Autor: Álvaro Arbonés

  • nos darán a conocer el dolor

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    Todos los mie­dos son la re­pre­sen­ta­ción de un úni­co mie­do pri­mor­dial y ab­so­lu­to, el mie­do a la muer­te. Tememos a la os­cu­ri­dad por­que en ella ace­cha lo des­co­no­ci­do, lo des­co­no­ci­do es lo que nos ma­ta­ra y no exis­te na­da mas des­co­no­ci­do que los se­res que es­tán mas allá de la realidad.

    Hellraiser de Suicide Commando y re­mi­xea­da por VNV Nation es una jo­ya del industrial/EBM. Un rit­mo muy mar­ca­do, una es­truc­tu­ra bai­la­ble y una voz ve­ni­da de los do­mi­nios de Leviathan nos evo­can el má­xi­mo pla­cer a tra­vés del do­lor de mano de un ce­no­bi­ta que vie­ne tras no­so­tros. Beats, vi­ni­lo y te­rror pa­ra el so­ni­do de la nue­va era, la era del do­lor auto-infligido.

    Traerán el in­fierno a la tie­rra con su música.

  • embalsamando en 35mm

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    En los subur­bios de Colombia so­lo se pue­de en­con­trar co­rrup­ción, dro­gas y, so­bre­to­do, muer­te y de es­to ul­ti­mo se en­car­ga Orozco, el pro­ta­go­nis­ta de Orozco el Embalsamador de Tsurisaki Kiyotaka.

    Este di­rec­tor ja­po­nes de pe­lí­cu­las porno y de­cla­ra­do fo­tó­gra­fo de la muer­te fil­mo du­ran­te 3 años en El Cartucho, una pe­li­gro­sa zo­na de Colombia, es­te in­co­mo­do mon­do con­tem­po­rá­neo. Durante ho­ra y me­dia nos re­tra­ta pa­so por pa­so el tra­ba­jo de Froilán Orozco Duarte, uno de los em­bal­sa­ma­do­res de la zo­na, des­de la muer­te en la ca­lle del su­je­to has­ta que ter­mi­ne el tra­ba­jo Orozco. Lo sór­di­do y de­ca­den­te del am­bien­te aña­de un pun­to de re­pug­nan­cia a unas es­ce­nas que, ya de por si, re­vuel­ven el es­to­ma­go por el uso de in­có­mo­dos zooms ca­da vez que al­guien ve sus tri­pas abier­tas so­bre la me­sa. Todo un es­pec­tácu­lo so­bre la muer­te en el tan ol­vi­da­do se­gun­do mundo.

    La de­gra­da­ción fí­si­ca y mo­ral de una zo­na que no tie­ne re­cur­sos pa­ra que los vi­vos si­gan vi­vos de­ma­sia­do tiem­po. Al ho­rror des­de la reali­dad que no que­re­mos ver en nues­tros telediarios.

  • bailando con momias

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    Los ghuls son tan an­ces­tra­les co­mo la ci­vi­li­za­ción mis­ma ras­go en co­mún con la mú­si­ca y sien­do que el ghul mas an­ti­guo co­no­ci­do de his­to­rias son las mo­mias y pa­ra al­gu­nos el ga­ra­ge es al­go del pa­leo­lí­ti­co de­be­mos ha­blar de The Mummies, el gru­po de ga­ra­ge punk com­pues­to úni­ca­men­te por momias.

    En Death by Unga Bunga en­con­tra­mos una ris­tra de can­cio­nes que nos ha­blan de his­to­rias de te­rror al rit­mo de un fre­né­ti­co y añe­jo ga­ra­ge punk, una ex­qui­si­ta mues­tra de que el ga­ra­ge es­ta no-muerto, co­mo el gru­po, eter­na­men­te en­fun­da­do en sus ven­das. Con mu­chas y muy cla­ras in­fluen­cias del surf rock nos re­ga­lan un dis­co de him­nos ale­gres y fies­te­ros pa­ra bai­lar co­mo si vol­vié­ra­mos a los 60’s, unos 60’s ade­re­za­dos con el ci­ne de los 80’s en una mez­cla de pu­ro ho­rror y di­ver­sión pa­ra una ge­ne­ra­ción que cree que el ga­ra­ge punk es co­mo las mo­mias, un no-muerto.

