
Creo que estamos en un camino irreversible hacia más libertad y democracia. Pero las cosas pueden cambiar
George W. Bush

Creo que estamos en un camino irreversible hacia más libertad y democracia. Pero las cosas pueden cambiar
George W. Bush

Antes de que los recortes fueran la dinámica común del político que siente que no estaba haciendo suficiente por un país que le permite establecerse como jefe de todos sin haber hecho mayor mérito político que el haber sabido perfeccionado el arte del lametazo perianal, el gran leit motiv político era la educación. Es por eso que hoy, es hora de volver la vista hacia el futuro: aquellos que vienen detrás de nosotros, aquellos que habrán de vivir en un mundo del mañana que dejará de existir por culpa de las tijeras del gobierno actual; las tijeras en la espalda de la educación son el asesinato de nuestro mañana. Piense en el futuro: piense en ellos.
Anuncio patrocinado por «Arbonés por España»
Cuando el americano medio ve un anuncio político, tiene una infinidad de elementos que pueden hacerle entender en el acto que está ante una evidente exigencia de su voto: discursos de un marcado acento grave se permiten discurrir alternándose entre candidatos a la presidencia e imágenes de archivo que, desfilando entre apocalípticos datos o frases contundentemente breves, desvirtúan la labor presente del rival. Y, por supuesto, el sempiterno anuncio patrocinado por nos deja en claro quien ha establecido esa lógica atroz allí subsumida: la transparencia absoluta de los anuncios políticos en Estados Unidos es de una inocencia naïf para la nación más audiovisualmente potente del mundo; todo su discurso se erige sobre manipulaciones, atajando sus cuestiones más importantes a través de un argumentario que siempre vira obscenamente hacia la demagogia. Y, sin embargo, se nos subraya de forma constante en nombre de quien se erige la manipulación: gran hermano, pero uno que se gusta demasiado.

¿Qué es la guerra? Esta pregunta, que como toda pregunta realizada al principio de un escrito parece inane e innecesaria ‑aun cuando nunca, jamás, lo deba ser‑, esconde dentro de sí algunas de las problemáticas más profundas con las que se ha tenido que ver el hombre especialmente a lo largo del siglo XX. Sí, la guerra existe desde el principio de los tiempos, ¿pero acaso después de la experiencia de dos guerras mundiales no hemos aprendido algo?¿Acaso hoy la guerra no se ha transportado en una guerra global, encarnada a cada instante, en la guerra contra el terrorismo, contra la violencia de género, contra la ignorancia ‑todos ellos, además, términos relativos y usados siempre como arma arrojadiza, sin contextualizar? Quizás suene exagerado, quizás siempre se pueda acusar que los hijos de la democracia no hemos conocido en nuestras carnes la guerra, la violencia y el hambre ‑como si estas, en último término, sólo se dieran en estado de excepción‑, pero de lo que no cabe duda es que la guerra se ha transformado, de que vivimos en un perpetuo estado de combate contra un enemigo mutable. Y es que, si como afirmó Michael Foucault, la política es la guerra continuada por otros medios, entonces la democracia es el sistema de la guerra por excelencia.
No se me malentiendan, esto no es un ataque hacia la democracia o la memoria de La Pepa ‑o no exactamente‑, pues tampoco tendría sentido hacerlo: cualquier sistema que permita mayor libertad individual a sus individuos es mejor que cualquier otro sistema que tenga menos favores hacia la libertad; una democracia corrupta sólo es mejor que una dictadura benévola en tanto en la democracia los hombres puedan seguir teniendo voz en voto en comunidad pues si no es así, ¿qué le diferencian? Una verdadera democracia, o al menos una que se pretenda como la mejor de la manifestaciones posibles del orden político humano, tiene que tender en la mayor medida de lo posible hacia la emancipación total de los individuos. El problema es que no es así.

1.
La democratización de cualquier faceta de la realidad humana, atendiendo a Spinoza cuando afirmaba que con personas conducidas por las bajas pasiones y no la razón no se puede pensar en utopías, es un potencial desastre de proporciones épicas. Y es que dirigir sutilmente la mirada de los ignorantes, cuando se tienen los medios adecuados, es algo tan sencillo que acaba por tornarse trágico. Por ello, todo lo que tiene Internet de revolucionario y mágico lo tiene, potencialmente, de desastroso. Los ejemplos más transparentes siempre se dan en el pop a través del hype.
2.
Justin Bieber es un joven canadiense de madre católica con una gran pasión por el canto, tanto como para que su madre acabara por subir vides suyos cantando canciones famosas a la siempre infinitamente popular youtube, dando la casualidad que acabarían en el ordenador de Scooter Braun, un ejecutivo de marketing de una discográfica. La pía madre de Bieber afirmaría que es sin duda una obra de Dios al cual rezó incansablemente para que una buena discográfica de valores cristianos se fijaran en su cándido primogénito. Y Dios, en forma de ejecutivo, escuchó sus oraciones, en forma de insistentes emails y llamadas de teléfono. Aquí como comienza la Biebexplotation.