Algunos videojuegos son productos, otros son obras de arte. La diferencia no es capciosa ni intenta hacer de menos a unos u otros; no es un modo de hablar de sus cualidades, sino cómo nos relacionamos con los mismos. Algunos videojuegos se pueden consumir y olvidar y no tratar como obras de arte en absoluto, porque se agotan con la misma facilidad que se juegan. Algunos videojuegos no admiten este acercamiento, porque no se agotan porque mucho que queramos tratarlos como un mero entretenimiento con el que asesinar horas de nuestra vida hasta el momento en el que muramos. Ambos son obras de arte, porque inevitablemente todo videojuego lo es, pero solo los segundos no admiten ser tratados como meros productos.
Paranormasight: The Seven Mysteries of Honjo no es un mero producto. Es un videojuego orgulloso de sus particularidades, sus misterios, su relación con otros medios. Es una obra de arte. Una que no se agota fácilmente.
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