• Guía de iniciación al manga (VII) — La comida y el manga: una relación de amor

    Guía de iniciación al manga (VII) — La comida y el manga: una relación de amor

    Este es un tex­to que se iba a pu­bli­car en un me­dio de cu­yo nom­bre no quie­ro acor­dar­me, pe­ro que nun­ca lle­ga­ron a pu­bli­car. Lo res­ca­to aquí por­que ca­sa bien con la guía, co­mo una bue­na bo­la ex­tra (con al­gu­nas adap­ta­cio­nes), y por­que, ¿qué gus­ta más que un buen iné­di­to de un au­tor?

    (Y por su­pues­to, ha si­do re­edi­ta­do pa­ra la ocasión)

    En Japón es­tán ob­se­sio­na­dos con la co­ci­na. Algo que no co­ge­rá por sor­pre­sa a na­die que ten­ga un mí­ni­mo in­te­rés por el país. Ya sea co­mo pio­ne­ros del pri­mer y me­jor pro­gra­ma de te­le­vi­sión de co­ci­na com­pe­ti­ti­va, Iron Chef, o por­que tie­nen uno de los ca­tá­lo­gos de res­tau­ra­ción más am­plios del mun­do, sien­do la me­ca de cual­quier gour­met o chef que se pre­cie, Japón siem­pre ha es­ta­do muy in­tere­sa­da en la co­mi­da, la co­ci­na y có­mo és­ta sir­ve pa­ra re­la­cio­nar­nos con los otros en cual­quier ám­bi­to de la vida.

    También es cier­to que eso no es al­go ex­clu­si­vo de Japón. Si abun­dan los pro­gra­mas, los li­bros, los ví­deos y los ar­tícu­los so­bre co­ci­na es por­que es un te­ma que nos in­tere­sa co­mo es­pe­cie. A fin de cuen­tas, to­dos te­ne­mos que en­fren­tar­nos de dia­rio sino con la co­ci­na, sí con el ac­to de co­mer. Pero en Japón esa ob­se­sión la han lle­va­do un pa­so más allá. Y pa­ra de­mos­trar­lo, na­da me­jor que el manga.

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  • Onimusha: Warlords — Resident Evil después de Resident Evil, Dark Souls antes de Dark Souls

    Onimusha: Warlords — Resident Evil después de Resident Evil, Dark Souls antes de Dark Souls

    En el ar­te co­mer­cial han de ha­cer­se cier­tas con­ce­sio­nes. Al no po­der per­mi­tir­se ser na­da más que la idea de un au­tor —de­be ce­ñir­se a las ne­ce­si­da­des del mer­ca­do, las im­po­si­cio­nes de se­ño­res con cor­ba­ta, los de­li­rios de un pú­bli­co que no acep­ta na­da que se sal­ga de lo que ya co­no­ce — , en oca­sio­nes las obras cul­tu­ra­les no pue­den ex­plo­tar to­do su po­ten­cial. Todo lo que po­drían ser de no te­ner que con­ten­tar a cri­te­rios que van con­tra la pro­pia pers­pec­ti­va artística.

    Eso no qui­ta pa­ra que, en oca­sio­nes, te­ner que ce­ñir­se a de­ci­sio­nes par­ti­cu­la­res pue­de ge­ne­rar pro­pues­tas in­tere­san­tes in­clu­so si la eje­cu­ción nun­ca pue­de lle­gar a es­tar a la al­tu­ra de la mis­ma. Que es exac­ta­men­te lo que ocu­rre con Onimusha: Warlords. Un jue­go que, por na­cer de la ne­ce­si­dad de ser un Resident Evil de la era sen­go­ku, es tan fa­bu­lo­so por lo que ha­ce de su pre­mi­sa co­mo li­mi­ta­do en su ca­pa­ci­dad pa­ra pu­lir to­do lo que no en­ca­ja en el mol­de al que de­be ajustarse.

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  • Guía de iniciación al manga (VI) — El manga erótico como una de las bellas artes

    Guía de iniciación al manga (VI) — El manga erótico como una de las bellas artes

    Este tex­to fue pu­bli­ca­do ori­gi­nal­men­te en di­ciem­bre de 2017 en la re­vis­ta cul­tu­ral Canino. Ha si­do re­edi­ta­do y re­ma­que­ta­do pa­ra la ocasión.

