Categoría: Cómic

  • Guía de iniciación al manga (II) – Cómo la Shonen Jump y Dragon Ball definieron el manga para las masas

    Guía de iniciación al manga (II) – Cómo la Shonen Jump y Dragon Ball definieron el manga para las masas

    Este tex­to fue pu­bli­ca­do ori­gi­nal­men­te el 31 de agos­to de 2017 en la re­vis­ta cul­tu­ral Canino. Ha si­do re­edi­ta­do y re­ma­que­ta­do pa­ra la ocasión.

    Si pre­gun­tá­ra­mos al co­mún de los mor­ta­les qué de­fi­ne al man­ga la res­pues­ta no va­ria­ría de­ma­sia­do. Aventuras, hos­tias co­mo pa­nes, vio­len­cia des­me­di­da. Seguramente tam­bién di­rían que al­go de ero­tis­mo, pe­ro sin lle­gar a lo por­no­grá­fi­co. Algo muy ado­les­cen­te. Muy po­co se­rio. Y si bien esa ima­gen es­tá muy le­jos de ser ca­paz de re­tra­tar có­mo es la to­ta­li­dad del man­ga, no es me­nos cier­to que, en su ver­tien­te más po­pu­lar, hay bas­tan­te de eso. O de eso hay bas­tan­te en la Shōnen Jump.

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  • Guía de iniciación al manga (I) – Osamu Tezuka y la creación del manga moderno

    Guía de iniciación al manga (I) – Osamu Tezuka y la creación del manga moderno

    Este tex­to fue pu­bli­ca­do ori­gi­nal­men­te el 27 de ju­lio de 2017 en la re­vis­ta cul­tu­ral Canino. Ha si­do re­edi­ta­do y re­ma­que­ta­do pa­ra la ocasión.

    Todos te­ne­mos una idea bas­tan­te cla­ra de có­mo de­be ser un man­ga. Línea grue­sa, ojos gran­des, uso exa­ge­ra­do de tra­mas, di­bu­jos en blan­co y ne­gro, ten­den­cias de fo­lle­tín y el dra­ma siem­pre al on­ce. Nada de eso es fal­so, en tér­mi­nos ge­ne­ra­les, pe­ro es ab­sur­do pre­ten­der que con eso po­de­mos de­fi­nir to­dos los man­gas que exis­ten en el mundo.

    El man­ga es otra co­sa. El man­ga es mu­chas co­sas. Pero así y con to­do, no re­sul­ta di­fí­cil si­tuar un pun­to con­cre­to co­mo su ori­gen; el mo­men­to en que pa­só de ser un con­cep­to ne­bu­lo­so, no del to­do fi­jo, a te­ner los ras­gos que aca­ba­rían dan­do for­ma al me­dio tal y co­mo lo co­no­ce­mos. Porque aun­que es mu­cho más que eso, es to­do eso, y hay un nom­bre pro­pio a quien le de­be­mos una in­fluen­cia y una po­pu­la­ri­dad tal que es im­po­si­ble pen­sar el man­ga si no es a tra­vés de su fi­gu­ra. Ese nom­bre es el de Osamu Tezuka.

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  • Veinte años de «El club de la lucha». Mutaciones, ideas víricas y el autor como ficción

    Veinte años de «El club de la lucha». Mutaciones, ideas víricas y el autor como ficción

    Cocinando ideas

    «Siempre es me­jor acu­dir al ori­gi­nal». Todos he­mos di­cho eso al­gu­na vez por­que no de­ja de so­nar ló­gi­co: en­tre la co­pia y el ori­gi­nal siem­pre ha de ser me­jor el ori­gi­nal. Toda co­pia no de­ja de ser un de­gra­da­do, la for­ma ca­si idén­ti­ca, pe­ro di­fe­ren­te, de al­go que exis­te en pri­me­ra ins­tan­cia. Salvo por­que a ve­ces la co­pia apor­ta su pro­pia iden­ti­dad en el cambio.

    El Club de la Lucha es un li­bro más co­no­ci­do de oí­das que por ha­ber si­do leí­do. Oídas que nos re­mi­ten a la pe­lí­cu­la, a las re­fe­ren­cias, a los me­mes. Como cual­quier otro gran even­to cul­tu­ral su iden­ti­dad ha aca­ba­do de­for­mán­do­se pa­ra ser no aque­llo que es, sino la ima­gen que se ha trans­mi­ti­do de él. Veinte años des­pués de su pu­bli­ca­ción ya no pen­sa­mos en la no­ve­la de Chuck Palahniuk, sino en lo que han he­cho de la no­ve­la de Chuck Palahniuk. Y por des­gra­cia, la no­ve­la es in­fi­ni­ta­men­te más su­ges­ti­va que cual­quier otro acer­ca­mien­to «de oí­das» que po­da­mos ha­cer ella.

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  • No hay entendimiento sin comunicación. Pensando «Chiisakobee» de Minetarō Mochizuki

    No hay entendimiento sin comunicación. Pensando «Chiisakobee» de Minetarō Mochizuki

    De palabras e imágenes

    Adaptar una obra es di­fí­cil. Dado que to­da his­to­ria se na­rra siem­pre con las he­rra­mien­tas pro­pias de su me­dio, la tras­la­ción re­quie­re una tra­duc­ción no só­lo de los tér­mi­nos, sino tam­bién de las he­rra­mien­tas. Es ne­ce­sa­rio en­con­trar el mo­do con que, al pa­sar de pa­la­bras a imá­ge­nes o so­ni­dos o cual­quier otra for­ma abs­trac­ta del pen­sa­mien­to, se co­mu­ni­que la mis­ma idea sin per­ver­tir­se. Sin que que­pa el ma­len­ten­di­do de con­ver­tir­se en otra co­sa.

    No sin iro­nía, el lec­tor es­pa­ñol no pue­de juz­gar Chiisakobee co­mo adap­ta­ción. O no aquel que no se­pa ja­po­nés, ya que la no­ve­la ori­gi­nal de Shūgorō Yamamoto no ha si­do tra­du­ci­da. Y así y con to­do, es in­ne­ga­ble que es un man­ga de­li­ca­do y pro­di­gio­so. Un per­fec­to ejer­ci­cio de sutilezas.

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