Subcultura y cultura underground a go-gó

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Existe una idea muy extendida entre los críticos literarios en particular, aun cuando está codificado en la perspectiva cultural de la gente, de que la intertextualidad es la característica posmoderna por excelencia; antes de nuestro tiempo no existía ninguna clase de diálogo extracultural entre diferentes contextos u objetos del ámbito cultural. Un ejemplo practico lo podríamos encontrar en la reseña que harían en Estado Crítico con respecto de de Los electrocutados1 donde se nos concede una interesante explicación: voy a intentar explicar por qué no me ha gustado, siendo como soy, un apasionado de la literatura posmoderna, fragmentaria, lúdica, intertextual e iconoclasta.2. No entraremos en si le ha gustado o no la novela al citado, cosa totalmente irrelevante para nuestros intereses, y nos fijaremos en la retahila de adjetivos que desfilan danzarines ante nuestros ojos; hace una caracterización de adjetivos concatenados propios de Lo Posmoderno: fragmentario, lúdico, intertextual e iconoclasta.

¿Cual es el problema de esa caracterización del posmodernismo? Que obvia cualquier otra clase de obra anterior a la posmodernidad que cumpla esos requisitos. Es muy fácil acudir al ejemplo de El Quijote, de Miguel de Cervantes, que es intertextual, fragmentario, lúdico e iconoclasta y lo es, además, infinitamente más que Los electrocutados; si la caracterización posmoderna vale para una novela del siglo XVII, ¿puede ser así de forma efectiva la posmodernidad? No. Pero entonces parecemos quedarnos huérfanos de todas nuestras ideas preconcebidas sobre que supone la posmodernidad y la cultura contemporánea por lo que, en último término, se hace imperativo poner El Quijote como una excepción. Por supuesto esto se refutaría con citar otras posibles referencias pero, mejor, daremos voz a un experto en este tema en particular: Steven Moore.

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  1. Del cual ya habría una crítica en este mismo blog donde se la definía en términos tan (hipotéticamente) posmodernos, y venidos al caso, como que su entendimiento literal es imposible, como en toda novela, que siempre se ha de interpretar para ser comprendida. ARBONÉS, A. El lenguaje es un virus en la medida que la existencia su contingencia. 2012. En linea: http://www.skywaspink.com/?p=7444 (16-02-2012) []
  2. MORAGA, J.M. El electrón es burdo , 2011, En linea: http://criticoestado.blogspot.com/2012/02/el-electron-es-burdo.html (16-02-2012) []

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Los electrocutados, de J.P. Zooey

Para toda versión oficial, oficiosa o, al menos, gustosa de un gran número de personas no necesariamente doctas siempre aparece un contrapunto que no sólo pone en cuestión su validez sino que la tira por tierra para edificar una alternativa más o menos plausible. Lo interesante de este suceso es que nunca se hace desde una oposición netamente radical pues, en la mayoría de los casos, se hace partiendo de una premisa cercana, similar o igual trufada de otras clausulas adyacentes completamente diferentes; hay una tendencia en el pensamiento a crear teorías disimiles en la articulación global del pensamiento más allá de sus nociones básicas. Un ejemplo evidente sería como a raíz de la existencia de la medicina científica se considera que la homeopatía es la otra clase de medicina del mismo modo que de la versión oficial de cualquier suceso político-social siempre le sucede una ilustración conspiranoica detrás; todo movimiento en una dirección por el pensamiento humano propugna siempre un mismo movimiento de base, paralelo, en otra dirección. Por ejemplo, si el terror post-industrial del mundo se puede explicar desde Theodor Adorno también se puede, igualmente, explicar desde Mike Ibañez: toda teoría tiene en su seno su contrapunto divergente.

Cualquier lectura, o al menos cualquier lectura que se precie de ser una buena lectura, habrá de tener en cuenta esta contraposición que reside como motor inmóvil de Los Electrocutados pues, como no podría ser de otro modo, se nos presenta como una historia alternativa de los eventos de un universo en caos. Toda la acumulación de papers, de carácter realista especulativo en su sentido más ampliamente literal, que se dan entre la historia cotidiana del triángulo de la divergencia [Dizze Mucho, Oidas Mucho y el in absentia (espiritual) presente J.P. Zooey] se nos presentan como un intento de descifrar el mundo interior de unos personajes que siempre se nos demuestran herméticos a nuestra mirada; como si las palabras no dijeran nada, parece que sólo su visión positivo-especulativa del mundo pudiera cristalizar su ser.

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