    Las mo­mias vuel­ven des­de su tum­ba pa­ra ha­cer­te bai­lar y, a me­nos que seas un zom­bie xe­no­fo­bo, ¿acep­ta­ras su dan­za macabra?

  • las modelos pútridas quieren tus ojos

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    Los efec­tos es­pe­cia­les di­gi­ta­les y el pho­toshop es­tán so­bre­va­lo­ra­dos, los efec­tos con­se­gui­dos des­de ha­ce años con un buen ma­qui­lla­je so­bre­pa­san am­plia­men­te los re­sul­ta­dos con cual­quier otra téc­ni­ca, al­go que co­no­cen muy bien en Japón.

    En Putrid Princess SFX Fashion Show en­con­tra­mos una ci­ta anual en la cual se ha­ce una com­pe­ti­ción por ver los me­jo­res di­se­ños de ma­qui­lla­je y ves­tua­rio de te­rror po­si­ble, ver­da­de­ras obras de ar­te del fan­ta­te­rror mas des­com­pues­to y re­pug­nan­te a gol­pe de pin­tu­ra, com­ple­men­tos y mu­cho ar­te. Como siem­pre, aquí pue­den ver­lo, gra­cias a Tokyo Scum

  • khlûl”-hloo

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    Todo es­cri­tor es­cri­be, en ma­yor o me­nor me­di­da, so­bre si mis­mo, nos na­rra sus in­fluen­cias, sus pa­sio­nes, sus fo­bias y mu­chas ve­ces, su pro­pia per­so­na­li­dad. Dado es­to es po­si­ble un ca­so ex­tre­mo en el que un au­tor nos na­rre su vi­sión de se­res mas allá de la reali­dad, es­to es lo que nos pro­po­nen Rodionoff, Griffen y Breccia en Lovecraft.

    Esta es una suer­te de bio­gra­fía fic­cio­na­da de la vi­da del es­cri­tor H. P. Lovecraft mez­clan­do su bio­gra­fía real con as­pec­tos fic­ti­cios que jus­ti­fi­quen su con­ti­nuo y de­sen­fre­na­do des­cen­so ha­cia la lo­cu­ra y la es­cri­tu­ra de sus mi­tos. Los mi­tos son reales y Lovecraft se en­fren­to con­tra ellos es­toi­ca­men­te des­de que sien­do un ni­ño le­yó el Necronomicon que lle­vo a su pa­dre al psi­quiá­tri­co y de­bi­do a es­to, se pa­so la vi­da lu­chan­do con­tra la ma­lig­na in­fluen­cia de los Primigenios en el mun­do. La úni­ca lla­ve al otro mun­do, el Necronomicon, en ma­nos de un es­cri­tor de no­ve­las pulp que nos in­ten­ta­ba ad­ver­tir de nues­tra po­ten­cial des­truc­ción a par­tir de sus obras. Así, por otra par­te, des­ta­ca su gra­fis­mo, muy de épo­ca y ha­cien­do én­fa­sis en un feis­mo que do­ta de per­so­na­li­dad a los per­so­na­jes y, so­bre­to­do, ha­ce mas in­de­fi­ni­dos y re­pul­si­vos a los in­de­fi­ni­dos ho­rro­res de Arkham.

    Si es­tas dis­pues­to a via­jar a Arkham y co­no­cer los re­cón­di­tos os­cu­ros se­cre­tos del uni­ver­so ha­bras de co­no­cer an­tes la vi­da de Lovecraft, es­cri­tor y guar­dián de los mi­tos del dur­mien­te en R’lyeh. Ph’nglui mglw’­nafh Cthulhu R’lyeh wgah’­nagl fhtagn.