Autor: Álvaro Arbonés

  • Discos de 2020. La liada

    Discos de 2020. La liada

    La in­dus­tria mu­si­cal nun­ca pa­ra. Incluso si fue un mal año pa­ra los mú­si­cos, ya que ape­nas pu­die­ron sa­lir de gi­ra, el 2020 fue un año ex­tre­ma­da­men­te pro­lí­fi­co e in­tere­san­te pa­ra la mú­si­ca. Más allá del pop, tam­bién con sus hi­tos, y las pro­ble­má­ti­cas aso­cia­das con sa­ber que se lle­ga­rá a me­nos gen­te, lo cual ha he­cho que mu­chos dis­cos se re­tra­sen o no ha­yan sa­li­do en ab­so­lu­to, es sor­pren­den­te có­mo, a pe­sar de to­do lo ocu­rri­do, la vi­da sigue.

    Por eso he de­ci­di­do ha­cer una lis­ta de los me­jo­res dis­cos de 2020 que yo ha­ya es­cu­cha­do. Hay mu­chos dis­cos que no he es­cu­cha­do. Algunos cu­ya mis­mas exis­ten­cia ni si­quie­ra co­noz­co. Ahora bien, en­tre los que sí co­noz­co y he es­cu­cha­do, es­tos son los mejores.

    Son nue­ve en­tra­das, pe­ro son bas­tan­tes más re­fe­ren­cias. Esto se de­be a que, siem­pre que un mis­mo gru­po o ar­tis­ta ha­ya sa­ca­do más de una re­fe­ren­cia des­ta­ca­ble es­te año, se agru­pan jun­tas. Me pa­re­ce más in­tere­san­te pen­sar sus tra­ba­jos co­mo una con­ti­nui­dad y no co­mo obras se­pa­ra­das, que no dia­lo­gan en­tre sí. A fin de cuen­tas, si es una lis­ta de lo me­jor del 2020, es ló­gi­co pen­sar que lo que ocu­rre du­ran­te el año tam­bién tie­ne al­gu­na suer­te de co­he­ren­cia in­ter­na, y no me­ra­men­te la acu­mu­la­ción de items pa­ra cum­plir una cuo­ta. De ahí que ha­ya nue­ve en­tra­das, pe­ro bas­tan­te más re­fe­ren­cias. También que ha­ya nue­ve en­tra­das y no cin­co, o diez, o do­ce, nú­me­ros, nor­mal­men­te, con­si­de­ra­dos más estéticos.

    Dicho eso, os de­jo con la lis­ta. Quien quie­ra es­cu­char cual­quie­ra de los dis­cos, hay links de Spotify en el tí­tu­lo de ca­da uno de ellos. Porque 2020 fue un año ra­ro y bas­tan­te feo, pe­ro la mú­si­ca siem­pre nos acompaña.

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  • Yadda Yadda. Lista (de listas) del 2020

    Yadda Yadda. Lista (de listas) del 2020

    Este año más que lis­tas he­mos te­ni­do ele­gías. Con cons­tan­tes re­fe­ren­cias a lo ocu­rri­do du­ran­te el año, cual­quie­ra que le­ye­ra lo es­cri­to en el úl­ti­mo mes, fue­ra de con­tex­to, po­dría creer que en 2020 so­lo ha ocu­rri­do una co­sa y que to­da la cul­tu­ra se ha pa­ra­li­za­do o su­bor­di­na­do a la mis­ma. Pero no­so­tros no cree­mos eso. Por eso, es­te año, co­mo to­dos los años, la lis­ta es di­ver­sa, caó­ti­ca y re­ple­ta de jo­yas co­no­ci­das y por descubrir. 

    Algunos nom­bres co­no­ci­dos vuel­ven, otros re­pi­ten co­mo to­dos los años, al­gu­nas au­sen­cias due­len y otros nue­vos nom­bres apor­tan vi­sio­nes di­fe­ren­tes al con­jun­to. Es el ci­clo na­tu­ral de la vi­da, pe­ro es­pe­cial­men­te de es­ta lis­ta: na­die es­tá obli­ga­do a par­ti­ci­par, pe­ro el ca­pri­cho, la ca­sua­li­dad y las se­cre­tas re­glas de se­lec­ción, ha­cen que cam­bie sus in­te­gran­tes ca­da año. Cada en­tre­ga. Cada oca­sión en la que vol­ve­mos pa­ra ha­cer un re­su­men de lo me­jor del año. 

