Subcultura y cultura underground a go-gó

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Behind the Mask: The Rise of Leslie Vernon, de Scott Glosserman

El problema de las ficciones auto-representándose de las ficciones es el hecho mismo de que en ese doble encajarse dentro de una ficción se permutan en la posibilidad de una posibilidad, nunca una realidad común por sí misma. Esto no es un problema, más bien al contrario, ya que nos permite vislumbrar algunas problemáticas particulares que sostenemos nosotros mismos con respecto de la ficción desde ver como la ficción misma trata sus problemáticas con respecto de lo ficticio; al ver como un el reflejo de un espejo refleja otro espejo que nos refleja podemos comprender, aunque sea de un modo refractario y difuso, cual es el mecanismo de funcionamiento del espejo mismo. Cuando el espejo se mira a sí mismo no como espejo, no como reflejándose a sí mismo -lo cual sería una ruptura de la cuarta pared, un truco tan antiguo como efectivo-, sino como un acto real del cual se deriva una ficción de alguna clase podemos comprender que es exactamente esa la relación que tenemos con lo ficticio: lo ficticio es real en sí mismo, sólo que siempre lo interpretamos en relación de nuestro mundo.

Es por eso que cuando Leslie Vernon acepta se grabado en un documental que registra como se crea el mito de un slasher, como se prepara una persona para acabar siendo un asesino pseudo-inmortal que viene de más allá de la vida para vengarse de la humanidad, comienza una serie de retruecanos imposibles que harán las delicias de cualquier buen fan del terror. Esto es el documental de como un slasher se llega a constituir como tal, obviando cualquier clase de trampa cinematográfica o cualquier explicación sobrenatural en el proceso: un slasher llega a serlo por una preparación minuciosa, de hecho milimétrica, de cada uno de los eventos que han de acontecer al respecto de su hipotético retorno. Escoger una víctima, falsear datos y pruebas además de mantener una estricta vigilancia produciendo encuentros fortuitos pero aterradores con su víctima, con la final girl que debe ponerle en apuros, son algunas de las cosas que debe hacer cualquier persona que sea aspirante para convertirse en un asesino que parece volver de la tumba para hacer caer su pesado filo de muerte sobre las fuerzas vivas de la sociedad.

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A través del espejo, de Lewis Carroll

Llegados éste momento parece necesario aclarar una duda que hemos estado arrastrando de una forma intermitente, quizás incluso de forma innecesaria, a lo largo de todo el trayecto, ¿de qué hablamos cuando hablamos de sentido? El sentido es una cualidad de los elementos consistente en mantener la coherencia mínima necesaria para que un discurso sea inteligible. Con esto queremos decir que el sentido es algo que consiste, simple y llanamente, en una cualidad a través de la cual las cosas se pueden entender en sí mismas sin resultar, en ningún momento, incoherentes o absurdas en el contexto discursivo que esgrimen en común el emisor y el receptor del discurso. Es por ello que podríamos entender que si ahora me dispusiera a hablar en francés cuando he estado hablando constantemente para un emisor de habla hispana il ne comprend pas mon message, igual que si dijera en un contexto matemático que 2+2=5 sería perfectamente coherente que alguien me dijera que estoy completamente equivocado -no así si estoy hablando de música indie, en cuyo caso estaría aludiendo a una canción de Radiohead y, por extensión, mi coherencia permanecería perfectamente intacta.

Ahora bien, el contexto discursivo es algo lo suficientemente flexible como para que sea extremadamente complejo poder delimitar de una forma absoluta cuando algo tiene, o no, sentido. Si yo me dirigiera a un matemático afirmando de forma rotunda que 2+2=5 sin comunicarle en que contexto discursivo me estoy dirigiendo a su persona entonces él afirmaría, seguramente tratando de loco o de analfabeto no sin razón, que 2+2 es y debe ser 4. Ahora bien, si le informo de que cuando digo que 2+2=5 estoy hablando de una canción y no de una operación matemática, si le informo de que estoy en un contexto musical y no matemático, entonces podríamos hablar normalmente al respecto de la canción sin haber ahí un ruido informacional que impidiera toda posible comunicación; una realidad conformada por exactamente los mismos elementos en el mismo orden pueden significar cosas diferentes en dos contextos discursivos -o, por extensión, de cualquier otra clase- diferentes. Para ver esto mejor, acudiremos al clásico ejemplo del no menos clásico huevo Humpty Dumpty:

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