Subcultura y cultura underground a go-gó

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La concepción del héroe como un ser perfecto, o en búsqueda de su perfección, incapaz de errar y con una brújula moral a prueba de bombas es, probablemente, la mayor fantasía que nos haya dado la ficción nunca. Y es que Tony Stark no dudará en afirmarnos que es así mientras nos brinda con la décima copa del día en Ultimate Armor Wars.

Con un guión obra del siempre demasiado poco vanagloriado Warren Ellis este arco nos cuenta las peripecias de Stark para recuperar los prototipos de su armadura a lo largo del mundo entero. Entre medias se propondrá las metas de acostarse con una hermosa joven, pasarse más tiempo borracho que despierto, salvar su reputación y utilizar la violencia sin muestra alguna de escrúpulos a cualquiera que se oponga a sus deseos. Y, por supuesto, todo esto lo hace mientras graba un podcast. Si le sumamos que todo es un absurdo mixtape entre una Europa decinomónica y el continuo abuso de la tecnología de Stark utilizada de un modo ilegítimo, la policía de Inglaterra incluida, conseguimos un canto a la gloría de un anti-héroe de la testosterona. Todo esto para acabar en un final absurdo, tramposo, facilón y maravillosamente pulp que en cualquier otro medio haría arrancarse el alma a los críticos al grito de estafa.

La obsesión hi-tech, rozando la tecnofilia, de Tony Stark es justamente un reflejo de esa misma obsesión que tiene Warren “Rey de Internet” Ellis por todo lo que huela a que el futuro ya fue ayer. Y con esto último juega entre chascarrillos el final del cómic. La grandiosidad del hoy ya fue ayer y la familia Stark sabe manipular a los suyos, porque Tony ya fueron los demás. La tecnología y las personas son un reflejo de los fantasmas del ayer.

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A lo largo de una vida las personas van conformándose sus propios detalles que les dan personalidad y vida. Algunas arrugas, lunares o cicatrices son nuestra marca de guerra del tiempo. Sin embargo también se nace con otra serie de cosas que no nos gustan, pequeños defectos que nos definen a través de un error de fábrica. Pero la carne plastificada, la carne como herramienta estética, es el pánico y el deseo del hombre moderno.

En el brevísimo documental Honey Pie nos enseñan como se crea una muñeca realista para adultos. Su construcción artesanal, pieza a pieza, es un siniestro paralelismo de una hipotética construcción divina del hombre, pieza a pieza. Sus expresiones carentes de vida, las partes de cuerpo sin usar organizadas y guardadas, las caras expuestas y los cuerpos aun sin terminar colgando conforman este grotesco espectáculo. No estamos viendo solo muñecas sexuales, estamos viendo émulos de seres humanos creados con armonía absoluta, sin mácula concebidos. Así vemos como van conformando la carne, la nueva carne, de unos seres humanos físicamente perfectos hechos a medida de un solitario cuarentón de Iowa. En un tiempo en el que las mujeres se vuelven seres más alquímicos que humanos a través de la ciencia, el homunculo se mimetiza con el mortal.

En una tierra donde la carne pasa a ser un tributo para la sociedad y las expectativas estéticas se tornan sueños crueles el siguiente paso es el doppelgänger, el doble. Pero no uno exacto a nosotros, sino uno que solucione todos los defectos que atesoramos en nuestros cuerpos. La sociedad exige nuestro ser en un ritual imposible.

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Los viejos terrores a veces necesitan que les sacudan el polvo y les den lustre para así volver a causar pánico ante una nueva oleada de jóvenes impresionables en busca de mitos generacionales. Pero cuando todo esto solo se hace de un modo chapucero sin respetar el que fue y debería seguir siendo, se avecina la catástrofe. El remake de Pesadilla en Elm Street por Samuel Bayer nos lo deja bien claro.

Unos adolescentes mueren misteriosamente en sus sueños, todo es culpa de Freddy Kruger, un pederasta que abusaba de ellos de pequeños por lo cual sus padres lo mataron. Hasta aquí todo sigue indemne en este remake, el problema es todo lo demás. Todos y cada uno de los protagonistas son ahostiables, el guión es errático y las muertes no producen ningún tipo de impacto; premiar el susto fácil hacia unos personajes que se lo merecen no es algo permisible. Esto sumado a un Freddy que parece un subnormal con un shock alérgico termina un rotundo fiasco en la forma de abordar el remake. Sus únicos triunfos los encuentra en lo explicito de la propia pederastia de Freddy, aunque excesivamente literalizada, siendo lo único que llega a inquietar mínimamente a lo largo de la película. Lo más aterrador es la oscuridad cotidiana que se esconde detrás de cualquier esquina.

Resucitar a los clásicos del sueño de los justos no debería ser a cualquier precio, Freddy no merecía este destino. Aun con sus aciertos y un trabajo menos nefasto de lo esperable el resultado es un inmenso ejercicio de puro desdén hacia el genero y el personaje que están cultivando. Y todo tiene perdón en esta vida, salvo profanar el sueño de los antiguos terrores.