    Por eso no va­mos a la­men­tar­nos. Vamos a ce­le­brar. Celebrar que en 2020 ha ha­bi­do mu­cha cul­tu­ra que ha me­re­ci­do la pe­na des­cu­brir, que el mun­do ha se­gui­do gi­ran­do y que nos ha ape­te­ci­do pen­sar, sen­tir y dis­fru­tar de cuan­to otros se­res hu­ma­nos han que­ri­do crear ex­tra­yen­do de den­tro de sí al­go ge­nuino, úni­co y per­so­nal. Porque ha­cer ele­gías es fá­cil. Pero ce­le­brar la vi­da es mu­cho más divertido. 

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  • Las conexiones existen en donde nos encontramos en los otros. Lista (de listas) del 2019

    Las conexiones existen en donde nos encontramos en los otros. Lista (de listas) del 2019

    Esta es la dé­ci­ma vez que nos reuni­mos. Desde aque­lla pri­me­ra lis­ta, en 2010, han cam­bia­do mu­chas co­sas. Nadie, sal­vo una per­so­na, ha re­pe­ti­do en to­das las oca­sio­nes. Muchos se mar­cha­ron, otros con­ti­nua­ron, otros se vol­vie­ron in­ter­mi­ten­tes y sor­pre­si­vos. Nunca se sa­be quién apa­re­ce­rá en la lis­ta de lis­tas. Ni cuán­tos quie­nes se­rán. En par­te, por­que cuan­do se co­men­zó es­te pro­yec­to, só­lo se pro­pu­sie­ron dos de­seos, más que dos ob­je­ti­vos: lle­gar a diez en­tre­gas y, pa­ra cuan­do se lle­ga­ra a diez en­tre­gas, que par­ti­ci­pa­ran cin­cuen­ta per­so­nas en ella.

    No so­mos cin­cuen­ta. Somos cin­cuen­ta y cin­co. Y son diez en­tre­gas. Eso no qui­ta pa­ra que, an­tes de ce­le­brar­lo, ten­ga­mos que de­rra­mar un par de lá­gri­mas. Fran Pinto, más co­no­ci­do co­mo Pinjed, mu­rió es­te año. Por su­pues­to, su in­vi­ta­ción se ha guar­da­do. Es, en es­pí­ri­tu, el miem­bro cin­cuen­ta y seis de es­ta lis­ta. No sa­be­mos qué hu­bie­ra es­cri­to, por­que se­gu­ra­men­te nos hu­bie­ra sor­pren­di­do. Se hu­bie­ra sa­li­do por la tan­gen­te, de­ján­do­nos a cua­dros, ha­cien­do que nos pre­gun­tá­ra­mos có­mo fun­cio­na el in­te­rior de su ca­be­za. Es lo que ha­cía siem­pre. Por eso só­lo te pi­do, lec­tor, que si le co­no­cis­te, te pa­res un mi­nu­to e ima­gi­nes eso. Imagines qué tres ar­te­fac­tos cul­tu­ra­les hu­bie­ra ele­gi­do es­te año Pinjed. No por la lis­ta, sino por él: pa­ra que no lo olvidemos.

    Ahora, sí, por fa­vor, vol­va­mos a la lis­ta. Ante ti tie­nes cin­cuen­ta y cin­co per­so­nas dan­do su opi­nión so­bre las tres co­sas más re­le­van­tes del 2019. No hay cohe­sión. No hay ho­mo­ge­nei­dad. No hay re­glas, al me­nos, en lo que a con­te­ni­do se re­fie­re. Cada uno eli­ge lo que quie­re. Eso lle­va diez años sien­do igual. Y es­pe­ro que si­ga sien­do igual, al me­nos, otros diez años más. Pero só­lo si nos se­guís acom­pa­ñan­do, vo­so­tros, que­ri­dos lec­to­res. Porque no hu­bié­ra­mos lle­ga­do a ser más de cin­cuen­ta si nos hu­bie­rais de­ja­do de leer mu­chos años atrás. Si no se hu­bie­ra con­ver­ti­do, en cier­to mo­do, en una tra­di­ción que acep­ta­mos con gusto.

