Etiqueta: Literatura

  • paseando por el otro lado de la literatura

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    La con­di­ción de es­nob en cas­te­llano pa­re­ce con­te­ner den­tro de sí una cier­ta ac­ti­tud des­pre­cia­ti­va, co­mo si al que fue­ra di­ri­gi­do es­te ad­je­ti­vo fue­ra un en­te so­ber­bio que mi­ra por en­ci­ma del hom­bro a la ma­sa; co­mo si es­to mis­mo fue­ra al­go ne­ga­ti­vo per se. El es­nob es más bien, por de­fi­ni­ción, al­guien que se in­tere­sa por los már­ge­nes de la cul­tu­ra, por las pa­sio­nes in­dó­mi­tas de las men­tes más pre­cla­ras y los es­pí­ri­tus más li­bres de la ena­je­na­ción co­lec­ti­va hu­ma­na. Quizás por eso es tan ne­ce­sa­rio es­te Diccionario de li­te­ra­tu­ra pa­ra es­nobs de Fabrice Gaignault, pa­ra in­ten­tar acer­car es­ta es­cri­tu­ra en los már­ge­nes a aque­llos que aun no son esnobs.

    Como en cual­quier dic­cio­na­rio al uso nos en­con­tra­mos con en­tra­das don­de nos dan la de­fi­ni­ción de ca­da uno de los nom­bres, ya sean bien de gru­pos, au­to­res o mo­vi­mien­tos, que com­po­nen es­te pre­cio­so li­bro. Desde la eter­na fi­gu­ran­te Violette Leduc has­ta el muy bien pon­de­ra­do William Burroughs pa­san­do por Arnaldo Gilda o el mis­mí­si­mo Andy Warhol só­lo ca­ben en­tre sus en­tra­das los más ex­cén­tri­cos y ex­ce­len­tes es­cri­to­res de ayer y hoy. Y es que si al­go com­par­ten to­dos los au­to­res de es­te li­bro son vi­das con­vul­sas, tor­tu­ra­das en al­gu­nos ca­sos, que les ins­tan a rea­li­zar obras que ja­más se cir­cuns­cri­bi­rán en el gus­to co­lec­ti­vo. Así nos en­con­tra­mos con un via­je sin­té­ti­co, di­rec­to al co­ra­zón del es­no­bis­mo, don­de tras ca­da pá­gi­na po­dría en­con­trar­nos ese es­cri­tor del cual ja­más ha­bía­mos oí­do ha­blar an­tes pe­ro que, sin em­bar­go, co­nec­ta de un mo­do exis­ten­cial­men­te pro­fun­do. Y ese es el ma­yor me­ri­to de es­te dic­cio­na­rio, pre­sen­te li­bro de ca­be­ce­ra de más de un ga­fa­pas­ta que no ha en­ten­di­do na­da, ser ca­paz de pre­sen­tar­nos en ape­nas un pu­ña­do de pin­ce­la­das el ca­rác­ter pro­pio de ca­da uno de los per­so­na­jes úni­cos que pue­blan sus paginas.

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  • tres millones de dragones de jade alzan el vuelo

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    Título: Mao Tse~Tung
    Páginas: 189
    Medidas: 15.5cm x 22.2cm
    Peso: ~70g
    Fuente: Times New Roman
    Estilo: ta­pa rús­ti­ca, pa­pel poroso
    # de pa­la­bras: ~5.000
    # de poe­mas: 37
    # de fo­tos: 10
    Edición: Ediciones Jucar
    Prologado por: Alberto Moravia

    Hagamos una bre­ve y ne­ce­sa­ria abs­trac­ción: Mao Tse~Tung no fue un dic­ta­dor, ni ja­más tu­vo que ver con nin­gu­na gran mar­cha por China; fue só­lo un poe­ta. Al rea­li­zar es­ta abs­trac­ción, al des­mi­ti­fi­car a Mao y de­jar só­lo an­te no­so­tros un hom­bre des­nu­do, po­de­mos leer a tra­vés de él, de su poe­sía, co­mo si su cuer­po fue­ra tras­pa­ren­te ha­cia su al­ma. De es­te mo­do re­cor­de­mos una va­lio­sa lec­ción que ya pa­re­ce ha­ce mu­cho ol­vi­da­da; que no os cie­gue la política.

