
Se podría decir que a memoria sólo conoce del capricho. Las razones por las que podemos olvidar cosas importantes, al tiempo que recordamos detalles insustanciales, a algo que no sólo es difícil de comprender, sino que también tiene consecuencias sobre nuestra capacidad para comprender la realidad; si nuestra memoria no nos asegura poder recordar las cosas tal cual han acontecido, ¿es posible decir que podemos conocer lo que ocurre en el mundo? La pregunta no es baladí, porque determina nuestra experiencia, Si no somos capaces de recordar las cosas tal cual fueron, en tanto todo tiempo presente es siempre pasado —ya que lo que vivimos es siempre una sucesión de instantes alojados en la memoria, pues no podemos vivir tomando decisiones sin tener en cuenta lo acontecido — , entonces podríamos dudar incluso de la posibilidad misma de toda existencia ajena a la del «yo». Si toda memoria es falible, maleable según intereses desconocidos para nuestra conciencia, ¿hasta qué punto podemos decir siquiera que nuestra vida, en tanto pretendida como tal, nos sea conocida de forma objetiva? Si la memoria no es una fuente fiable en alguna medida, entonces estamos encerrados en el capricho de una lógica ajena a nosotros mismos.
Afrontar los hechos o sepultarlos bajo diferentes capas de olvido no nos impide tener que aceptar los acontecimientos de nuestras vidas, en particular cuando se trata de traumas. Aunque Gregg Araki tiene un particular interés por explorar los oscuros límites de la condición humana, trascendiendo para ello la restrictiva etiqueta de cineasta queer que se le ha puesto —que si bien lo es, la problemática de sus películas va más allá de una reflexión de género, esos límites se vuelven particularmente difusos en Mysterious Skin; cimienta la historia a dos niveles, a través de dos personajes que eligen responder ante un trauma común de dos modos diferentes: donde uno olvida, el otro justifica.


El artista auténtico es aquel que no se rinde jamás ante la adversidad. Por eso Marlon Dean Clift, publicando todos los años no menos de un par de referencias en Bandcamp, es un notable ejemplo de lucha por la supervivencia artística: a los márgenes de la industria, lucha cada día para hacerse oír sin nunca permitirse hacer concesiones al tendido. Su melancólico estilo folk rock, incluyendo sus incursiones electrónicas más próximas al ambient y el drone, le colocan como un músico a seguir de cerca por su excepcional productividad, que nunca se encuentra reñida con la calidad final. Y ahora, ha sacado nuevo disco. Celebrando la ocasión hablamos de Farewell, Star, su último trabajo hasta el momento que se puede escuchar y comprar en
1. Aunque la mayoría preferirían poder olvidarlo por pura conveniencia, hubo un tiempo en que el cielo era rosa; no un tiempo pasado, un tiempo donde se podía respirar la noche durante el día. Aunque todos consigan olvidarlo, nosotros no olvidamos; la humanidad puede lanzarse al unísono a las vías del progreso, nosotros aún abrazamos los últimos estertores del día para imbuirnos en el congestionado rosa que aún titila en el mundo.
2. Amamos la violencia, la destrucción, el movimiento de obliteración. No tenemos cuitas, salvo los ríos de sangre y las vísceras recorriendo las calles; no tenemos órganos, sino cuerpos: no somos zombies, porque no encontramos alimento en la aniquilación ajena. En la autonegación del yo, de la vida, del mundo. Destruimos sólo para volver a crear, herimos sólo para sanar.