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  • En el silencio encontramos las respuestas. Lista (de listas) del 2018

    En el silencio encontramos las respuestas. Lista (de listas) del 2018

    Todo es­tá bien. El in­cen­dió es­tá con­tro­la­do. El mun­do si­gue. No sa­be­mos du­ran­te cuán­to tiem­po ni en qué cir­cuns­tan­cias, pe­ro no pa­re­ce que to­do se va­ya a aca­bar ma­ña­na. En el ho­ri­zon­te hay co­sas por las que le­van­tar­se por las ma­ña­nas. Y si bien la ca­tás­tro­fe con­ti­núa, has­ta en tiem­pos de in­cen­dios hay si­tio pa­ra un buen ca­fé (si eres el di­bu­jo de un perro).

    2018 ha si­do un año fe­nó­me­nos cul­tu­ra­les dis­per­sos. No ha ha­bi­do nin­gún ele­men­to cla­ra­men­te do­mi­nan­te, mo­vién­do­se to­do en­tre ni­chos, don­de los ca­ta­clis­mos eran tre­men­dos, pe­ro li­mi­ta­dos a su en­torno. Cosa que se de­ja en­tre­ver en las po­cas re­pe­ti­cio­nes que po­de­mos en­con­trar en es­ta lis­ta. Algunos gui­ños, al­gu­na ten­den­cia que se re­pi­te de for­ma in­dis­cu­ti­ble, pe­ro el grue­so una di­ver­si­dad que ha­cía ya bas­tan­tes años que no veía­mos. Y eso siem­pre es mo­ti­vo de alegría.

    Por eso, mien­tras la ha­bi­ta­ción ar­de, to­do es­tá bien. Porque se­gui­mos reu­nién­do­nos, en­con­tran­do co­sas de las que ha­blar y nun­ca lle­gan­do a un con­sen­so cla­ro. Porque la ha­bi­ta­ción es­tá en lla­mas, pe­ro to­do es­tá bien.

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  • Who knows. Mis libros favoritos de 2017

    Who knows. Mis libros favoritos de 2017

    Intentar re­su­mir la pro­duc­ción li­te­ra­tu­ra de un año es ob­je­ti­vo pa­ra to­da una vi­da. Literalmente. Podríamos ele­gir un año alea­to­ria­men­te y leer úni­ca ex­clu­si­va­men­te aque­llos li­bros que se pu­bli­ca­ron por pri­me­ra vez en ese año y, an­tes de mo­rir­nos, no ha­bría­mos leí­do ni un 10% de lo que nos ha­bía­mos pro­pues­to. Si ade­más su­má­ra­mos re-ediciones, clá­si­cos y tra­duc­cio­nes, en­ton­ces la ci­fra se vol­ve­ría dra­má­ti­ca­men­te me­nor. Es de­cir, pa­ra cri­bar con ob­je­ti­vi­dad, es me­jor acu­dir a la es­ta­dís­ti­ca o a la historia.

    Aunque sue­ne ex­tra­ño, eso re­sul­ta re­con­for­tan­te. Nos qui­ta res­pon­sa­bi­li­da­des. De ahí que, en es­ta lis­ta, más que la lis­ta ob­je­ti­va de me­jo­res li­bros apa­re­ci­dos en 2017, hay un mon­tón de pe­que­ños tram­pas, ata­jos y una mi­ra­da al in­te­rior de mi ca­be­za ca­si más que ha­cia el es­ta­do de la ac­tual in­dus­tria edi­to­rial. O el pár­na­so literario.

    Pero es­tá bien que sea así. Para de­ci­dir lo de­más, qué es his­tó­ri­co o ab­so­lu­to o im­pres­cin­di­ble, ya te­ne­mos he­rra­mien­tas in­exac­tas y un juez se­ve­ro. A par­tir de ahí, ¿por qué no in­ten­tar dis­fru­tar del resto?

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