Autor: Álvaro Arbonés

  • el humor como catalizador de la amistad

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    Imaginemos una pa­re­ja de ami­gos: uno un chi­co con so­bre­pe­so ob­se­sio­na­do con el se­xo con más bo­ca que mi­che­li­nes y el otro un chi­co tí­mi­do, tierno y con un gran sen­ti­do éti­co. Juntos, en su úl­ti­mo ve­rano an­tes de la uni­ver­si­dad, in­ten­ta­rán con­se­guir su ob­je­to de de­seo, fo­llar. Y es­ta es la pro­pues­ta de Superbad de Greg Mottola.

    El ins­ti­tu­to es­tá apun­to de aca­bar y los in­se­pa­ra­bles Seth (Jonah Hill) y Evan (Michael Cera) irán ca­da uno a una uni­ver­si­dad di­fe­ren­te. Así el pa­sar es­tos úl­ti­mos me­ses jun­tos y el in­ten­tar fo­llar an­tes de la uni­ver­si­dad les lle­va­rá a una odi­sea por lle­gar a la ca­sa don­de se ce­le­bra­rá la fies­ta don­de se­rán los hé­roes por lle­var el al­cohol y con­se­gui­rán su ob­je­to os­cu­ro de de­seo. Así se con­for­ma una ejem­plar co­me­dia ju­ve­nil de la fac­to­ría Apatow la cual nos da una con­ti­nua pa­ti­na de hu­mor des­ce­re­bra­do. Pero en­tre to­da la co­me­dia, al fi­nal, lo im­por­tan­te no es si con­si­guen no­via o no los pro­ta­go­nis­tas, sino co­mo su amis­tad ha so­por­ta­do (y so­por­ta­rá) la in­mi­nen­te se­pa­ra­ción. Aunque creían que pa­ra ellos lo más im­por­tan­te era fo­llar, en reali­dad, lo más im­por­tan­te eran el uno pa­ra el otro. Esta her­mo­sa re­fle­xión lle­ga mien­tras nos dan un ejem­plar ejer­ci­cio de hu­mor en el cual no fal­tan las con­ti­nuas re­fe­ren­cias a los cli­chés del ge­ne­ro, lle­va­dos has­ta el ex­tre­mo en mu­chos ca­sos, y la con­ti­nua ri­di­cu­li­ca­ción de sus per­so­na­jes. Personajes que, in­clu­so ri­di­cu­li­za­dos, nun­ca de­jan de ser entrañables.

    Incendios, dis­pa­ros, hos­tias, bo­rra­che­ras y mo­men­tos de se­xua­li­dad chus­ca son la car­ta de pre­sen­ta­ción de una co­me­dia que jue­ga con­ti­nua­men­te con sus re­fe­ren­tes in­me­dia­tos. Y al fi­nal, lo úni­co que que­da, es el amor: co­mo amis­tad, co­mo ro­man­ce o co­mo amor ha­cia la fies­ta des­ce­re­bra­da ado­les­cen­te que no se plan­tea las con­se­cuen­cias de los actos.

  • sobre el madurar pop

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    Mientras duer­mes en tus sue­ños apa­re­ce una chi­ca pre­cio­sa que pa­sa fu­gaz­men­te por ellos. Una y otra vez. Al fi­nal aca­bas en­con­trán­do­te con esa chi­ca en la reali­dad y con­si­gues ha­cer­la tu no­via. Lo más nor­mal es que ten­ga una li­ga de sie­te ex-novios mal­va­dos a los que ten­gas que de­rro­tar. Bienvenidos a Scott Pilgrim de Bryan Lee O’Malley.

