Mes: septiembre 2009

  • el ruido os devorara

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    El rui­do, el epi­to­me de lo in­co­mo­do, los be­rri­dos de tu ve­ci­na la que no es cons­cien­te de que no sa­be can­tar, el pu­to pe­rro que la­dra a las 7 de la ma­ña­na, el mur­mu­llo de de­ce­nas de gi­li­po­llas que no te per­mi­ten pen­sar, el mo­les­to zum­bi­do de la te­le. Todo es rui­do un ge­nio de­ci­dió apro­ve­char ese rui­do que el ama­ba pa­ra crear su hi­jo, pa­ra crear a Noiseman.

    Noiseman Sound Insect es una pe­que­ña obra de ani­me de Kōji Morimoto en el que una es­pe­cie de mons­truo lla­ma­da Noiseman, crea­da y ali­men­ta­da por el rui­do que ge­ne­ran to­das las co­sas or­gá­ni­cas, con­quis­ta el mun­do y de­ci­de ali­men­tar­se de los se­res hu­ma­nos a los cua­les se­pa­ra su rui­do de su esen­cia fí­si­ca, con­vir­tién­do­los en es­pí­ri­tus. Con la be­lle­za pro­pia que im­preg­na to­da obra de Studio 4°C y con un ba­ño de psy­cho­de­lia se nos pre­sen­ta una di­co­to­mía del hom­bre, la lu­cha del rui­do, re­pre­sen­ta­do en un gi­gan­tes­co ser con un com­por­ta­mien­to in­fan­til, y de la mú­si­ca, re­pre­sen­ta­do por pe­que­ños es­pí­ri­tus que so­lo in­ten­tan so­bre­vi­vir de un mal que los apri­sio­na en la os­cu­ri­dad. El rui­do que de­vo­ra to­do sen­ti­do, paz y hu­ma­ni­dad del mundo.

    Una lu­cha sin cuar­tel, los fru­tos de la mú­si­ca con­tra las se­mi­llas del rui­do, co­mien­za el com­ba­te en­tre los hom­bres del rui­do y los in­sec­tos de la mú­si­ca. Del mal al bien pa­san­do por una ale­gre melodía.

  • el señor de los logos del mal

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    Con el na­ci­mien­to del Black Metal lle­go al mun­do la pri­me­ra mú­si­ca ge­nui­na­men­te os­cu­ra, nihi­lis­ta y re­pu­dia­ble fue­ra de to­da du­da, pe­ro a la vez que con­se­guía sa­lir vic­to­rio­so en los tér­mi­nos de des­apro­ba­ción, don­de el punk se vio de­rro­ta­do, tam­bién en­con­tra­ría una nue­va for­ma de en­ten­der los logos.

    Christophe Szpajdel crea­ría en 1990 el lo­go de Emperor, a raíz de es­to ha­ría in­fi­ni­dad de lo­gos pa­ra gru­pos de Black Metal y, en oca­sio­nes, tam­bién de Death Metal has­ta lle­gar a crear un es­ti­lo de le­tra que el tie­ne a bien de­no­mi­nar Depressiv’Moderne. Y co­mo en es­ta san­ta ca­sa ama­mos el me­tal ex­tre­mo, les de­jo con la im­pre­sio­nan­te ga­le­ría de lo­gos in­des­ci­fra­bles que le da per­so­na­li­dad al que qui­zás sea el ge­ne­ro mas con­tro­ver­ti­do de la his­to­ria de la música.

  • el viejo y cansado heroe

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    Los what if? siem­pre son un me­dio in­tere­san­te pa­ra con­tar his­to­rias cu­rio­sas o in­via­bles por sus pro­pias re­per­cu­sio­nes. Supeditado a es­to en­con­tra­mos la nue­va his­to­ria de Lobezno en la cual es el ul­ti­mo su­per­hé­roe vivo.

    Old Man Logan em­pie­za con la apa­ci­ble vi­da de Logan sien­do ex­tor­sio­na­do por los hi­jos de Hulk, uno de los su­per­vi­lla­nos que con­quis­to EEUU en el oca­so de los su­per­he­roes, mo­ti­vo por el que de­ci­de acom­pa­ñar a ha­cer un mis­te­rio­so en­car­go con Hawkeye pa­ra así po­der pa­gar por sus tie­rras. Aquí co­mien­za un tra­sun­to de via­je ini­ciá­ti­co de un hé­roe ha­ce dé­ca­das de­rro­ta­do, atra­vie­san to­do el país re­tra­tan­do la mi­se­ria que han traí­do los su­per­vi­lla­nos mien­tras Logan ocul­ta la ra­zón pa­ra no sa­car ja­mas sus ga­rras y no pe­lear. Hasta que se ve obli­ga­do a hacerlo.