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Todas las grandes historias empiezan con una apuesta y la caza de un leprechaunt. No es de extrañar que cuando se le capture se lamente y nos culpe de que ahora los terroristas conseguirán atacar con éxito el mundo de fantasía del que procede. Así es como Kyle, Stan, Kenny y Butters acaban en Imaginolandia.

Por casualidad los chicos de South Park se encuentran con el alcalde de Imaginolandia, el cual les lleva allí para que conozcan su propia imaginación. La catástrofe se avecina y unos terroristas islámicos arrasan con gran parte de la imaginación, haciéndose con el poder en el lugar para atacar Occidente. Mientras Stan y Kyle consiguen huir, Butters se queda atrás teniendo que seguir con vida en Imaginolandia. A la vuelta, en el mundo real, Cartman exige por contrato que Kyle le practique sexo oral al haberse demostrado la existencia de los duendes. Así se inicia este viaje iniciático donde el verdadero héroe de la historia es el eterno secundario Butters. Aquí Butters se convierte en el único capaz de salvar a la imaginación mientras sus amigos Stan y Kyle intentan ayudarle desde la realidad al principio, en Imaginolandia después, a pesar de la oposición basada en el egoísmo y la imbecilidad de Cartman y el gobierno.

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La reinterpretación es una clave excesivamente infravalorada en el arte de un tiempo a esta parte. Aun existiendo en la música los remixes y las versiones siempre parece que los artistas se limitan a imitar lo que han escuchado a su manera, sin intentar aportar algo sustancialmente nuevo, sacar a la luz algo que estuviera escondido entre esas notas. Salvo Bryan Lee O’Malley con su one man band, Kupek.

En su disco Nameless, Faceless Compilation después de un agradable empacho de indie pop de lo más naïf se descuelga de repente con una versión de Born Slippy de Underworld. Huyendo de los sonidos electrónicos mira más allá de la propia canción y no solo la lleva a su estilo, sino que la reinterpreta de principio a fin. Es la misma canción, son las mismas notas, pero a la vez es algo totalmente diferente, algo nuevo, algo que siempre estuvo encerrado ahí y, solo ahora, ve la luz. La canción se vuelve dulce y tierna, con una alegre melancolía que nos empapa enteramente de principio a fin. A su vez, con su minimalismo barroco, consigue despertar una realidad latente que estaba ya tanto dentro de la propia composición, como dentro de nosotros mismos.

Cuando uno reinterpreta debe hacerlo con la cabeza, el corazón y el alma, propio y de la composición. La búsqueda del autentico mensaje escondido en el ánima de la música es otra de las labores del músico que de verdad ama su arte. Y dentro pasea un ángel…

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La evolución es algo tan deseable como necesario sin embargo cuando eso propia un cambio radical y absoluto las voces discordantes pueden sonar con fuerza acusativas. Así mantener la armonía en un perfecto equilibrio se convierte en el estado ideal de la música. En esto podríamos resumir el último trabajo de Capsule hasta la fecha, Player.

Con un comienzo alegre de un sonido que solo podría ser firmado por Capsule no tarda en convertirse en algo diferente. Los continuos abrazos al electro house más sucio y enguarrado siguen la brecha que ya abriría su anterior trabajo, el fantástico More! More! More!, llevándolo hasta el paroxismo. Así se inicia una batalla soterrada por hacerse con el control del sonido del grupo. Por un lado el techno pop marca de la casa se desgrana con tanta o más elegancia que en iteraciones anteriores mientras el electro house pisa fuerte con algunos de los temas más potentes y con mejor factura que ha dado el grupo en los últimos años. Y al final todo estalla cuando lo mejor del disco es el tenso equilibrio que se conforma ya que, gracias al mismo, cada uno de los estilos enfatiza y amplifica lo positivo del otro. Finalmente incluso llegando a lo absurdo en The Music, una combinación absolutamente perfecta de lo mejor de ambos mundos en una sola canción. El arquetipo del equilibrio de la dicotomía Nakata/Koshijima comprimido en una sola canción.

Quien quiera, y muchos lo han hecho y harán, puede gritar blasfemias sobre la perdida de la pureza y el engancharse a modas pasajeras que desvirtúan la calidad de un grupo hasta ahora sin mancha alguna. Sin embargo quienes sepan escuchar más allá de sus propios prejuicios podrán discernir todo lo que hay detrás de esta obra ejemplar. Una vez más, sin mácula concebido.

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Imaginemos una pareja de amigos: uno un chico con sobrepeso obsesionado con el sexo con más boca que michelines y el otro un chico tímido, tierno y con un gran sentido ético. Juntos, en su último verano antes de la universidad, intentarán conseguir su objeto de deseo, follar. Y esta es la propuesta de Superbad de Greg Mottola.

