Mes: diciembre 2009

  • creciendo con los cuervos

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    La es­cue­la es ca­da día mas un her­vi­de­ro de vio­len­cia de to­da cla­se, en una so­cie­dad ultra-competitiva don­de quien es me­jor es quien mas le­jos lle­ga aun a cos­ta de los de­más. Las lu­chas en­car­ni­za­das, nor­mal­men­te en for­ma de in­ten­tar ser el me­jor de uno u otro mo­do, son el pan de ca­da día. En Crows Zero de Takashi Miike es­tas lu­chas ade­mas, son siem­pre a golpes.

    Genji Takaya hi­jo de un je­fe ya­ku­za quie­re lle­gar a do­mi­nar la es­cue­la de los cuer­vos pa­ra se­guir el le­ga­do de su pa­dre pe­ro pa­ra ello an­tes ten­drá que de­rro­tar al ac­tual ma­yor lí­der, el mons­truo Tamao Serizawa. Y ya es­ta, to­do lo de­más es es­ti­li­za­da vio­len­cia, per­so­na­jes bien cons­trui­dos y una fe­roz cri­ti­ca a la so­cie­dad. Los úni­cos adul­tos que mues­tran al­gún in­te­rés por los chi­cos son ya­ku­zas y son los úni­cos en dar­les la cla­ve de to­do, no se pue­de ga­nar to­do pe­lean­do. Genji ira au­nan­do a una ma­yo­ría a su al­re­de­dor sien­do un lí­der y sien­do un ami­go, es­ca­pan­do de la vio­len­cia bru­tal y des­per­so­na­li­za­da de la cual ha­cia ga­la al co­mien­zo y re-huyendo lo que los adul­tos quie­ren que sean, abo­rre­ga­dos si­mien­tes de fun­cio­na­les tra­ba­ja­do­res acos­tum­bra­dos a ser apaleados.

    El ca­mino del hé­roe pa­sa por apren­der a con­fiar en los que le com­ple­men­tan, si pre­ten­de lu­char so­lo le de­rro­ta­ran. El triun­fo a tra­vés del compañerismo.

  • cociendo a bach

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    Abordar una re-interpretación de Bach es en el me­jor de los ca­sos una la­bor du­ra y mas si es en cla­ve elec­tró­ni­ca, la lu­cha con­tra los pu­ris­tas de to­da cla­se se­ra en­car­ni­za­da. Así es­ta es la­bor pa­ra un ja­po­nes con los su­fi­cien­tes re­da­ños co­mo pa­ra en cla­ve de chip­tu­ne ha­cer una re-interpretación de Bach en tono noise.

    Scotch Bach de DJ Scotch Egg es una pa­ta­da en la bo­ca al aca­de­mi­cis­mo. Una vez mas el hom­bre que lan­za hue­vos co­ci­dos so­bre sus es­pec­ta­do­res, a gol­pe de chip­tu­ne, crea una pe­que­ña obra de ar­te qui­zás mas cer­ca de la bru­ta­li­dad de Bong-Ra que del ama­ble so­ni­do de YMCK. Un de­li­rio que par­te de una so­na­ta a rit­mo de Game Boy has­ta una bru­tal oda rui­dis­ta ar­ti­cu­la­da por el te­rro­ris­ta del KFC.

    El rui­do os de­vo­ra­ra en­tre la mag­ni­fi­cen­cia barroca.

  • mi espejo es el otro

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    Es na­tu­ral ima­gi­nar el in­fierno lleno de ma­qui­nas de tor­tu­ra don­de se in­fli­ge un do­lor in­hu­mano por la eter­ni­dad pe­ro mas sen­sa­to es pen­sar que el dia­blo nos de­pa­ra­ra un su­fri­mien­to mas allá de lo fí­si­co. Así nos lo plan­tea Jean-Paul Sartre en A Puerta Cerrada.

    Tres muer­tos re­cien­tes en el in­fierno don­de no duer­men y no pue­den ce­rrar los ojos nun­ca, ellos so­los se­rán su eter­na com­pa­ñía en el in­fierno en­ce­rra­dos en una pe­que­ña ha­bi­ta­ción con na­da mas que tres asien­tos de lo que pa­re­ce un ho­tel. Sin tor­tu­ra­do­res ni ma­qui­nas de tor­tu­ra, so­lo ellos y la re­la­ción que se es­ta­ble­ce en­tre los tres, van po­co a po­co des­nu­dan­do sus al­mas pa­ra en­con­trar la ra­zón de es­tar allí y elu­dir las cul­pas de una vi­da po­co hon­ro­sa. La pau­la­ti­na ne­ce­si­dad de unos por los otros con un con­si­guien­te des­pre­cio por lo de­lez­na­ble de las ac­tua­cio­nes en vi­da de los otros ha­rán que con­tra mas in­ten­tan jus­ti­fi­car­se y acer­car­se al otro el re­fle­jo que les de­vuel­ve sea mas cruel y distorsionado.

    Ante una puer­ta abier­ta tres tra­sun­tos de per­so­nas, re­fle­jos cua­si fan­tas­ma­les, obli­te­ra­dos de su esen­cia se nie­gan a sa­lir de su in­fierno por­que nin­guno sal­drá sin los otros y los otros no sal­drán con los de­más. Tenga cui­da­do el que mi­re al otro pues el otro le de­vol­ve­rá la mirada.