Subcultura y cultura underground a go-gó

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Hoy hace ya 75 años que el gran maestro de nuestra logia secreta, el culto a los primigenios, desapareció; ¿pero qué son 75 años cuando en los eones por venir incluso la muerte puede morir? Por eso, aun con la falta material de nuestro amado Lovecraft, aun permanece indemne en sus textos, en sus sueños y en el terror de los gentiles: ¡Lovecraft vive (en el espíritu de sus seguidores)! Es por ello que, en petite comité, hemos planeado la deliciosa malicia de hacer un especial para honrar la memoria del maestro, tanto en sus facetas más desconocidas como en aquellas pautas que puedan servir para adentrarse en la oscura avenida ensortijada de árboles de retorcidas ramas que ululan a nuestro paso sin viento que los mueva. Cinco conspiradores, cinco adeptos, les sumergirán en un mundo de caos y horror desde donde el cual ya no podrán salir jamás indemnes, pues las esporas de los hongos de Yuggoth ya estarán instaladas en sus cerebros esperando pacientemente para eclosionar. Tras el salto se encuentra el abismo, los cinco testimonios de los adeptos que no pudieron dejar de honrar a su maestro enseñando sus entrañas.

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Hongos de Yuggoth, de H.P. Lovecraft

Ésta es la hora en que los poetas lunáticos saben

Para hablar de poesía, pero también para hablar del mundo, es determinante hablar de la estética en tanto es nuestra forma de comprender y delimitar la significación del mundo, ¿cómo podemos explicar a través de esta la imposibilidad de conocer el mundo? Si lo bello es aquello que resulta agradable a la vista, lo siniestro es aquello que esconde realidades oscuras dentro de sí, lo grotesco es lo que resulta desagradable a los sentidos y lo curioso ya su propio nombre lo dice, lo sublime es el intersticio extraño donde se da la fascinación por todo aquello que no puede ser comprendido -éste es el punto donde conocemos lo que no podemos conocer, donde la estética se time de irracionalidad; la comprensión clásica de lo sublime -o, al menos, la de Edmund Burke- nos permuta en la posición de nuestra finitud con respecto del infinito: nosotros nos sentimos fascinados por la tormenta, porque somos infinitamente pequeños con respecto de su dimensión y poder. En lo sublime hay una fascinación perentoria que no es necesariamente una sensación positiva, es la actitud del hombre que se paraliza ante la visión de aquello que es incapaz de racionalizar, aquello que es incapaz de aprehender desde su finitud propia, con respecto del mundo. Lo sublime es una de las conformaciones más tenebrosas de la estética natural a las cuales el hombre debe confrentar.

Qué hongos brotan en Yugoth, y qué perfumes

Esto lo vería fácilmente un alma sensible como fue H.P. Lovecraft -sensible por lo cual, por pura extensión, también torturada por la recursividad de lo sublime en cada rincón del mundo- ante su incapacidad de aceptar los cambios bruscos que estaba sufriendo el mundo. Profundamente racista, misántropo hasta la más virulenta de las nauseas y un anti-tecnología rayana la obsesión más puramente benjaminiana no era capaz de comprender ni aceptar la visión del mundo y el progreso como algo positivo para el hombre, ¿qué se puede esconder más allá de lo sublime, de lo que no puede ser comprendido, si no la oscura cara de algo más monstruoso que la humanidad misma? Detrás de los lagos, de las estrellas, de las tormentas y de los insectos se esconde el monstruoso recuerdo de que estamos en el universo de prestado, y que nuestra pretensión de esclavizar cuanto existe de natural sólo nos llevará hasta nuestra más pronta extinción sí insistimos en seguir revolviendo el trastero de la naturaleza.

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