Las carpas pueden vivir más de cien años, si se las cuida bien o tienen las condiciones adecuadas para ello. Según leyendas japonesas, las carpas que consiguen esta proeza tienen la habilidad de nadar contracorriente para llegar hasta el lugar donde nace el río y convertirse en una de las cuatro bestias sagradas: el dragón. Algo que se ha interpretado históricamente como que incluso las más poderosas de las criaturas comenzaron siendo pequeñas y delicadas, enfrentadas a un mundo que no estaba hecho para ellas.
Nadie nace aprendido. Ni los dragones ni los maestros. Porque para llegar a ser uno u otro, primero hay que ser una carpa o un aprendiz.
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