera con memoria y percepción espacial. El problema llega cuando debemos pensarlo a través de la idea de perspectiva. Para ver el bosque debemos alejarnos y obviar el detalle del árbol, del mismo que el árbol nos impide ver el bosque porque no existe distancia real suficiente para apreciarlo en su totalidad; no existe, por tanto, posibilidad de que nuestra vista quede bloqueada por los elementos constituyentes: es un problema de perspectiva personal.

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Aunque se ha definido el punk de muy variados modos, el adjetivo que mejor lo caracterizaría jamás se utilizaría para defender las características de algunos de sus grupos fundacionales: «dulce» no parece la palabra adecuada para hablar del género. Dulce en un sentido no tan pegajoso como agrio, más próximo al vómito agridulce que a la felicidad chiclosa, por aquello que tiene de derrota ante una vida que ha aplastado todas sus expectativas. No future: para que no haya futuro, tuvo que haberlo alguna vez. Demuestran cierta bella animosidad, un instinto de felicidad subyugado que, sin embargo, aún se filtra a través de su deseo; su música es rápida, violenta y más rock que el rock mismo pero, a pesar de su violencia y actitud, en el fondo son chicos sensibles que sólo quieren ser amados. No es irónico, por más que suene forzado. El punk es la (pen)última música romántica —ya que la última sería, como ya sabemos, el black metal—, ya que recupera los grandes sentimientos como único motor legítimo de la vida, incluso cuando resulten dolorosos: amar o matar, horadar o reventar, odiar o derribar.

Hablar de The Damned como románticos parte de una lógica aplastante —la obsesión de Dave Vanian con la imaginería gótica, de orden romántico franco-anglosajón, no es ningún secreto— si trascendemos la idea del romanticismo como algo pegajoso y, por necesidad, extremo, para verlo en sus causas últimas: la exaltación ilimitada del sentimiento humano. Desde la primera canción que se nos presenta en Machine Gun Etiquette, la idiosincrática The Love Song, hasta la versión de Looking At You, de los MC5, todo el desarrollo que encontramos a lo largo del disco son las inquietudes sentimentales de un grupo de jóvenes cuya vida les supera. Aman por encima de sus posibilidades, aun sin ser correspondidos. Toda su rabia se define a través de la música, que resulta contundente por un exceso de bajos que remiten de forma constante hacia un post-punk aún en estado germinal, para expresar en sus letras sus necesidades existenciales —no sólo de orden amoroso, sino también de crecimiento personal— incluso cuando se les es arrebatada de facto su posible satisfacción.

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No existe posibilidad de controlar la sociedad, a largo plazo, a través de la ideología. Las ideas se agotan sobre sí mismas, la gente se cansa de esperar promesas y, aunque la convicción pueda ser absoluta entre una minoría, la mayoría de las personas no viven en sociedad esperando un modelo específico inalienable: quieren sentirse seguros, quieren resultados. Los quieren ya. Todo control que se ejerza en exclusiva desde las ideas o la coherción, aun cuando necesario —cuando se trata de micropolítica, el ámbito de las ideas y la ideología es el más importante—, nos llevará hacia el conocimiento de no atender a los deseos de los ciudadanos. Una población contenta es una población dócil. El gran triunfo del capitalismo es haber conseguido que todos creamos que cualquiera puede hacerse rico, pero también que cada uno tiene exactamente la medida de esfuerzo: la vida es el cálculo de lo que se posee, porque poner en juego la vida es lo que nos aporta la posibilidad de triunfo. Aunque sea una burda mentira.

Existen dos consecuencias lógicas de la premisa anterior: «todo tiene un precio (que podrás pagar sí y sólo sí lo mereces)» y «cualquier límite puede ser atravesado siempre que dispongas del dinero suficiente». Si todo tiene un precio y ya no existen límites por cruzar, entonces la vida humana está en el estante del mercado; si existe demanda, no existe razón alguna por la que un asesino o un «empresario de la carne» no pueda dar caza a una persona señalada. Sólo hace falta estar dispuesto a pagar el precio. En ese sentido, Hostel nos demuestra lo que ocurre cuando hay suficientes depravados en el mundo como para hacer rentable una idea abyecta, la tortura y asesinato de personas inocentes en entornos controlados, a pesar de que atente contra aquello que se supone son los principios sociales. ¿Cuál es la función de la sociedad? Asegurar nuestra seguridad, que nuestro vecino no nos matará para robarnos nuestra propiedad; y una vez asegurada la sociedad, su responsabilidad es asegurar que vivamos lo mejor posible. En el momento que existe gente capaz de saltarse esa condición esencial de la vida en comunidad, ¿hasta que punto es posible considerar que radica diferencia alguna entre vivir en sociedad o en naturaleza?

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Orgullo y Satisfacción
¡Caramba!
2014

Supervisar la manera de actuar de los demás supone un gesto desagradable en sociedad; aunque a veces resulta necesario, la mayor parte de las ocasiones sólo sirve para regular el ámbito social según los intereses creados de unos pocos. Aquellos con autoridad como para imponer su cosmovisión. Cabría entender entonces la diferencia entre el censor, aquel que vigila de forma activa que el comportamiento de los demás se pliegue a los intereses del poder, y la figura familiar, aquel que actúa de modo paternal para intentar encauzar comportamientos que pudieran considerarse como perjudiciales o patológicos para el propio interesado. Censura es, por tanto, sólo cuando se pretende eliminar un comportamiento o pensamiento porque no se pliega a los intereses particulares de aquellos que ostentan el poder.

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