Etiqueta: Robert Downey Jr.

  • No existe límite en el género bien estimulado (I)

    null

    Kiss Kiss, Bang Bang, de Shane Black

    Si exis­te un gé­ne­ro que ha ce­rra­do fi­las al­re­de­dor de su pro­pia es­truc­tu­ra, aun cuan­do eso no sig­ni­fi­que en ca­so al­guno que se le nie­gue to­da po­si­bi­li­dad de sub­ver­sión —sien­do el ca­so más bien al con­tra­rio: par­tien­do de ella es co­mún lle­gar has­ta nue­vos lu­ga­res — , ese es el de la no­ve­la ne­gra. Su ce­rrar no es tan­to un aca­bar, un no per­mi­tir sa­lir­se de unas cier­tas di­rec­tri­ces, co­mo de­ter­mi­nar unos cier­tos com­po­nen­tes bá­si­cos a tra­vés de los cua­les ar­mar un jue­go ma­yor: un cri­men que pue­de ser un mis­te­rio, un hé­roe am­bi­guo y una chi­ca de re­cur­sos; el res­to lo de­be po­ner (el es­ti­lo de) ca­da au­tor. Es por eso que par­tien­do de esa pre­mi­sa se pue­de tan­to tes­ti­mo­niar el im­po­lu­to pul­so na­rra­ti­vo de Raymond Chandler, acep­tar el jue­go de hi­los na­rra­ti­vos de Quentin Tarantino o la de­ri­va­ción tec­no­fí­li­ca de William Gibson. La fle­xi­bi­li­dad de su ce­rrar se da en su elas­ti­ci­dad: es­tá ce­rra­do só­lo pa­ra que su pe­ne­tra­ción sea más cómoda.

    En ese sen­ti­do co­no­cer las re­glas se ha­ce im­pres­cin­di­ble pa­ra ju­gar, por lo cual Shane Black arro­ja a sus per­so­na­jes en mi­tad del jue­go sa­bien­do to­das las re­glas: hay dos crí­me­nes, uno ho­rri­ble y otro co­mún, que re­sul­tan ser el mis­mo; el pro­ta­go­nis­ta es un hé­roe am­bi­guo; la chi­ca tie­ne re­cur­sos y es ca­paz de vol­ver lo­co al pro­ta­go­nis­ta. Pero tam­bién co­no­ce bien las re­glas de cual­quier pe­lí­cu­la, en su for­ma más clá­si­ca, cuan­do, Antón Chéjov me­dian­te, el na­rra­dor nos re­cuer­da una de­ri­va­ción del «no se de­be in­tro­du­cir un ri­fle car­ga­do en un es­ce­na­rio si no se tie­ne in­ten­ción de dis­pa­rar­lo». ¿Y qué hay del na­rra­dor? El tam­bién se sa­be las re­glas. Nada en las re­glas nos di­ce que el na­rra­dor no pue­da ser om­nis­cien­te, que el pro­pio pro­ta­go­nis­ta nos ha­ble de lo que es­tá ocu­rrien­do o que la his­to­ria es­té siem­pre atra­ve­sa­da por el stream of cons­cious­ness del mis­mo; ni si­quie­ra nos di­ce na­da que el na­rra­dor no pue­da ol­vi­dar­se de co­sas, men­tir­nos, bur­lar­se de lo ar­ti­fi­cial de su na­rra­ción: em­bo­rro­nar el con­cep­to de his­to­ria (co­mo story).

    (más…)

  • El campo de inmanencia de Tropic Thunder: la desterritorialización de la realidad

    null

    Tropic Thunder, de Ben Stiller

    1. Realidad

    ¿Qué lle­va a unir­se a dos ac­to­res en de­ca­den­cia, una super-estrella del rap y el oji­to de­re­cho de la aca­de­mia de Hollywood en una adap­ta­ción del bes­tse­ller bé­li­co de la tem­po­ra­da? Los más cí­ni­cos, se­gu­ra­men­te aque­llos que tie­nen es­pí­ri­tu de pro­duc­tor de ci­ne, afir­ma­rán que só­lo po­dría ser por el di­ne­ro; el di­ne­ro mue­ve to­dos los de­seos co­mo sí, de he­cho, és­te fue­ra un flu­jo de­sean­te en sí mis­mo y no una abs­trac­ción con el cual al­can­zar los de­seos. Esto, al me­nos en es­ta oca­sión, es fa­laz. El ac­tor Tugg Speedman, hé­roe de ac­ción caí­do en des­gra­cia des­pués de ha­cer el pa­pel de un sub­nor­mal de­ma­sia­do sub­nor­mal, en­con­tra­rá en la pe­lí­cu­la la po­si­bi­li­dad de con­se­guir aque­llo que exac­ta­men­te de­sea: un TiVO en el ro­da­je y el res­pe­to de to­dos aque­llos que le ro­dean. Por ello su pa­pel en la pe­lí­cu­la se sos­ten­drá siem­pre co­mo el in­ten­to in­fruc­tuo­so, siem­pre ofus­ca­do, de bri­llar por en­ci­ma de to­dos lle­van­do la pe­lí­cu­la ade­lan­te has­ta las úl­ti­mas con­se­cuen­cias a pe­sar de que, en úl­ti­mo tér­mino, sus ca­pa­ci­da­des ac­to­ra­les ri­va­li­za­rían só­lo con las de un tor­tu­ga tetrapléjica. 

    Lo in­tere­san­te ocu­rri­rá cuan­do el di­rec­tor, un Steve Coogan en es­ta­do de gra­cia, de­ci­da con el es­cri­tor del li­bro que es­tán adap­tan­do que lo me­jor es co­ger a los cin­co ha­ra­ga­nes, inú­ti­les in­ca­pa­ces de ac­tuar con la más mí­ni­ma cre­di­bi­li­dad, y aban­do­nar­los en mi­tad de la sel­va gra­ban­do to­do el pro­ce­so de su in­ten­to de su­per­vi­ven­cia. Ahí co­men­za­rá su su­rrea­lis­ta aven­tu­ra en la cual en nin­gún mo­men­to ac­tua­rán sino que to­do se­rá in­ter­pre­ta­do co­mo lo que es: pu­ra y du­ra realidad.

    (más…)