Subcultura y cultura underground a go-gó

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En ocasiones se puede otear parte del futuro, el como serán nuestras vidas en unas décadas con los súbitos cambios que producen, cada vez mas aceleradamente, las nuevas tecnologías. Esta ventana al futuro la encontramos en Neuroticfish y sobretodo en su Les Chansons Neurotiques.

Con un ortodoxo EBM con ciertos toques synthpoperos nos encontramos ante la sorpresa de que, pese a sus evidentes paralelismos con Assemblage 23 o Seabound, suena fresco y original. En cualquier caso lo mas sorprendente del grupo de Sascha Mario Klein son las letras que acompañan de un modo perfecto a sus canciones. Sus letras siempre tratan sobre una temática común, personas luchando por sobrevivir en un futuro sombrío que bien podría ser nuestro presente. Todo esto se ve articulado por la velocidad la cual, propiciada por las nuevas tecnologías, nos hace visible la realidad pero que, a su vez, es el motor mismo de nuestra propia destrucción. Todo esto encaja perfectamente con sus melodías,de corte futurista con uso y abuso de samplers y sintetizador que define, mas si cabe, esa relación simbiótica entre velocidad, tecnología y destrucción.

De mano de Klein visitamos un futuro desolador donde la velocidad y el dolor son los elementos definitorios de una humanidad perdida en su propio avance tecnológico. Cuando muere el donde, se erige el aquí y ahora.

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El camino de tres mujeres buscando la gloria se ve enaltecido al conocer a un dj de fama internacional que las auspicia bajo su ala en su camino hacia el triunfo en Japón. Esta es la historia ficticia del delirante experimento de Dj Ozma llamado Yajima Biyoushitsu, el grupo conformado por dos humoristas y el propio Ozma cuya delirante carta de presentación es Nihon no Mikata ~Nevada Kara Kimashita~.

Con un sonido claramente J-Pop con ciertos toques a là Motown este trió de bellezas nos regalan un despliegue de excesos kitsch con una presentación digna de ganar la mas casposa de las galas de Eurovision. Todo es absurdo en ellos pues, a fin de cuentas, son tres japoneses travestidos cantando como si se trataran de un trió de divas negras de los 60’s. Sin embargo, contra todo pronostico, consiguen captar a la perfección la esencia del sonido que imitan, no solo saliendo indemnes, sino triunfando por todo lo alto.

El camino hacia la innovación esta plagado de inverosimilitudes travestidas

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Que el Black Metal esta comenzando a abrazar de un tiempo a esta parte otros géneros para no estancarse no es nada nuevo. Esto, que algunos muy atrevidamente denominan Post-Black Metal, encuentra un sublime representante en Caïna con su Temporary Antennae.

Con un acercamiento desde el Shoegazing o incluso el Drone la propuesta en lo musical no nos sorprende a priori al no desvincularse de grupos de similar índole. Una escucha mas detallada nos descubre el alto grado de experimentalidad que llega a alcanzar el grupo. Desde un black descarnado y nada agradable se zambullen en las aguas de todo genero que son capaces de arramplar llegando a una mixtura de sonidos que lo hace completamente único. Esta experimentación llega a puntos absolutamente demenciales cuando llegan a hacer una fusión desconcertante, aunque por otra parte acertadisima, con techno.

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El drama es el género puro por antonomasia para un grupo de fósiles que se hacen llamar críticos culturales, su absoluto desprecio por “géneros menores” es bien conocido y extendido por la sociedad. Debe cabrearles mucho ver una obra maestra como es Stingray Sam de Cory McAbee, un mash-up de comedia, sci-fi, vaqueros y musicales.

Stingray Sam es un ex-convicto que trabaja como cantante de salón que se encuentra un día que, para saldar su cuenta con la sociedad, tiene que ir en busca de una niña para salvarla con su antiguo compañero Quasar Kid. La problemática principal de la misión de Sam es la pura imbecilidad de absolutamente todos los seres humanos de la galaxia; desde la inútil burocracia hasta los habitantes solo hombres y embarazados del planeta Fredward. Y entre toda la locura y absurdo saltan los números musicales, absolutamente geniales y sin ninguna justificación o razón de ser que, sumado a los fragmentos documentales que nos recuerdan a los mejores momentos de Fallout o Tachiguishi-Retsuden, acaban por conformar la personalidad del surrealista y caótico universo donde habita Sam.

Y al final, con un toque serio y dramático acaba con el inesperado chascarrillo y su consiguiente gilipollez, porque caer en el maniqueísmo del drama no es algo admisible en el corazón de Stingray Sam. El humor debe ser el definidor de la condición humana.

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Existe gente que siente una morbosa curiosidad por la muerte y el dolor, ya sea por el propio terror que sienten hacia eso mismo o por el placer, casi erótico, que les suscita. Estos individuos Otsuichi los denomina goth y así se llama su novela adaptada al manga que trata sobre este tema.

Itsuki Kamiyama es un joven obsesionado con la muerte y el asesinato que se hace pasar por un chico normal y popular mientras,  a su vez, Yoru Morino es una chica introvertida fascinada por el sufrimiento y el ver morir a las personas, esta peculiar pareja serán los protagonistas de Goth. En un tour de force continuo de clásica investigación adolescente con una cantidad generosa de violencia nos encontramos siempre las investigaciones de la pareja protagonista en contraposición a la facilidad de Morino de ser objetivo de todos los psicópatas del lugar. Así lo que se nos presenta como un manga que bien podría ser un thriller detectivesco o un cruel juego de horror gore no deja de ser un cuento clasico en el sentido mas estricto; la princesa Morino es secuestrada por el monstruo psicópata y el caballero Kamiyama la salva de las garras del pérfido monstruo. Salvo que aquí, el caballero, es otro monstruo.

Sangre, muerte, suicidio y amor recorren este breve manga en una cruel e incomoda transliteración contemporánea de los cuentos clásicos, devolviendoles su originaría crueldad. La muerte y el dolor articulan el discurso del hombre.

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Mi padre era un viejo y aburrido espeleologo de los de dan clases dramáticamente largas y se emocionan grandilocuentemente al encontrar un hueso fosilizado. Yo, a pesar de admirar a mi padre, nunca quise seguir sus pasos, soy mas del estilo de película, ya sabes, aventurero, recogiendo tesoros, esquivando trampas y salvando a bellas damiselas en apuros. Supongo que si sigues ahí es porque vas a acompañarme en el descenso a esa gruta, bien, pero ten en cuenta que esto no es como vuestras cómodas clases practicas quitando polvo, esto sera una clase a la antigua usanza.

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Que no se debe juzgar un libro por su portada es una cantinela que hemos oído todos miles de veces pero en ningún momento he oído que no podamos juzgar a las portadas en si mismo en relación a su libro.

Les invito mis queridos lectores a que juzguen convenientemente todas las portadas de los libros de Philip K. Dick como un sano y agradable pasatiempo para hoy. Encontraran desde lo mas pulp hasta portadas dignas de Stanislaw Lem, pasando por mi adorado estilo japones y por supuesto, nuestro estilo patrio. ¿Mi favorita?, encabezando el post, por supuesto.