Kiyoshi Kurosawa, director fascinante por lo evocador de sus películas, defiende que cuando elige donde colocar la cámara es siempre bajo el prisma de hacer ver que existe un mundo más allá de lo que podemos ver: la cámara no capta todo cuanto existe, habiendo un mundo que está más allá de lo que podemos percibir. En contraposición, los grandes estudios venden la idea de que grandes mundos requieren grandes presupuestos, grandes ideas y grandes conceptos. Que un mundo siempre va a ser la impresión directa de lo que es — no lo que puede evocar por sus insinuaciones o sus ausencias, sino por lo que es capaz de poner en pantalla.
El acercamiento de Kurosawa, nacido de un ideal artístico que bien podría llevarnos a discusiones cuestionables sobre cómo los japoneses perciben el mundo —que podamos percibir correlación entre convenciones estéticas del país y lo que afirma un artista particular del mismo no significa, necesariamente, que esa correlación exista; no cuando lo que dice ese artista, Kurosawa, es algo que muchos artistas han afirmado en diferentes épocas y lugares del mundo sin relación con lo japonés, y, hasta donde sabemos no ha hecho referencia a ninguna de esas estéticas — , es mucho más sugerente que el acercamiento de los grandes estudios y el Hollywood actual. Porque donde en el primero existe una intencionalidad artística a partir de la cual existe el mundo, en el segundo solo existe el proceso material de reproducirlo.
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