    Si hay un te­ma ta­bú por ex­ce­len­cia ese es el se­xo. La fic­ción pue­de tra­tar la vio­len­cia, la es­ca­to­lo­gía o to­da cla­se de ideo­lo­gías sin que re­sul­ten ne­ce­sa­ria­men­te pro­ble­má­ti­cas, pe­ro en el mo­men­to que hay una re­pre­sen­ta­ción grá­fi­ca de una ac­ti­vi­dad se­xual nun­ca fal­ta­rá quien abo­gue por su cen­su­ra. Por ti­mo­ra­ta o ino­fen­si­va que es­ta sea.

    Japón no es di­fe­ren­te en es­to. Aunque se nos in­ten­te ven­der que es una so­cie­dad hi­per­se­xua­li­za­da, en reali­dad tie­ne los mis­mos pro­ble­mas que la ma­yo­ría de paí­ses oc­ci­den­ta­les al res­pec­to del se­xo. Excepto por­que, si ob­ser­va­mos su his­to­ria, hu­bo un tiem­po en que tu­vie­ron una re­la­ción me­nos pa­to­ló­gi­ca, y pa­to­lo­gi­za­da, del sexo. 

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  • Guía de iniciación al manga (V) — Josei: el género que no se respeta por cómo se cataloga

    Guía de iniciación al manga (V) — Josei: el género que no se respeta por cómo se cataloga

    Este tex­to fue pu­bli­ca­do ori­gi­nal­men­te en no­viem­bre de 2017 en la re­vis­ta cul­tu­ral Canino. Ha si­do re­edi­ta­do y re­ma­que­ta­do pa­ra la ocasión.

    Al ha­blar de man­ga he­mos in­ci­di­do siem­pre en có­mo ha­bla­mos de ellos ex­clu­si­va­men­te ba­sa­dos en la de­mo­gra­fía bus­ca­da por la re­vis­ta en la que se pu­bli­can. ¿Significa eso que no ten­gan nin­gún va­lor orien­ta­ti­vo? Por des­gra­cia, es más bien al con­tra­rio. Mientras que pa­ra los ar­tis­tas y crí­ti­cos sig­ni­fi­can po­co, pa­ra los lec­to­res las de­mo­gra­fías sue­len ser in­di­ca­do­res exac­tos de aque­llo a lo que es­tán dis­pues­tos a dar una opor­tu­ni­dad y a lo que no.

    Y si bien eso sig­ni­fi­ca que el sei­nen es uni­ver­sal­men­te acep­ta­do y que el sho­nen y el shou­jo tie­nen que lu­char por su vi­si­bi­li­dad fue­ra de sus ni­chos, en el ca­so del jo­sei, la de­mo­gra­fía de mu­je­res adul­tas, de­be lu­char has­ta por la vi­si­bi­li­dad den­tro de su pro­pio nicho.

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  • Ninja Gaiden II Black — Variaciones sobre una obra maestra

    Ninja Gaiden II Black — Variaciones sobre una obra maestra

    Bajo el ca­pi­ta­lis­mo es im­por­tan­te ven­der. Permite se­guir crean­do y ha­cer otras co­sas im­por­tan­tes co­mo te­ner un lu­gar don­de dor­mir, co­mer tres ve­ces al día o se­guir exis­tien­do. Por des­gra­cia, la ex­ce­len­cia ar­tís­ti­ca y el va­lor de mer­ca­do ra­ra vez van de la mano. Por eso, in­clu­so si exis­te la al­ter­na­ti­va de crear ar­te só­lo co­mo hobby —de­jan­do, por ex­ten­sión, que to­do el ar­te co­mer­cial sea pro­du­ci­do por quie­nes pue­dan per­mi­tir­se no ga­nar di­ne­ro sin com­pro­me­ter sus pers­pec­ti­vas: al­go in­de­sea­ble sal­vo que creas que los obre­ros no de­be­rían te­ner voz y que las pro­duc­cio­nes co­mer­cia­les de­ban ser só­lo lo que pue­da gus­tar a la ma­yo­ría — , pa­ra ha­cer ar­te mu­chas ve­ces es ne­ce­sa­rio ha­cer con­ce­sio­nes. Encontrar la ma­ne­ra de ven­der lo que, por sí mis­mo, no tie­ne un si­tio en el mercado.

    En ese sen­ti­do, hay tres ma­ne­ras de ha­cer más in­tere­san­te, en tér­mi­nos co­mer­cia­les, cual­quier obra ar­tís­ti­ca: ven­der­la co­nec­ta­da a otra obra an­te­rior que ya es po­pu­lar, aña­dir se­xo o aña­dir vio­len­cia. Y eso es al­go que el re­cien­te­men­te fa­lle­ci­do Tomonobu Itagaki sa­bía bien.

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