El instituto está apunto de acabar y los inseparables Seth (Jonah Hill) y Evan (Michael Cera) irán cada uno a una universidad diferente. Así el pasar estos últimos meses juntos y el intentar follar antes de la universidad les llevará a una odisea por llegar a la casa donde se celebrará la fiesta donde serán los héroes por llevar el alcohol y conseguirán su objeto oscuro de deseo. Así se conforma una ejemplar comedia juvenil de la factoría Apatow la cual nos da una continua patina de humor descerebrado. Pero entre toda la comedia, al final, lo importante no es si consiguen novia o no los protagonistas, sino como su amistad ha soportado (y soportará) la inminente separación. Aunque creían que para ellos lo más importante era follar, en realidad, lo más importante eran el uno para el otro. Esta hermosa reflexión llega mientras nos dan un ejemplar ejercicio de humor en el cual no faltan las continuas referencias a los clichés del genero, llevados hasta el extremo en muchos casos, y la continua ridiculicación de sus personajes. Personajes que, incluso ridiculizados, nunca dejan de ser entrañables.

Incendios, disparos, hostias, borracheras y momentos de sexualidad chusca son la carta de presentación de una comedia que juega continuamente con sus referentes inmediatos. Y al final, lo único que queda, es el amor: como amistad, como romance o como amor hacia la fiesta descerebrada adolescente que no se plantea las consecuencias de los actos.

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Mientras duermes en tus sueños aparece una chica preciosa que pasa fugazmente por ellos. Una y otra vez. Al final acabas encontrándote con esa chica en la realidad y consigues hacerla tu novia. Lo más normal es que tenga una liga de siete ex-novios malvados a los que tengas que derrotar. Bienvenidos a Scott Pilgrim de Bryan Lee O’Malley.

Ante todo y sobretodo no debemos llevarnos a engaño, Scott Pilgrim es un slice of life y como tal nos va narrando la relación de Scott Pilgrim con Ramona Flowers desde el momento que sueña con ella hasta el fin último del líder de la liga de los ex-novios malvados: Gideon. Entre medio nos encontramos una fabulosa ensalada de hostias como panes aderezadas con guiños cómplices sobre la cultura pop de los 90’s. De este modo la música y los videojuegos son dos de los ejes coordinadores de esta epopeya posmoderna. Así la propia vida de los personajes se trastoca y reformula en términos, literales y metafóricos, alrededor de la cultura pop. Pero lo más importante de esto es, precisamente, como los personajes interactuan entre sí, como van cambiando sus personalidades y sus vidas según va pasando el tiempo. Ningún personaje acaba igual que empieza, incluso el secundario más insignificante va evolucionando y conformándose en un nuevo yo. Así no es dificil ver que esa golosa capa de cultura popular que va engrosando esa estructura de slice of life sirve para definir a unos personajes cuyos pilares existenciales son precisamente esa cultura propia; esa cultura que sienten como suya. Los personajes no solo viven su cultura, sino que dan vida a esa misma cultura literalizándola.

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Receta para Hervir un Oso.

Ingredientes:

- Un oso hijo de un ursus arctos y de Jean Baudrillard.
- Una olla de 2.5mx2m de Belleza Infinita.
- Un colador cuántico.
- Jonathan Millán y Miguel Noguera.

Como prepararlo:

Ponemos agua a hervir en la olla y, cuando esta esté hirviendo depositamos el oso dentro de ella. Dejar cocinarse durante 20 minutos mientras el oso va adquiriendo forma y textura al deconstruirse en el agua. Pasado este tiempo sé (in)escurre el agua en un colador cuántico y lo condimentamos con Jonathan Millán y Miguel Noguera al gusto. Leer en un lugar tranquilo y acompañar con su bebida predilecta.

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Cuando se aborda una tarea existen una serie de elementos limitados con los cuales realizarla. Si se da el caso de que para alguna de las partes del mismo nos quedamos corto de material tendremos que abandonar o reformular esa parte. Aunque existe otra posibilidad, optimizarla para hacer de nuestros puntos flacos un punto fuerte inesperado. De esto nos puede dar muchas clases Tomonobu Itagaki, pero se ve muy claramente en Ninja Gaiden 2.

Si de algo carece Ninja Gaiden 2 es de la necesidad de presentación. Su argumento, que es más una excusa que un argumento, es la enésima lucha del ninja Ryu Hayabusa contra el clan de la araña negra que intenta despertar un mal primigenio. La típica acción que corresponde a los cánones de cualquier comitiva de ninjas del mal®. Así nos sumergimos en el mundo superlativo de Itagaki donde, en lo anatómico, todo tiene tetas descomunales además de que los cuerpos humanos tienen 30 litros de sangre y miembros de mantequilla. En lo jugable llega hasta el paroxismo más obsceno y brutal al llegar, incluso en la dificultad más fácil, a ser un juego endiabladamente difícil, entre otras cosas, porque nuestros enemigos siempre tienen muchos más recursos que nosotros. Viendo semejante fascinación por la épica más hiperbolizada por ríos de testosterona uno se espera infinitud de momentos para recordar. Pero el momento más prodigioso ocurre intentando subir unas escaleras.

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