Etiqueta: Porque el mayor enemigo de Bruce Wayne es Batman.

  • A veces creo en la luz verde. Una carta dirigida a Jay «El gran» Gatsby

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    Querido Gatsby,

    te es­cri­bo es­tas pa­la­bras des­pués de mu­cho tiem­po. Aquí to­do si­gue igual y, don­de tú es­tás, tam­po­co cam­bia na­da ya sal­vo la for­ma en co­mo se te lee: siem­pre eres aban­do­na­do por la ti­li­lan­te luz ver­de y, quie­nes te que­re­mos, es­ta­mos de­ma­sia­do le­jos pa­ra con­so­lar­te. No sé si por ca­sua­li­dad o por in­ca­pa­ci­dad; su­pon­go que am­bas. Pero cuan­do ha­ce­mos da­ño al otro, y cuan­to más que­re­mos más da­ño po­de­mos pro­vo­car, no lo ha­ce­mos con in­ten­ción de he­rir las des­ve­la­das le­ta­nías de sus me­ses de pri­ma­ve­ra. Ya lo sa­bes. Por eso se que me per­mi­ti­rás que en es­ta oca­sión di­va­ge, que te se­ña­le aque­llo que he re­cor­da­do de ti, esa son­ri­sa tris­te tu­ya que es­con­de una te­naz ne­ce­si­dad de pa­sa­do —un pa­sa­do que sa­bes tu­yo por de­re­cho, ¿có­mo no per­se­guir­lo entonces?¿Cómo no per­der­lo pues?— que ti­li­la en la no­che más allá de los azu­les cam­pos en­tre los dos pun­tos se­pa­ra­dos por el in­fi­ni­to. Jay Gatsby y Daisy Buchanan: el sue­ño de una no­che de ve­rano tro­ca­do en­tre fiestas.

    ¿Pero por qué fies­tas, Gatsby? Ya sé que to­dos han creí­do siem­pre que el sen­ti­do de tu vi­da era el ex­ce­so, la fies­ta, la os­ten­ta­ción; to­dos te lla­man con­tra­ban­dis­ta o ase­sino, ho­mo fes­ti­vu­rus o bur­gués abu­rri­do, cuan­do sin em­bar­go tú no eras na­da de eso: lo ha­cías por Daisy, por­que ella sí era to­do eso y mu­cho más. Ella era un al­ma abu­rri­da del Oeste que ne­ce­si­ta deses­pe­ra­da­men­te sa­ber­se atraí­da por al­go que le apor­te ese al­go más. Ese al­go más po­día ser cual­quier co­sa. Por eso tus fies­tas re­sul­tan tan fas­tuo­sas, pa­té­ti­cas y des­hi­la­cha­das, un cam­po de jue­gos don­de la co­rrup­ción de un tiem­po se nos mues­tra res­que­bra­ján­do­se en las vi­vas pa­re­des crea­das pa­ra un tiem­po pa­sa­do; na­da hay au­tén­ti­co en ello, por­que son só­lo un trá­mi­te pa­ra con­se­guir aque­llo que de­seas. La fies­ta es pa­ra Daisy. Para que Daisy pue­de con­si­de­rar­te, si es que eso es po­si­ble, un igual que ella. Sé que aquí son­rei­rás con es­cep­ti­cis­mo, con esa re­pro­va­ción de aquel que no le gus­ta que se­ña­len aque­llas co­sas que pre­ten­de es­con­der de su mis­ma per­so­na, pe­ro es im­po­si­ble ca­llar­se las fi­lo­sas ver­da­des del al­ma en­tre ami­gos. Quizás no quie­ras oír­lo, pe­ro tam­po­co pue­des ne­gar­me que así sea.

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  • el caballero de personalidad disociativa

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    En el fon­do to­dos es­ta­mos un po­co lo­cos, la di­fe­ren­cia es en que pun­to en­tre las pe­que­ñas ma­nías y mie­dos ha­bi­tua­les y la psi­co­pa­tía en su es­ta­do más pu­ro es ha­cia que la­do de la ba­lan­za mas nos acer­ca­mos. Batman Arkham Asylum abor­da es­te te­ma des­de sus dos pro­ta­go­nis­tas y un in­vi­ta­do es­pe­cial que aca­ba re­sul­tan­do ser lo me­jor del juego.

    Batman atra­pa por enési­ma vez a Joker pe­ro es­te una vez en Arkham con­si­gue ha­cer­se con el po­der del psi­quiá­tri­co des­atan­do una ola de te­rror, Batman en es­ta si­tua­ción de­be­rá en­fren­tar­se a sus más te­rri­bles mie­dos en for­ma de sus re­cu­rren­tes enemi­gos. Desde Killer Croc has­ta el mis­mo Joker pa­san­do por los re­tos de Enigma en un en­torno que no de­ja de ser una tí­pi­ca cár­cel de al­ta se­gu­ri­dad mas que un in­sano ma­ni­co­mio. Pero es­to no es lo que te­me, su enemi­go más pe­li­gro­so y te­mi­do es el más dé­bil en apa­re­cien­cia, es El Espantapájaros.

    En ca­da apa­ri­ción del Espantapájaros ino­cu­la una can­ti­dad de dro­gas del pá­ni­co a Batman por las cua­les re­me­mo­ra los mo­men­tos más te­rri­bles de su vi­da, lo que más te­me en es­ta vi­da. Desde la muer­te de su pa­dre has­ta un tra­sun­to del prin­ci­pio del jue­go don­de en vez de es­col­tar Batman a Joker es es­te se­gun­do quien es­col­ta al in­te­rior a un de­men­ta­do Batman con per­so­na­li­dad di­so­cia­ti­va. Después de es­to lle­ga a un lu­gar don­de rei­na el caos y la lo­cu­ra del Espantapajaros en for­ma gi­gan­tes­ca do­mi­nan­do to­do, te­nien­do que huir de el has­ta en­con­trar la luz que pue­de de­rro­tar­le y ter­mi­nar con las ho­rri­bles pe­sa­di­llas que produce.

    Si Batman te­me a Joker no es por el da­ño que pue­de ha­cer, sino por­que es el re­fle­jo te­ne­bro­so de si mis­mo, la úni­ca di­fe­ren­cia en­tre ellos dos es la for­ma en la que abra­zan su lo­cu­ra, un pe­que­ño res­ba­lón po­dría po­ner al uno en el lu­gar del otro. Porque el ma­yor enemi­go de Bruce Wayne es Batman.