    Pu: Quinping le

    Monte Liupan

    Octubre 1935


    El cie­lo al­to, nu­bes claras,
    nos de­te­ne­mos a con­tem­plar los ána­des salvajes
    que vue­lan ha­cia el sur.
    Si no al­can­za­mos la Gran Muralla
    no so­mos chi­nos de verdad,
    cuen­to con los de­dos el ca­mino ya recorrido:
    diez mil kilómetros.

    Sobre la al­ta ci­ma del mon­te Liupan
    las ban­de­ras ro­jas lentamente
    se des­plie­gan al vien­to del oeste.
    Hoy te­ne­mos en nues­tras ma­nos la lar­ga cuerda.
    ¿Cuando ama­rra­re­mos al Dragón Verde?

    El va­lor de la poe­sía es re­tra­tar el al­ma de una per­so­na, un pue­blo, un tiem­po o un mun­do. No exis­te re­tra­to que sea más cer­te­ro por su sub­je­ti­vi­dad que el del poe­ta hil­va­nan­do las pa­la­bras que con­for­ma­rán el per­fec­to ros­tro de una reali­dad en cier­nes, de una reali­dad que no se de­be ol­vi­dar. Recordemos a Mao, el que poe­ti­zó una ver­dad y ac­tuó con­tra ella. Seamos co­mo la poe­sía, un ac­to dra­co­niano de resistencia.

  • literatura (ficción) una pseudohistoria de amor

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    La li­te­ra­tu­ra es la for­ma de men­ti­ra más ela­bo­ra­da que ja­más ha­ya crea­do el hom­bre. Contamos his­to­rias, crea­mos per­so­na­jes e in­clu­so nos in­ven­ta­mos nues­tra pro­pia bio­gra­fía le­gi­ti­ma­dos en la eva­sión que se le su­po­ne a la li­te­ra­tu­ra. El es­cri­tor es, por de­fi­ni­ción, un pro­fe­sio­nal de la men­ti­ra. Y si ne­ce­si­tan un ejem­plo de es­to, acu­da­mos a Vicente Luis Mora.

    En el nú­me­ro 322 de la re­vis­ta li­te­ra­ria Quimera nos en­con­tra­mos una con­se­cu­ción de co­la­bo­ra­do­res des­co­no­ci­dos y al­gu­nos li­bros que no en­con­tra­re­mos ja­más en li­bre­ría al­gu­na. En un nú­me­ro de­di­ca­do a los hoax, a la fal­se­dad, pa­re­ce ob­vio que pue­da ha­ber al­gu­na ma­lé­fi­ca tram­pa de ge­nio ma­ligno de­trás de él y, efec­ti­va­men­te, así es. Vicente Luis Mora a tra­vés de 16 seu­dó­ni­mos y la iden­ti­dad pres­ta­da de los ha­bi­tua­les de la re­vis­ta, con­si­gue lle­var el ám­bi­to pe­rio­dís­ti­co a la fal­se­dad que le es pro­pia a la li­te­ra­tu­ra. En oca­sio­nes se in­ven­ta per­so­nas, en otras se in­ven­ta tam­bién sus obras y en otras, sim­ple­men­te, nos ha­bla de obras reales des­de la voz del in­exis­ten­te crí­ti­co que le to­que en esa oca­sión. Por su­pues­to ca­da uno de sus seu­dó­ni­mos tie­ne su per­so­na­li­dad, sus fi­lias y sus fo­bias, son, en fin, los es­truc­tu­ra­les per­so­na­jes de es­te se­su­do grand guignol.

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