Etiqueta: hegelianismo

  • Todo deviene normalidad cuando la filosofía es clausurada

    null

    Son com­pren­si­bles, en­ton­ces, las pre­ten­sio­nes de las cien­cias hu­ma­nas. Si es ver­dad que el dis­cur­so fi­lo­só­fi­co fue clau­su­ra­do por Hegel, no de­be­mos sor­pren­der­nos de que pro­li­fe­ren las cien­cias hu­ma­nas. Se ha­ce mu­cho rui­do en torno al de­ba­te que opon­dría Historia y es­truc­tu­ra. Qué di­ver­ti­do. Si la Historia ter­mi­nó, si su dis­cur­so es si­len­cio­so, con­ven­ga­mos en que tal de­ba­te se­ría un po­co aca­dé­mi­co. Por otra par­te, es nor­mal que las cien­cias hu­ma­nas ten­gan al­go pa­ra ex­plo­rar, es de­cir, que re­co­noz­can en el hom­bre al­go más que lo hu­mano. En el hom­bre hay un 1% de hu­mano y el res­to es, di­ga­mos, ani­mal; es­to da un al­to mar­gen de te­rri­to­rio im­pe­ne­tra­ble. En lo se­xual, lo hu­mano es la prohi­bi­ción del in­ces­to, es­to ha si­do di­cho y es ver­dad, ¿pe­ro el resto?

    Alexander Kojève

    (más…)

  • El samurai, como el rockero, es el que reclama el trono de la memoria para sí mismo

    null

    Six-String Samurai, de Lance Mungia

    El rock&roll co­mo gé­ne­ro ha te­ni­do la par­ti­cu­la­ri­dad de ha­ber na­ci­do y ha­ber­se man­te­ni­do siem­pre co­mo un re­fe­ren­te re­vo­lu­cio­na­rio, co­mo la bús­que­da in­con­for­mis­ta de al­go más allá de lo que una so­cie­dad en des­com­po­si­ción les ha con­ce­di­do ‑por lo cual en és­te sen­ti­do no se de­be con­fun­dir con la azu­ca­ra­da pro­ce­sión de rit­mos con­si­de­ra­dos du­ros en nues­tro tiem­po por la aca­ra­me­la­da es­tir­pe de oí­dos de abue­la. Aquí ha­bla­mos de roc­ka­billy y to­dos sus hi­jos, aque­llos que se eman­ci­pa­ron del pop en cual­quie­ra de sus en­car­na­cio­nes pa­ra ha­cer una mú­si­ca que se sos­tu­vie­ra por sí mis­ma más allá de las con­for­ma­cio­nes pro­pias de una so­cie­dad mer­can­ti­lis­ta que só­lo bus­ca el mí­ni­mo co­mún mul­ti­pli­ca­dor: so­ni­do fácil+público analfabeto=mucho di­ne­ro. Pero es­to no sig­ni­fi­ca que el rock re­nun­cie al di­ne­ro, al re­vés, la re­vo­lu­ción que ha­ce el rock no es de cor­te anti-capitalista sino que es la re­vo­lu­ción del ar­te por el ar­te, de la vin­di­ca­ción del rock&roll co­mo úni­co sen­ti­do ver­da­de­ro pa­ra una vi­da en des­com­po­si­ción; el au­tén­ti­co mú­si­co de rock pue­de to­car pa­ra ga­nar di­ne­ro pe­ro to­ca, en úl­ti­mo tér­mino, por­que no pue­de vi­vir sin el rock.

    ¿Por qué gen­te co­mo Buddy Holly, Ritchie Valens o The Big Bopper han crea­do al­re­de­dor su­yo una au­tén­ti­ca olea­da de san­ti­dad ‑has­ta un pun­to li­te­ral ab­so­lu­to: se rea­li­zan pe­re­gri­na­cio­nes al pun­to don­de se es­tre­llo el avión en el que iban cuan­do mu­rie­ron? Porque son san­tos de su pro­pia re­li­gión, la per­so­ni­fi­ca­ción de fi­gu­ras mi­to­ló­gi­ca­men­te car­ga­das de sig­ni­fi­ca­ción que do­tan de sen­ti­do la vi­da de sus cre­yen­tes. Es por ello que si Ritchie Valens nos de­mos­tró que no im­por­ta la ra­za pa­ra po­der ha­cer buen rock, The Big Bopper que por hu­mil­de que sean los orí­ge­nes se pue­de lle­gar al­to y Buddy Holly que ser un cua­tro ojos no es mo­ti­vo co­mo pa­ra no ser el chi­co guay de la cla­se, ¿por qué no de­be­rían ser con­si­de­ra­dos co­mo le­yen­das vi­vas ca­pa­ces de auto-replicarse co­mo en­ti­da­des re­vo­lu­cio­na­rias en tan­to ar­que­ti­pos que des­es­ta­bi­li­zan los pre­jui­cios do­mi­nan­tes en la sociedad?

