Categoría: The Sky Was Pink

  • hermano contra hermano

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    Una gue­rra ci­vil es siem­pre por de­fi­ni­ción una lu­cha fra­tri­ci­da, la di­vi­sión en dos ban­dos den­tro del mis­mo país ha­ce que lo que an­tes eran fa­mi­lia­res y ami­gos en de­ma­sia­das oca­sio­nes se en­fren­te por unos idea­les que ellos no eli­gie­ron. Así da co­mien­zo Civil Wars con una lu­cha por el fu­tu­ro de los superhéroes.

    Después de un ac­ci­den­te en un co­le­gio con 60 ni­ños muer­tos por cul­pa del reality show de los Nuevos Guerreros al in­ten­tar cap­tu­rar a Nitro. A raíz de es­to se pre­ci­pi­ta­ra to­do ha­cia un ac­ta de re­gis­tro que obli­ga­ra a los su­per­hé­roes a ha­cer pu­bli­ca su iden­ti­dad con Iron Man a la ca­be­za. Sin em­bar­go al­gu­nos de los su­per­hé­roes no es­ta­rán dis­pues­tos a acep­tar es­ta si­tua­ción, se­gún ellos, de to­ta­li­ta­ris­mo y se opon­drán fron­tal­men­te an­te la ley con el Capitán América co­mo líder.

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  • los ramones poppies

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    No es di­fí­cil per­ca­tar­se que al­gu­nas de las co­sas que me­jor fun­cio­nan son las más sen­ci­llas. En oca­sio­nes, so­lo hay que ver to­do des­de un pun­to de vis­ta di­fe­ren­te pa­ra ha­cer al­go me­jor o al me­nos, nue­vo. Este de­be ser el pen­sa­mien­to del po­wer trió fe­me­nino ja­po­nes Shonen Knife.

    Shonen Knife apa­re­cie­ron en 1981 ha­cien­do un punk cla­ra­men­te ra­mo­niano pe­ro, ade­lan­tán­do­se en ca­si una dé­ca­da al Shibuya-kei, usan­do co­mo in­fluen­cia los gru­pos de pop de los 50. Sonido que el rock de los 90, des­de el grun­ge has­ta el po­wer pop, he­re­da­rían de Shonen Knife, las cua­les por en­ton­ces ya eran un gru­po de cul­to. Y así, tres dé­ca­das des­pués, si­guen so­bre los es­ce­na­rios dán­do­lo to­dos con su punk-pop al­ta­men­te con­ta­gio­so con unos áni­mos fes­ti­vos inigualables.

    Se pre­sen­tan co­mo unos Ramones al­ter­na­ti­vos en for­ma de mu­jer y aman­tes del pop que arra­san co­mo un hu­ra­cán con un es­ti­lo dul­ce­men­te punk. Una de las pe­que­ñas jo­yas pop de Japón.

  • el negro, el oso y el bebé

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    Entre las se­ries es co­mún la crea­ción de spin-off pa­ra con­ti­nuar el ti­rón de una se­rie de gran po­pu­la­ri­dad con al­guno de sus per­so­na­jes mas ca­ris­má­ti­cos. Y aquí en­con­tra­mos ya el pri­mer pro­ble­ma de ba­se de The Cleveland Show, han uti­li­za­do co­mo ba­se el per­so­na­je me­nos ca­ris­má­ti­co de to­da la serie.

    Después de su di­vor­cio Cleveland ha de ir­se de ca­sa con su hi­jo de 14 años y aca­ba ca­si por ca­sua­li­dad en la ciu­dad don­de na­ció, lu­gar don­de aca­ba ins­ta­lán­do­se con el amor de to­da su vi­da, Donna, des­pués de su­pe­rar su pa­ga­fan­tis­mo. Con es­to y con una re­tai­la de in­sul­sos se­cun­da­rios, chis­tes sin gra­cia y las peo­res re­fe­ren­cias pop ja­mas vis­ta en Padre de Familia se re­su­me el pi­lo­to de la se­rie. Así en­con­tra­mos en el hi­jo pe­que­ño de Donna un aná­lo­go de Stewie, en el oso Tim a Brian, en Cleveland Jr. una suer­te de Cris mo­reno o Holt un Joe no-paralitico. Aun peor son los per­so­na­jes sin ana­lo­gía cla­ra a nin­gún per­so­na­je que no pa­san de ser re­mien­do clá­si­cos de sit-com fa­mi­liar, co­mo la ado­les­cen­te rebelde.