    Ante to­do y so­bre­to­do no de­be­mos lle­var­nos a en­ga­ño, Scott Pilgrim es un sli­ce of li­fe y co­mo tal nos va na­rran­do la re­la­ción de Scott Pilgrim con Ramona Flowers des­de el mo­men­to que sue­ña con ella has­ta el fin úl­ti­mo del lí­der de la li­ga de los ex-novios mal­va­dos: Gideon. Entre me­dio nos en­con­tra­mos una fa­bu­lo­sa en­sa­la­da de hos­tias co­mo pa­nes ade­re­za­das con gui­ños cóm­pli­ces so­bre la cul­tu­ra pop de los 90’s. De es­te mo­do la mú­si­ca y los vi­deo­jue­gos son dos de los ejes coor­di­na­do­res de es­ta epo­pe­ya pos­mo­der­na. Así la pro­pia vi­da de los per­so­na­jes se tras­to­ca y re­for­mu­la en tér­mi­nos, li­te­ra­les y me­ta­fó­ri­cos, al­re­de­dor de la cul­tu­ra pop. Pero lo más im­por­tan­te de es­to es, pre­ci­sa­men­te, co­mo los per­so­na­jes in­ter­ac­tuan en­tre sí, co­mo van cam­bian­do sus per­so­na­li­da­des y sus vi­das se­gún va pa­san­do el tiem­po. Ningún per­so­na­je aca­ba igual que em­pie­za, in­clu­so el se­cun­da­rio más in­sig­ni­fi­can­te va evo­lu­cio­nan­do y con­for­mán­do­se en un nue­vo yo. Así no es di­fi­cil ver que esa go­lo­sa ca­pa de cul­tu­ra po­pu­lar que va en­gro­san­do esa es­truc­tu­ra de sli­ce of li­fe sir­ve pa­ra de­fi­nir a unos per­so­na­jes cu­yos pi­la­res exis­ten­cia­les son pre­ci­sa­men­te esa cul­tu­ra pro­pia; esa cul­tu­ra que sien­ten co­mo su­ya. Los per­so­na­jes no so­lo vi­ven su cul­tu­ra, sino que dan vi­da a esa mis­ma cul­tu­ra literalizándola.

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  • Tres pomo*

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    1.

    Receta pa­ra Hervir un Oso

    Ingredientes:

    - Un oso hi­jo de un ur­sus ar­ctos y de Jean Baudrillard
     — Una olla de 2.5mx2m de Belleza Infinita
     — Un co­la­dor cuántico
     — Una cu­cha­ra de ma­de­ra de bog virgen
     — Jonathan Millán y Miguel Noguera

    Como pre­pa­rar­lo:

    Ponemos agua a her­vir en la olla y, cuan­do és­ta rom­pa a her­vir, de­po­si­ta­mos cui­da­do­sa­men­te el oso den­tro de ella. Dejarlo co­ci­nan­do du­ran­te 20 mi­nu­tos, dán­do­le vuel­tas de vez en cuan­do, mien­tras el oso va ad­qui­rien­do for­ma y tex­tu­ra al de­cons­truir­se en el agua. Una vez ha­ya pa­sa­do el tiem­po es­ta­ble­ci­do, sé (in)escurre el agua en un co­la­dor cuán­ti­co y lo con­di­men­ta­mos con Jonathan Millán y Miguel Noguera al gus­to. Leer en un lu­gar tran­qui­lo y acom­pa­ñar con su be­bi­da predilecta.

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  • técnica bajo testosterona

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    Cuando se abor­da una ta­rea exis­ten una se­rie de ele­men­tos li­mi­ta­dos con los cua­les rea­li­zar­la. Si se da el ca­so de que pa­ra al­gu­na de las par­tes del mis­mo nos que­da­mos cor­to de ma­te­rial ten­dre­mos que aban­do­nar o re­for­mu­lar esa par­te. Aunque exis­te otra po­si­bi­li­dad, op­ti­mi­zar­la pa­ra ha­cer de nues­tros pun­tos fla­cos un pun­to fuer­te ines­pe­ra­do. De es­to nos pue­de dar mu­chas cla­ses Tomonobu Itagaki, pe­ro se ve muy cla­ra­men­te en Ninja Gaiden 2.

