Subcultura y cultura underground a go-gó

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En una sociedad donde el musical esta visto como una patochada y un arte menor, es curioso como ha conseguido hacerse un hueco entre las películas de animación por culpa del efecto Disney de poner a cantar continuamente a sus personajes. Siempre se han burlado en Las Macabras Aventuras de Billy y Mandy y llevado al extremo en el numero musical de su primera película, La Gran Aventura de Billy y Mandy con el Coco.

Scary-o es un canto a no tener miedo desde la absoluta subnormalidad, Billy nos anima a no tener miedo por que nada es tan grave y porque, a fin de cuentas, tenemos demasiada hambre para temer nada. Sin exaltaciones de la amistad, el valor, el honor o el amor, solo de la estupidez en su forma más pura. Todo rematado con un guitarrista Tío Cosa con vestuario de Slash cantando con un Billy Stardust en un juego de referencias que ya querría para si Padre de Familia.

Hasta la opera rock desde el musical bien entendido y la aceptación de los ingredientes definitivos, el absurdo y la estupidez.

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Billy Bat es un detective privado, cualquiera diría que ser un murciélago es un problema de no ser porque vive en un mundo de animales antropomorfos. De carácter sobrio y fuerte, es el típico detective,  solo le importa hacer bien su trabajo, aunque sea algo tan nimio como si la mujer del señor Edward Costello le es infiel. Y vaya si lo es. Cuando va a comunicarle las malas noticias aparece muerte y todo se precipita, matones advirtiéndole su funesto futuro si mete el hocico, la mujer de Costello en su oficina, una extraña organización, muchas incógnitas y ninguna respuesta. El suspense esta servido.

Un curioso comic que data de 1949 de manos del autor Kevin Yamagata, el cual vivió en su vida una consecución de sucesos extraños dignos de un manga de Urasawa.

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Según algunos historiadores podemos seguir la historia de la humanidad a través de sus cambios políticos, otros más cercanos a Marx, que debemos hacerlo por los cambios en la producción, pero según Mamoru Oshii el modo más adecuado es mediante los hábitos alimenticios y sus repercusiones en la sociedad. Y aquí entra en juego su película/mockumentary Tachiguishi-Retsuden.

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A veces pasamos en la vida sin reparar en cosas, simplemente pasándolas de largo sin prestarles mayor atención aunque nos salten a la cara una y otra vez con la evidencia de que serán de nuestro interés. Este es mi caso con Blur y la solución ha sido Midlife: A Beginner’s Guide to Blur.

En honor a su vuelta a los escenarios decidieron hacer, ya no un greatest hits, sino un disco de lo que consideran que son sus canciones más significativas para iniciar a los que aun no conocían a Blur. Así en vez de un simple recopilatorio de singles uno detrás de otro hacen una extensa selección que va desde lo evidente hasta pequeñas sorpresas, desmarcándose en la mayor medida de lo posible de lo más obvio y popular.

Así, después de todo, firman un recopilatorio demasiado extenso para el neófito y carente de las filias particulares para el fan acérrimo, perfilándose como un disco para aquellos que conociendo ya a Blur nunca nos acercamos más allá de la eventual escucha de algunos de sus singles. Un disco que hace fans.

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Las dicotomías son algo inherente al hombre y a la misma naturaleza y así debió entenderlo Yasuhiro Imagawa cuando se enfrento a la realización de esta revisión del universo de Mazinger Z.

Shin Mazinger Shougeki! Z Hen (真マジンガー 衝撃! Z編, Shin Majingā Shōgeki! Zetto Hen) no es un remake sino un reboot, tan de moda actualmente, que nos presenta una nueva visión sobre Mazinger Z y el Dr. Hell. Esta nueva encarnación se cimienta, ademas de en las dicotomías, en otro aspecto ya insinuado pero aun no tan desarrollados en su anterior versión, el origen divino de Mazinger.

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En 1988 dos autores de manga, Suehiro Maruo y Kazuichi Hanaw, publicarían un libro de ilustraciones de Muzan-e, un estilo especialmente sangriento del Ukiyo-e. Así ambos autores con su particular trazo de dibujo harían 28 escenas de sangrientos asesinatos al estilo de la pintura tradicional japonesa inspirados en las obras del siglo XIX de Yoshitoshi.

Llama la atención como en las obras añaden algunos elementos culturales modernos como puede ser el suicidio de Adolf Hitler y Eva Brown o una re-interpretación del final de Caperucita Roja. Pero lo mejor, es verlo por uno mismo.

Bon apetit.

Aquí debería ir una profunda diserción con una extensa declaración de intenciones sobre que quiero conseguir en este blog. Pero me niego a hacerlo, simplemente lean, disfruten y si les gusta, quédense, pues en mi casa son bienvenidos.