    Cráneo Rojo con su par­ti­cu­lar ga­le­ría de tro­feos de su­per­he­roes o el sim­bion­te di­no­sau­rio son un ejem­plo de lo me­jor del có­mic, cuan­do se to­ma su tiem­po y abra­za el ab­sur­do pro­pio del co­mic, al­can­za sus pun­tos ál­gi­dos en la auto-referencialidad y el ex­ce­so pulp. Las ven­gan­zas no son so­bre los ase­si­nos, es so­bre to­do lo que los con­ten­ga. Este ex­ce­so sin em­bar­go se ve pron­to su­pe­di­ta­do a un rit­mo na­rra­ti­vo tor­pe que ter­mi­na por pre­ci­pi­tar el des­en­la­ce y so­bre­to­do, el se­cre­to de Logan, que en un in­ten­to de ser un gi­ro de tuer­ca in­creí­ble aca­ba por re­sul­tar incoherente.

    Una his­to­ria irre­gu­lar de un per­so­na­je irre­gu­lar que se va tam­ba­lean­do en­tre gran­des mo­men­tos de ge­nia­li­dad y una me­dio­cri­dad ab­so­lu­ta por cul­pa de in­ten­tar tras­cen­der. El amor ha­cia el ex­ce­so del pulp trun­ca­do por el in­ten­to de epatar.

  • combando a las personas

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    The Bloody Beetroots son lo más cer­cano al te­rro­ris­mo mu­si­cal que po­de­mos en­con­trar en el House a día de hoy. Sumémosle a es­to le la co­la­bo­ra­ción del crea­dor de mo­das en la som­bra por ex­ce­len­cia, Steve Aoki, y con­se­gui­re­mos un es­pe­jo de la con­tem­po­ra­nei­dad co­mo Warp.

    Warp si­gue la es­te­la del Electro House más su­cio y os­cu­ro par­tien­do co­mo ba­se de Dominator de Human Resource, ac­tua­li­zan­do en un tono si­mi­lar pe­ro en un nue­vo con­tex­to el te­ma. Desde Dominator, el epi­to­me de lo co­ol en su épo­ca, The Bloody Beetroots se atre­ven a res­ca­tar­lo con una me­lo­día más os­cu­ra y su­cia pe­ro mu­cho más es­cu­cha­ble pa­ra una for­ma más re­fi­na­da de en­ten­der el House, fir­man­do así una obra que no so­lo re­nue­va sino que me­jo­ra el con­cep­to original.

    Y es que tan­to Steve Aoki co­mo The Bloody Beetroots han en­ten­di­do la esen­cia de la mo­der­ni­dad con­tem­po­rá­nea, un mo­do de en­ten­der la exis­ten­cia, es­ta de mo­da ser alternativo.

    One, two, ¡uh, uh!

  • el caballero de personalidad disociativa

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    En el fon­do to­dos es­ta­mos un po­co lo­cos, la di­fe­ren­cia es en que pun­to en­tre las pe­que­ñas ma­nías y mie­dos ha­bi­tua­les y la psi­co­pa­tía en su es­ta­do más pu­ro es ha­cia que la­do de la ba­lan­za mas nos acer­ca­mos. Batman Arkham Asylum abor­da es­te te­ma des­de sus dos pro­ta­go­nis­tas y un in­vi­ta­do es­pe­cial que aca­ba re­sul­tan­do ser lo me­jor del juego.

    Batman atra­pa por enési­ma vez a Joker pe­ro es­te una vez en Arkham con­si­gue ha­cer­se con el po­der del psi­quiá­tri­co des­atan­do una ola de te­rror, Batman en es­ta si­tua­ción de­be­rá en­fren­tar­se a sus más te­rri­bles mie­dos en for­ma de sus re­cu­rren­tes enemi­gos. Desde Killer Croc has­ta el mis­mo Joker pa­san­do por los re­tos de Enigma en un en­torno que no de­ja de ser una tí­pi­ca cár­cel de al­ta se­gu­ri­dad mas que un in­sano ma­ni­co­mio. Pero es­to no es lo que te­me, su enemi­go más pe­li­gro­so y te­mi­do es el más dé­bil en apa­re­cien­cia, es El Espantapájaros.

    En ca­da apa­ri­ción del Espantapájaros ino­cu­la una can­ti­dad de dro­gas del pá­ni­co a Batman por las cua­les re­me­mo­ra los mo­men­tos más te­rri­bles de su vi­da, lo que más te­me en es­ta vi­da. Desde la muer­te de su pa­dre has­ta un tra­sun­to del prin­ci­pio del jue­go don­de en vez de es­col­tar Batman a Joker es es­te se­gun­do quien es­col­ta al in­te­rior a un de­men­ta­do Batman con per­so­na­li­dad di­so­cia­ti­va. Después de es­to lle­ga a un lu­gar don­de rei­na el caos y la lo­cu­ra del Espantapajaros en for­ma gi­gan­tes­ca do­mi­nan­do to­do, te­nien­do que huir de el has­ta en­con­trar la luz que pue­de de­rro­tar­le y ter­mi­nar con las ho­rri­bles pe­sa­di­llas que produce.

    Si Batman te­me a Joker no es por el da­ño que pue­de ha­cer, sino por­que es el re­fle­jo te­ne­bro­so de si mis­mo, la úni­ca di­fe­ren­cia en­tre ellos dos es la for­ma en la que abra­zan su lo­cu­ra, un pe­que­ño res­ba­lón po­dría po­ner al uno en el lu­gar del otro. Porque el ma­yor enemi­go de Bruce Wayne es Batman.