    Los gags no van mu­cho mas allá ba­sán­do­se en chis­tes alar­ga­dos has­ta el abu­rri­mien­to si­guien­do co­mo guía lo peor de Los Simpson y Padre de Familia de sus ul­ti­mas tem­po­ra­das. Así los úni­cos mo­men­tos con cier­ta gra­cia se dan cuan­do aun es­tán en Quahog en un con­ti­nuo ejer­ci­cio de auto-referencialidad al re­pe­tir gags de la se­rie re­no­va­dos don­de es­tu­vie­ra in­vo­lu­cra­do Cleveland.

    Mucho de­be­ría me­jo­rar The Cleveland Show pa­ra lle­gar si­quie­ra al ni­vel de Padre de Familia, ha­ce mu­cho su­pe­ra­do por otras se­ries de ani­ma­ción muy su­pe­rio­res y que no se cum­pla el va­ti­ci­nio de la ma­yo­ría, olía a muer­to an­tes de nacer.

  • espacio desmembrado

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    Todos mis com­pa­ñe­ros de cla­se que­rían ser ma­ri­nes es­pa­cia­les cal­vos que por­ta­ran ar­mas lo más gran­des y des­truc­ti­vas po­si­ble pa­ra ex­ter­mi­nar al­gu­na cla­se de ame­na­za alie­ní­ge­na mien­tras se pa­ra­pe­ta­ban en co­ber­tu­ras des­trui­bles. Yo soy el chi­co ra­ro de mi ge­ne­ra­ción, ¿que te pue­de ofre­cer un po­bre in­ge­nie­ro que no pue­da apor­tar un mus­cu­li­tos cal­vo y des­ce­re­bra­do en una na­ve per­di­da en el espacio?

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  • yes we ken!

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    Existen obras que por me­ra ca­sua­li­dad o por la ge­nia­li­dad de su au­tor con­si­guen ade­lan­tar­se a la reali­dad de su tiem­po, co­mo por ejem­plo va­ti­ci­nar la ca­rre­ra al po­der de un no-anglosajón por la pre­si­den­cia a la Casa Blanca, pe­ro en Eagle es un ja­po­nes de ter­ce­ra ge­ne­ra­ción en vez de un mes­ti­zo negro.

    Eagle es una obra de Kaiji Kawaguchi que nos ha­bla de co­mo lle­ga un hom­bre a ser pre­si­den­te de la na­ción más po­de­ro­sa del mun­do. Una his­to­ria lle­na de co­rrup­ción, ma­las ar­tes y en al­gu­nos ca­sos, es­pe­ran­zas y amor, con his­to­rias pa­ra­le­las co­mo la del pe­rio­dis­ta Takashi Jo, hi­jo bas­tar­do del fu­tu­ro pre­si­den­te Keneth Yamaoka y pe­rio­dis­ta per­so­nal de es­te pa­ra que es­cri­ba su historia.

    Lo más cu­rio­so de es­te man­ga es co­mo el au­tor re­tra­ta to­do el am­bien­te po­lí­ti­co, no es na­da que sor­pren­da a los fans de El Ala Oeste de la Casa Blanca o The War Room (pe­lí­cu­la que sir­vió de ins­pi­ra­ción a Kawaguchi, por otra par­te) pe­ro que ha­ce un im­por­tan­te re­tra­to, pa­ra lo bueno y lo ma­lo, de la po­lí­ti­ca y lo que la mue­ve, que no siem­pre es la pro­pia po­lí­ti­ca. Todo es­to se sos­tie­ne gra­cias a unos per­so­na­jes bien cons­trui­dos re­pre­sen­ta­cio­nes de per­so­na­jes reales, ya sea Bill Clydon, Al Noah o George Tuck. Pese a to­do, el pe­so ge­ne­ral de la obra cae una y otra vez en el ca­ris­ma y po­der de Keneth Yamaoka que siem­pre da la vuel­ta a los pro­ble­mas inesperadamente.

    Eagle es así la for­ja de un pre­si­den­te y tam­bién, la for­ja del en­ten­di­mien­to de los me­ca­nis­mos políticos.