Etiqueta: Playboy

  • la liberación (sexual) se encuentra en la comunión de los cuerpos

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    James Deen, ac­tor porno

    Supongamos que vi­vi­mos en una so­cie­dad don­de el se­xo es­tá lo su­fi­cien­te­men­te li­be­ra­do ‑y su­po­ne un mer­ca­do lo su­fi­cien­te­men­te jugoso- co­mo pa­ra que mer­can­ti­li­ce de una for­ma más o me­nos abier­ta, aun cuan­do su­brep­ti­cia en al­gu­na de sus for­mas. Ahora su­pon­ga­mos que us­te­des son un repu­tado pro­duc­tor de ci­ne por­no­grá­fi­co en cier­nes que quie­re abrir­se ca­mino en un mer­ca­do so­brex­plo­ta­do ‑co­mo to­do seg­men­to de mer­ca­do ac­tual, por otra parte- in­clu­so en sus fa­ce­tas un­der­ground, ¿qué ha­rían pa­ra con­se­guir ha­cer­se con una par­te del pas­tel? Lo que se ha­ce ac­tual­men­te, la ma­yo­ría de as­pi­ran­tes a nue­vos ri­cos del porno, es más de lo mis­mo con lo cual no hay ries­go y, por tan­to, ni be­ne­fi­cio ni éxi­to; es im­po­si­ble com­pe­tir con­tra los gi­gan­tes en su cam­po. Es por ello que us­ted, sen­sa­to ca­ba­lle­ro con un par de mi­llo­nes pa­ra in­ver­tir, que­rrá di­ri­gir­se a un pú­bli­co que el porno ha­ya des­aten­di­do sis­te­má­ti­ca­men­te, co­mo las mu­je­res. Por su­pues­to es­to ya ocu­rre y, si te­ne­mos que res­ca­tar un nom­bre pro­pio, ese es só­lo uno: James Deen, el ac­tor porno que se ha he­cho fuer­te en el ima­gi­na­rio (se­xual) femenino.

    ¿Y quien es James Deen? Es un jo­ven de ape­nas sí po­co más de me­tro se­ten­ta y pi­co, que no lle­ga a unos des­gar­ba­dos se­ten­ta ki­los que es ca­paz de en­can­di­lar a cual­quier bue­na chi­ca con una son­ri­sa tier­na, una mi­ra­da dul­ce y un pe­lo bien cui­da­do. Sus ras­gos li­ge­ra­men­te es­cul­pi­dos le do­tan de un cier­to ai­re fe­me­nino y su to­tal au­sen­cia de ho­ras de gim­na­sio ‑o, al me­nos, del abu­so in­dis­cri­mi­na­do de com­ple­men­tos pro­teí­ni­cos y/o esteroides- le ale­jan del con­cep­to co­mún de ac­tor porno; él pa­re­ce más un chi­co cual­quie­ra que pue­das en­con­trar por la ca­lle, en el tra­ba­jo o en cla­se que el clá­si­co chu­la­zo de la in­dus­tria del porno. Y lo es, ade­más, en to­das sus me­di­das, pues en­tre sus pier­nas no cuel­ga una ta­la­dra­do­ra in­dus­trial mo­vi­da por can­ti­da­des in­gen­tes de via­gra, só­lo un fa­lo en la me­di­da de lo común.

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  • pigmalión: el primer fan de la idol virtual

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    El hom­bre siem­pre ha bus­ca­do a lo lar­go de to­da su his­to­ria el crear un ca­non ab­so­lu­to de be­lle­za a tra­vés del uso de la pu­ra téc­ni­ca; no exis­te na­da ra­di­cal­men­te nue­vo en la bús­que­da de la per­fec­ción cor­po­ral. Desde la es­cul­tu­ra de la Grecia clá­si­ca en bús­que­da de la har­mo­nía fí­si­ca has­ta las ope­ra­cio­nes de ci­ru­gía es­té­ti­ca y el pho­toshop siem­pre se ha bus­ca­do el mi­me­ti­zar aque­llos as­pec­tos más per­fec­tos de la na­tu­ra­le­za, aun cuan­do en reali­dad no exis­tie­ran. Por ello el si­mu­la­cro nos lle­vó ha­cia la pri­me­ra idol vir­tual, la ya fa­mo­sa Hatsune Miku, y se re­pi­te la ju­ga­da, es­ta vez me­dian­do en­ga­ño, en el seno de las AKB48 con Aimi Eguchi.

    Recientemente se unió una nue­va chi­ca al po­pu­lar gru­po de idols AKB48, con­sis­ten­te en tres gru­pos di­fe­ren­tes de 16 chi­cas, co­no­ci­da co­mo Aimi Eguchi. Las pri­me­ras sos­pe­chas con res­pec­to de ella fue­ron sus­ci­ta­das por el he­cho de que des­de que se anun­ció su unión al gru­po no ha­bía he­cho apa­ri­ción al­gu­na en pú­bli­co o pren­sa, al­go inusi­ta­do en una for­ma­ción ba­sa­da en la cons­tan­te so­bre­sa­tu­ra­ción me­diá­ti­ca. La pri­me­ra oca­sión en la que se la pu­do ver fue en la edi­ción ja­po­ne­sa de Playboy, don­de se le de­di­co la por­ta­da por en­te­ro a ella; se in­ten­tó así aca­llar las vo­ces crí­ti­cas con res­pec­to de ella. Poco des­pués po­dría­mos ver­la en mo­vi­mien­to al rea­li­zar un anun­cio de ca­ra­me­los pa­ra la mul­ti­na­cio­nal Glico pu­bli­ci­tan­do unos ca­ra­me­los en con­jun­to con al­gu­nas de sus com­pa­ñe­ras de for­ma­ción. El ví­deo, aun­que sos­pe­cho­so por en­se­ñar­nos una Eguchi par­ti­cu­lar­men­te irreal, cau­so un fu­ror mu­cho ma­yor que su pro­pio cues­tio­na­mien­to; los fans de la ban­da la eli­gie­ron co­mo la idol más her­mo­sa de la unit por sus ras­gos per­fec­tos. Y tan per­fec­tos eran que no era real, sino la mí­me­sis del res­to de chi­cas. Así, re­cien­te­men­te, Playboy y Glico ad­mi­tie­ron que en reali­dad Aimi Eguchi no exis­te y no es más que una idol crea­da a par­tir de los ras­gos más atrac­ti­vos de ca­da una de las de­más idols a tra­vés de un son­deo con tal pro­pó­si­to. El si­mu­la­cro ata­có de nue­vo con fiereza.

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