Subcultura y cultura underground a go-gó

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Cthulhu Fhtagn!, de Necronomicon Studio

Aunque la cultura ya ha explotado todos los posibles puntos de vista con respecto de todas las formas inimaginables de practicar una narración no podemos negar que hay ciertas posturas con la que rara vez nos enfrentamos dentro de esta. Aunque nuestra sociedad considera que existen formas más o menos tangibles de formas radicales que podríamos considerar malignas lo más común que nos encontramos al protagonizar cualquier clase de historia son héroes benignos o anti-héroes de formas cuestionables pero benignos; en la cultura jamás se da pie a la posibilidad de un villano que lo sea por la búsqueda en sí del mal. Obviamente esa búsqueda del mal nunca será personal, pues nadie cree actuar mal voluntariamente, sino en condición de que los demás así lo consideren pero, aun con todo, parece prácticamente imposible que en un artefacto cultural podamos ponernos en la mirada del auténticamente otro moral: aquel que no sólo no actúa bien, sino que se comporta de un modo radicalmente malvado.

Como excepción en Cthulhu fhtagn! nos encontramos en esta rara avis donde las conformaciones del mal no sólo son subjetivas sino que, además, son literales. Nuestro protagonista, Robert Bauman, es un joven marginado que sufre bullying desde el instituto por sus escasas capacidades para las relaciones sociales, cosa que se recrudeció incluso en la universidad cuando descubrió que todos sus compañeros le hacían el vacío más absoluto por sus radicales formas de pensamiento: sólo la muerte ocupa su pensamiento. A partir de esta premisa nos encontramos con un joven profundamente nihilista, que cree que la sociedad en pleno le ha fallado, lo cual le conducirá hacia planear como vengarse de forma sistemática del mundo que le hizo esto. A partir de éste punto nuestro deber será encontrar la manera de generar la mayor cantidad de caos posible en el mundo antes de que seamos capturados por las fuerzas de la ley que, sin duda, estarán deseosos de echarnos el guante después de nuestras primeras fechorías más brutales. Por supuesto, si logramos superar los primeros crímenes, pronto se abrirá el auténtico camino del juego: el aprendizaje e invocación de dioses alienígenas de más allá de la realidad, los mitos lovecraftnianos.

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