    (más…)

  • Del montaje al montage de la identidad. Robocop como creación autoral universal.

    null

    I. Introducción. La iden­ti­dad de Robo/Cop

    Donde co­mien­za y don­de aca­ba la iden­ti­dad de un ob­je­to da­do es una de las pro­ble­má­ti­cas más com­ple­jas que ca­be plan­tear­se an­te cual­quier aná­li­sis, que se pre­ten­da más o me­nos ri­gu­ro­so, de la reali­dad. Delimitar que es un hu­mano y que es un ro­bot es in­creí­ble­men­te com­ple­jo, pe­ro en reali­dad no de­ja de ser­lo me­nos que la de­li­mi­ta­ción que in­ten­ta dis­cer­nir en que si­tua­ción se si­túa la re­la­ción autor/seguidor, creador/receptor, obra/derivado o cual­quier otro bi­no­mio, siem­pre ar­ti­fi­cial, que que­ra­mos sos­te­ner en una se­pa­ra­ción ne­ta más o me­nos es­tric­ta a par­tir de los cua­les ser es­tu­dia­dos. Pero es­to es así en la me­di­da que to­da es­ta se­pa­ra­ción de la iden­ti­dad se ba­sa en un no­mi­na­lis­mo frá­gil, uno que nun­ca alu­de stric­to sen­su a las con­for­ma­cio­nes ma­te­ria­les que nom­bran; si en­tre el di­cho y el he­cho hay un tre­cho, co­mo di­ce el cas­ti­zo di­cho po­pu­lar, po­de­mos de­cir que en­tre la de­no­mi­na­ción y la iden­ti­dad, también. 

    Es por ello que aquí, por una vez, no me li­mi­ta­ré a mi­rar la iden­ti­dad úni­ca de un de­ter­mi­na­do fe­nó­meno sino que, al más pu­ro he­ge­liano, in­ten­ta­ré sin­te­ti­zar el es­pí­ri­tu ab­so­lu­to que ani­da den­tro de sí: es­to es el (in­ten­to) de una sín­te­sis de la reali­dad ul­te­rior que se sos­tie­ne más allá de Robocop. Para ello, co­mo en cual­quier buen ejer­ci­cio de sín­te­sis, me de­ja­ré lle­var por lo que en ca­da obra va­ya pro­du­cien­do re­mi­nis­cen­cias pa­ra in­ten­tar ar­ti­cu­lar es­te dis­cur­so to­tal, aun­que no to­ta­li­za­dor ‑pues pa­ra que se die­ra tal to­ta­li­za­ción ne­ce­si­ta­ría­mos dis­cer­nir to­dos y ca­da uno de los sub­pro­duc­tos de Robocop, co­sa que se nos pre­sen­ta, en el me­jor de los ca­sos, co­mo un imposible‑, a tra­vés del cual po­da­mos co­no­cer el es­pí­ri­tu ab­so­lu­to del po­li­cía ro­bot. O, al me­nos, lo más pa­re­ci­do a un hi­po­té­ti­co es­pí­ri­tu ab­so­lu­to que, pro­ba­ble­men­te, só­lo exis­ti­rá en la men­te de los he­ge­lia­nos. Y, pa­ra ello, plas­ma­ré la evo­lu­ción la iden­ti­dad de una obra de fic­ción a tra­vés de los vai­ve­nes que su­fre en su có­pu­la con otras iden­ti­da­des (reales o no) en su trán­si­to su­ma­rial por los abrup­tos ca­mi­nos de la cul­tu­ra humana.

    (más…)