    Si de al­go ca­re­ce Ninja Gaiden 2 es de la ne­ce­si­dad de pre­sen­ta­ción. Su ar­gu­men­to, que es más una ex­cu­sa que un ar­gu­men­to, es la enési­ma lu­cha del nin­ja Ryu Hayabusa con­tra el clan de la ara­ña ne­gra que in­ten­ta des­per­tar un mal pri­mi­ge­nio. La tí­pi­ca ac­ción que co­rres­pon­de a los cá­no­nes de cual­quier co­mi­ti­va de nin­jas del mal®. Así nos su­mer­gi­mos en el mun­do su­per­la­ti­vo de Itagaki don­de, en lo ana­tó­mi­co, to­do tie­ne te­tas des­co­mu­na­les ade­más de que los cuer­pos hu­ma­nos tie­nen 30 li­tros de san­gre y miem­bros de man­te­qui­lla. En lo ju­ga­ble lle­ga has­ta el pa­ro­xis­mo más obs­ceno y bru­tal al lle­gar, in­clu­so en la di­fi­cul­tad más fá­cil, a ser un jue­go en­dia­bla­da­men­te di­fí­cil, en­tre otras co­sas, por­que nues­tros enemi­gos siem­pre tie­nen mu­chos más re­cur­sos que no­so­tros. Viendo se­me­jan­te fas­ci­na­ción por la épi­ca más hi­per­bo­li­za­da por ríos de tes­tos­te­ro­na uno se es­pe­ra in­fi­ni­tud de mo­men­tos pa­ra re­cor­dar. Pero el mo­men­to más pro­di­gio­so ocu­rre in­ten­tan­do su­bir unas escaleras.

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  • dios sí juega a los dados

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    Existir es to­mar elec­cio­nes vi­ta­les a cie­gas. Así, si el hom­bre eli­ge siem­pre an­te una de­ter­mi­na­ción im­po­si­ble, ¿por qué Dios, de exis­tir, es di­fe­ren­te si so­mos una fi­gu­ra a su ima­gen y se­me­jan­za? Esto se lo cues­tio­na muy acer­ta­da­men­te Hitoshi Matsumoto en su gran pe­lí­cu­la, Symbol.

    El en­mas­ca­ra­do de lu­cha li­bre Escargot Man se en­fren­ta a un du­ro com­ba­te den­tro de muy po­co en el cual se en­fren­ta­rá a una nue­va ge­ne­ra­ción de lu­cha­do­res, mu­cho más jó­ve­nes y vi­ta­les. A su vez, un hom­bre des­pier­ta en una ha­bi­ta­ción en blan­co, sin puer­tas ni ven­ta­nas, don­de es­tá el so­lo y, pa­ra aña­di­du­ra, un mon­tón de pe­nes de que­ru­bi­nes que al ser to­ca­dos arro­jan co­sas o cau­san even­tos en la ha­bi­ta­ción. El en­fren­tar­se a lo des­co­no­ci­do, lo que nun­ca sa­be­mos que nos de­pa­ra es lo que ocu­rre a am­bos per­so­na­jes. Uno te­me por si se­rá ca­paz de se­guir man­te­nien­do su ni­vel, si po­drá man­te­ner su iden­ti­dad. El otro te­me el co­mo sa­lir de allí, el co­mo so­bre­vi­vir el tiem­po su­fi­cien­te; el co­mo po­der ser al­go más allá de la prác­ti­ca pa­ra ser téc­ni­ca. El res­to, es slaps­tick y pedos.

    Y mien­tras uno es un hom­bre cu­yo des­tino se ve fi­nal­men­te eje­cu­ta­do de un mo­do ab­sur­do por un dios de­men­ta­do, el otro es el cau­san­te de los nue­vos efec­tos en el mun­do. Mientras uno es un hom­bre en prác­ti­cas, el otro es un dios en prác­ti­cas. El eterno pro­yec­to, la as­cen­sión, el lle­gar a ser a tra­vés del apren­der es la ba­se y fin de to­dos. Ya sean hom­bres, ya sean dioses.